domingo, 19 de julio de 2009

UN ANÓNIMO DEFENSOR DE LOS DERECHOS HUMANOS



Exactamente enfrente estaba la puerta de bajada a los huertos


La noche Blanca del Flamenco 2009, paseaba con Conchi y Emilio por la Ribera, a la altura del Molino de Martos. Comentamos lo que habían sido los Peñones de San Julián. El azud cruzaba a modo de presa todo el río yendo a acabar en el Molino. Era el que redirigía el agua hacia sus entradas, lo que hoy está convertido en una balsa inmunda. La gente llamaba al azud, la "azua". Ese agua después de utilizar su fuerza, salía pegada al murallón, a río abierto, y su corriente era la causante de que en la parte oeste del Molino hubiese una profundidad -decían los expertos, de siete metros- que, permitía tirarse al río desde lo alto del trampolín, que había en la azotea del Molino.

Canal de entrada al molino.Ahora no corre.

Con el tiempo decidieron volar con dinamita los peñones, eso cambió el curso del río, hizo que al no existir fuerza por los canales del Molino los sedimentos se posaran en ese lugar y los menos siete metros de profundidad, se quedaron como en la actualidad en más uno. Cierto que también hubo una enorme riada, que rellenó la orilla derecha generando lo que se vino a llamar la Playa del Guadalquivir, que tuvo sus casetas y hasta vigilancia de la Guardia Municipal. Playa en la que aterrizo cierto día, un helicóptero Sikorsky del ejército USA. Circularon todas las leyendas posibles a costa de la presencia del artefacto: que si había venido a llevarse a unos súbditos del Tío Sam, que habían sufrido un accidente; que si había tenido que hacer un aterrizaje de emergencia; que si... Multitud de comentarios, lo normal de este pueblo o pequeña ciudad provinciana. Nos paramos pasada la puerta del Molino, y continuamos Conchi y yo explicándole a nuestro amigo Emilio -que a pesar de llevar viviendo muchos años en Córdoba, en esa fecha aún no estaba en ella-, todo lo que nosotros recordábamos del lugar: -Aquí estaba la pequeña puertecilla, creo recordar un arquito, que era la entrada a un pilón y a unas huertas que había en esta orilla del río, la parilla llegaba a la Ermita de los Mártires, desde el Molino. -señalando al jardín existente ahora.  -Aquí estaría situada la Puerta del Sol. -añadí yo, señalando en el suelo, y allí el antiguo Convento de los Mártires (eso no lo podíamos recordar porque sería imposible, pero formaba parte de los debates con los expertos de la Calleja y a uno se le pegan las cosas). -Esto era un acerado terrizo, pues la carretera, que más o menos era igual de estrecha que ahora, sigue en el mismo sitio, salvo los casi centenarios árboles, que ahora no están.

Pues en esa ubicación, metro arriba metro abajo, de la puerta de acceso a las huertas de la orilla del río, junto al Molino de Martos, una tarde de los años cincuenta (¿?) paseaba una pareja de novios, y un poco más allá, había un hombre y una mujer de etnia gitana vociferando y gesticulando, el hombre estaba golpeando a la mujer y ella se cubría con las manos y chillaba, insultando al compañero. El joven que iba con su novia, se separó de ella, haciendo caso omiso a las recomendaciones de ésta, de que los dejara hacer y no se metiera en los líos de ellos. -Oiga deje de pegarle a su mujer, no le da a usted nada. -le recriminó el joven. -A ti que te importa. -le contestó el individuo. La novia del joven intentaba retenerlo pues iban a llegar a las manos, ya existía acercamiento y forcejeo previo. La señora gitana también le dijo al joven que se metiera en sus asuntos que eso era entre su hombre y ella. El joven confuso dijo: -Pues apáñense ustedes. -dijo, volviéndose hacia su novia que respiraba satisfecha de que se había acabado la incipiente complicación. En ese momento el gitano, sacando una navaja, le asestó una puñalada, con tan mala suerte para el joven, que le mató en el acto. La pareja gitana huyo del escenario de los hechos, dejando el joven en el suelo desangrándose y la desesperada novia chillando pidiendo ayuda.

Lugar del crimen desde otra perspectiva.
A la derecha estaba la parilla que tenía una puertecilla para bajar a los huertos

Lugar del crimen desde otra perspectiva La muerte de aquel joven fue un acontecimiento que consternó a los cordobeses -y cordobesas, sí-, del momento. Ese joven fue un mártir anónimo de la defensa de los derechos de la mujer y, claro eran otros tiempos, se quedó en anónimo. Hoy, si hubiera quedado vivo, hubiera tenido cuando menos una calle con su nombre, o le hubieran dado un cargo político, como al Sr. de Madrid. Lo cierto es que le costó la vida el tratar de hacer valer los derechos humanos, cuya declaración universal a lo mejor no sabía ni que existían. Luego supimos que el gitano fue detenido y juzgado. Hoy conocemos otros casos más recientes de malos tratos y, de personas que, a riesgo de su vida -siempre está ese riesgo ahí-, tratan de ayudar al o la que lo necesita. Hubo como siempre muchos más testigos de los que de verdad habían estado allí.

  Fachada donde estaba el anuncio de Anís la Cordobesa
Fachada donde estaba el anuncio de Anís La Cordobesa  

Los únicos testigos, ciertos, el valiente joven, su novia y la pareja, y en la lejanía el anuncio de Anís la Cordobesa de Cruz Conde, pintado por Julio Romero de Torres, en el tacón de entrada a Mucho Trigo, y algo más cerca el negocio de reparación de neumáticos de Benito Cuevas, delante de la Ermita. Muy grande el rosario de personas que visitaban el lugar, observaban morbosamente la sangre del joven que estaba en el suelo, o simplemente comentaban con otros la película de lo acaecido Es posible que los hechos narrados no concuerden fielmente con una realidad absoluta, corresponden a lo ocurrido, pero en mis recuerdos. Valle Inclán le dijo en cierta ocasión a Julio Romero de Torres: "-Las cosas acaso no son como fueron, sino como se recuerdan".

Fotografías del autor
Bibliografía del recuerdo