lunes, 13 de julio de 2009

Cambiar la vida por los libros



Es verdaderamente curioso como un libro puede cambiar tu vida, y darle a ésta un giro distinto. Algunos libros nos enseñan cómo conseguir las cosas deseadas y como representarlas en tu mente con una carácter positivo. Nunca había tenido en mi vida, la posibilidad de comprobar lo positivo de estas enseñanzas, desde luego nunca había utilizado los libros.

Cierto día, mi afición al alcohol y a conducir, me llevó a tener un aparatoso accidente que no pasó, afortunadamente de unos elevados daños materiales, en un escaparate, pero a una sentencia por conducción temeraria bajo los efectos del alcohol, y no era la primera vez. El juez ante la reincidencia decreto prisión de seis meses.

EL problema del alcohol me iba a llevar a la ruina, de momento ya estaba en la cárcel. Los dos primeros días de acomodo en la prisión pasaron entre trámites. Al tercer día cuando me permitieron mezclarme con otros internos, en el patio de la prisión, aquello me pareció otro mundo. Grupos diversos de internos, con un aspecto pésimo, otros solos sentados en el suelo, muchos andando a un paso ligero, de un lugar a otro del patio hablando entre ellos. Con el natural despiste y porque no miedo, me quedé sin saber qué hacer, quieto en una esquina del patio, cercana a la puerta.

En aquel entonces se me acercó el “Mohoso” –supe después el apodo-. Este preso era un personaje en la prisión, una especie de jefecillo, por el respeto que le parecía tener los demás. Su aspecto –de ahí le venía el apodo- era pelirrojo, lleno de pecas y con un tatuaje en un brazo, tenía un defecto al andar que le hacía arrastrar un pie. Con toda la tranquilidad del mundo se me acerco y dijo:

-Sabes que me has correspondido, por nuevo, y que en la ley de los internos eso significa que tengo unos derechos sobre ti. Puedo violarte cuando quiera, y mejor que no te resistas.

No sabía que decir. Era lo que me faltaba, sólo acerté a balbucear algo que supongo resultó ininteligible:

–Pero…

-Pero nada. –replicó inmediatamente cogiéndome del brazo.

Y además –continuó- ahora de cerca veo que tienes unos ojos muy hermosos.

Conseguí separarme de él y di unos pasos en dirección a la puerta. De lejos me hizo una señal, subió las cejas, como recalcando lo que me había dicho, que yo interpreté como ya sabes.

Aquella simple conversación nada más llegar, me hundió materialmente. Todas las historias de violaciones, enfermedades asociadas y violencia, se me agolparon en la mente. Pensé, esto no puede estar pasándome a mí. Debe ser una broma. Pero no lo era. Esa noche no pude probar bocado en la cena, y a la hora de dormir no podía conciliar el sueño. La sensación de indefensión era mayúscula.

Mi compañero de celda, un interno mayor de sesenta y pocos años, comparados con mis treinta y pocos, que podría ser mi padre, sabía de mi preocupación y me dijo:

-Te voy a dejar un libro que seguro te aclara como salir de esta situación, a mi me sirvió. Desde que utilice su método, no he tenido molestia alguna de nadie, bien es verdad que mi edad no es la tuya y la juventud es la juventud. -sin dejar de hablar, sacó un libro de una caja y me lo dio. Se llamaba “El Éxito ante las dificultades”.

-Léelo tranquilamente y verás si sabes utilizar su enseñanza adecuadamente te verás libre de muchas cosas. Importante que lo lleves contigo. –concluyó y se acostó.

-Gracias. –le dije, y me puse a devorar los primeros capítulos aprovechando que aún no se había apagado la luz.

Los primeros capítulos eran muy científicos, hablaban sobre las fuerzas primarias del universo, y su posible utilización por el ser humano. Marcaban unas sencillas leyes de mentalización, que bien utilizadas podían dar un cambio a nuestra vida. Decía que utilizando esa fuerza el éxito era seguro. La positividad y su búsqueda en la oscuridad de lo recóndito de la mente humana eran importantes. Pasados unos capítulos, abrumado por lo complejo de lo escrito, y al miedo que tenía, descubrí que había un hueco entre los últimos capítulos donde se alojaba un cuchillo, construido con un mango de cepillo de dientes, calentado y aplastado, con un filo peligroso.

El capítulo especificaba claramente como llevara a efecto lo explicado en los anteriores. La positividad consistía en usar lo que el libro te ponía en tu mano, y sobre todo ver en la oscuridad.

Me quedé dormido con el libro encima. Por la mañana después del desayuno, había paseo en el patio, y llevé el libro conmigo. Se me acercó el “Mohoso” sonriente, me cogió del brazo y volvió a requerir su derecho sobre mí, tranquilamente abrí el libro saqué el punzón y le asesté una puñalada en el cuello que lo hizo caer al suelo, sangrando abundantemente. Mi ingreso en la celda de aislamiento, su oscuridad y la soledad de esos días, me hicieron completar la visión interior que el libro preconizaba. La enseñanza fue positiva. La fuerza interior y la visión positiva de las cosas, generada gracias al libro, me había permitido conservar mi "virginidad", y conseguir un cierto respeto en la prisión. Nunca había valorado lo suficiente, las enseñanzas que nos pueden reportar los libros, y sobre todo como nos pueden cambiar la vida. Por todo ello, leer es necesario.

Paco Muñoz-Julio 2009

(De una idea de amazon.com)

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