domingo, 12 de julio de 2009

DIEGO VALOR, ELPILOTO DEL ESPACIO.

La reposición de la serie

Diego Valor quizás haya sido el primer tebeo (no me gusta decir comic) de ciencia ficción español. Los editó Editorial Cid en el 1957, en ese año pusieron en circulación 44 ejemplares y estaban dibujados por Buylla-Bayo, siendo el guionista Enrique Jarnes “Jarber.

Adolfo Álvarez-Buylla Aguelo “Buylla”, era un maño, nacido en Zaragoza en 1927 vivió en Hispanoamérica, su padre fue un represaliado, y volvió a España en 1948. Fue publicista e historietista y su personaje más famoso fue Diego Valor. Durante los años 1954 a 1956, trabajó al limón con otro dibujante que se llamaba Bayo, y en los años 1957 y 1958 realizó la serie en solitario.

Se publicaron dos series de 124 y 44 cuadernos respectivamente, y ejemplares extras.

Fueron unos tebeos mal editados, con un formato para aprovechar la parte sobrante de la revista Chicos, defectuosamente guillotinados, con una pésima calidad del papel y unos dibujos esquemáticos, planos, sin fondos, con un exagerado abuso de primeros planos, sin profundidad de campo pero con unos guiones que llenaban el anhelo de aventuras de los chicos y jóvenes que vivimos en aquel periodo gris.

Diego Valor fue la versión española de Dan Dare, personaje inglés creado por Keith Watson, el argumento se utilizó para los primeros episodios, cambiando sólo algunas cosas, y se disparó en popularidad cuando Jarber se hizo cargo del guión.

Diego Valor era un español nacido en el año 2000, Madrid era la capital del mundo, y a treinta kilómetros estaba el cosmódromo de… Alcalá de Henares, la patria chica de Miguel de Cervantes, para dotarlo de más espíritu hispano.

Era un héroe admirado por toda la humanidad. Emprendió viaje a Venus para su liberación, como un Cid espacial. Su tripulación estaba formada por los capitanes Hanks Hogan, germano, Pierre Laffite, francés, cuyos acentos eran significativos, y Miguel Portolés, español, así como una científica que era Beatriz Fontana, mujer distinta de las de la época. No es la compañera pasiva, de siempre, sino un piloto espacial, interviene muy activamente en todos los capítulos de igual a igual con los personajes masculinos. Y sus conocimientos en materia científica superan los de los hombres. Es llamativo que en el año 1954 se le diera tanto protagonismo a esa mujer, ya que las normales estaban llamadas a la crianza de la prole y al cuidado del hogar como compañeras secundarias del hombre.

El episodio número dos

Lógicamente existía una casta relación amorosa, con el Comandante Valor. También el Capitán Portolés estaba enamorado de una princesa venusiana que se llamaba Kira, también de otra pasta.

La mayoría de los episodios se desarrollaban en el planeta Venus. Allí existían tres razas de habitantes distintas: los Wiganes de color verde, que lideraba el Gran Mekong, y eran los dominadores del planeta; los artiles, muy inteligentes pero poco dotados para la guerra; y los atlantes, de origen terrestre, que se habían salvado de la destrucción de la Atlántida, y en Venus son los esclavos de los wiganes. Diego Valor colabora con los artiles y logran derrotar a los wiganes en una espectacular batalla, que tuvo lugar en la Luna.

Luego extendería sus hazañas por todo el sistema solar. Tenía un himno pegadizo cuya letra era la que sigue:
HIMNO DE DIEGO VALOR

¡Adelante soldados de la tierra!
¡Volad hacia el espacio misterioso!
No temáis los azares de la guerra.
Mostrad en otros mundos vuestro ardor,
que os guía, valiente y victorioso,
el gran Diego Valor.
¡Diego Valor!
¡El piloto del espacio!
¡El guerrero sin temor!
¡Diego Valor!
¡De los cielos caballero,
de malvados el terror!
Marte y Venus conocen nuestra gloria,
que vibra en el vacío sin fronteras.
Viviréis en el libro de la historia,
escritos vuestros nombres con fulgor
defendiendo con bravura las banderas
del gran Diego Valor.
¡Diego Valor!
¡El piloto del espacio!
¡El guerrero sin temor!
¡DIEGO VALOR!
De los cielos caballero,
de malvados el terror.


Los cohetes espaciales los llamaban bólidos, y los wiganes tenían unas sillas volantes, controladas con la mente, que parecían, por lo menos a mí, las sillas con barra protectora que había en la atracción “El Látigo” de la feria. Ese parecido nos hacía emular esas aventuras cuando nos llevaban a la feria y permitían subirnos en la atracción.

Unos de los tebeos

Beatriz Fontana, bellísima, era el vivo retrato de una niña que vivía en Madrid, y todos los veranos visitaba a su familia, que tenían una casa que formaba parte del cine de verano Goya, por la calle Caño Quebrado. Todos estábamos enamorados de Beatriz, era lo lógico, por lo linda que era y por el parecido tan asombroso que tenía con la científica de la serie. Las verdad es que los nenes teníamos una “promiscuidad” virtual, con todas las niñas-actrices españolas que iban saliendo. En esa época ya había pasado la Loli de “Novio a la Vista”, la citada Beatriz y, posteriormente, años más tarde vendrían las “Rocío Dúrcal”, y “Marisol”.

La serie de la Cadena SER estuvo mucho tiempo en la radio, cuatro temporadas, desde finales de 1953 hasta junio de 1958, primero en la novela de las doce del mediodía, y después en la de la tarde, a las siete y cuarto, después de la de Dos hombres Buenos, con la sintonía del negrito del África tropical que alegremente cantaba la canción del Cola-Cao, es el Cola Cao desayunos y meriendas…

Fueron cinco títulos principales: Diego Valor, Diego Valor y el Príncipe Diabólico, Diego Valor y el Misterio de Júpiter y Diego Valor y el Planeta Errante, y en total unos 1200 episodios, Joaquín Peláez, un joven locutor de la cadena, se consagro con el papel principal. Y su voz, se convirtió en la definitiva voz de Diego Valor. Del mismo modo Beatriz Fontana se acopló en la voz de María Romero, otra joven y extraordinaria actriz. Como es natural nos quedábamos embelesados algunos con la voz de Beatriz.

Un aparato de radio de entonces

La serie radiofónica dio lugar a toda una industria alrededor de los héroes. Los chocolates Matías López decían que el alimento de Diego Valor eran las tabletas Svylca, y Geyper hizo una Perforadora del Espacio, hay que añadir que el planeta Venus estaba horadado de parte a parte por un túnel que es por donde acortaban los usuarios en el plantea para viajar de un lado a otro del mismo. Álbumes de cromos y hasta dos discos de 45 rpm.

Se habló de hacer una película pero no sabemos en que quedó el proyecto. Lo que sí es cierto es que los episodios tenían un nivel elevado y un componente musical de categoría. Rafael Trabuchelli era el director musical. La suite de los Planetas de Holst amenizaba los importantes momentos de la acción, y la música de Prokofiev era que sonaba como sintonía, así como el himno, del citado Trabuchelli. Y no se puede olvidar, de ninguna manera al elenco de actores de Radio Madrid que eran el alma mater del serial. El tenebroso castellano del Príncipe Diabólico, su madre Frieya, y como no el Gran Mekong. Con un gran guión, meticuloso y perfecto, dotado de unos efectos especiales que si tenias que salir a la calle te hacían mirar muchas veces para atrás.

La duración era de apenas veinte minutos, con una presentación, el reparto (ahora se llaman créditos), despedida y publicidad. Ese era más o menos el esquema. Hacían también una pequeña introducción recordatoria de episodios anteriores.

Este ha sido un recorrido breve, nostálgico, por una serie que tuvo un notable éxito en segunda mitad de los años cincuenta, y cuyos personajes fueron imitados por los chavales de la época, tratando de ayudar al universo a librase de tiranos espaciales, olvidándose de los cercanos.

Un anuncio de la época

De Fonotecaderadio.com. Sonido de un episodio.

Fotografías del autor
Bibliografía de la memoria y Red