martes, 8 de septiembre de 2009

Inocentes criaturas de niños, crueles asesinos de adultos.



Desde hace años, sigo un blog de cuando en cuando -ahora desde que tengo el empleo eventual en la Calleja menos, ya que tienes una obligación por la cual te "pagan"-, que con un tinte erótico festivo, publica variados y curiosos reportajes o entradas. Uno de los últimos está referido a unos tiernos infantes, tan tiernos como los Kañero y Kairo de nuestro admirado Manuel Harazen -admirado porque he estado leyendo en Supersticiones, entradas antiguas y me he quedado asombrado de muchas de ellas sobre todo las referidas al norte de áfrica en la zona cartaginense-, digo como esos tiernos y juguetones felinos porque ellos -los conozco bien porque mi madre era una aficionada a los gatos-, tienen en cada pata y manos, con carácter retráctil unos garfios que, a voluntad, pueden sacar y hacerte bastante daño. Por lo pronto siempre sus arañazos se te infestan. Las bolsas donde guardan esas armas son un nido útil para estudiar microbiología. A pesar de su exagerada limpieza habitual y diaria, nunca se llegan al interior de las fundas.

Pues bien una vez expuesta la comparativa de lo juguetones, candorosos, y bonitos que son los felinos, contrastada con su capacidad de matar a todo bicho que se les ponga delante, y al dueño incluso -no matarlo desde luego- pero si darle un susto, por su independencia y defensa de lo que consideran su territorio, vamos a ver que en esas fotografías de hermosos infantes se esconden también asesinos. Asesinos de adultos y de otros niños, con armas que le han causado a la humanidad más daño que los cuatro jinetes del apocalipsis.

Surgió el debate ¿si hubieses podido quitar de la circulación a esos tiernos infantes, en su no menos tierna infancia, lo hubieras hecho? Las contestaciones fueron de lo más variado. Desde la tesis de la problemática de la modificación del futuro, a que podía llevarte al matar al susodicho niño, y que te estuvieras matando tú también porque no nacerías, aunque por el contrario hubieras salvado a mucho millones de personas. Hasta otras basadas en la moral y buenas costumbres.

Lo cierto es que en el fondo, en la infancia, paralela a la indefensión que tienen todos los humanos cuando son niños, hasta que crecen y se hacen políticos, algunos, políticos hijos de puta, en ese momento homicida que planteamos, son verdaderamente niños indefensos. Resulta increíble desde luego que después se conviertan en lo que fueron, y más increíble es que no sintieran ni frio ni calor al apretar el "botón" unos, otros utilizar la pluma, que significaba dejar sin padres a otros niños como habían sido ellos.

Es posible que en sus infancias, su entorno, su familia, e inclusive su adolescencia, forjara en ellos su madurez criminal, por esa suerte de factores que si se conocieran podría utilizarse para poner a elementos de esta especie a buen recaudo. Hubo una novela que se llama "Los niños de Brasil" en la que falló el experimento de clonación por esos factores "ambientales".

De todas formas aquí están estas criaturas para que en la prolongación de este verano que va a empalmar con el del membrillo -que alegría lo del verano- para que juguéis al acertijo de saber quienes son.



(Publicada también en www.callejadelasflores.org)