miércoles, 9 de septiembre de 2009

Pediatría y puericultura cordobesa, en el siglo X (y II), Hasta la pubertad.


Segundo periodo de la vida del niño

Desde la cuarentena hasta la dentición sexto u octavo mes, las enfermedades eran asignadas a la salida de los dientes. Desde Hipócrates hasta casi ciento cincuenta años, se ha mantenido como tradición popular, con muy poca base científica. Las más frecuentes eran la diarrea, encías hinchadas, fiebres, convulsiones o espasmos.

Según la teoría galénica de la medicina, las fiebres eran causadas por trastornos de la digestión causados por la dentición primera. Dentro del capítulo de las convulsiones colocaban enfermedades conocidas hoy día como convulsiones por la fiebre, meningitis, tétanos y epilepsia. Para la epilepsia según 'Arib ibn Sa'id, seguidor de Galeno, se colgaba del cuello del niño un palo de madera llamado fawlaniya, y a la vez darle un jarabe de cebolla albarrana cocida en un recipiente puesto al sol. Para la diarrea había numerosos polvos, píldoras y emplastos. Para el niño estreñido hacían unos supositorios hechos con miel cocida, bórax y un poco de estiércol (¿?)

Para el tratamiento del estrabismo se le dejaba un luz encendida al lado contrario de la desviación para forzar la mirada al otro lado.

Tercer periodo de la vida del niño

Desde el sexto u octavo mes hasta los 6 o 7 años, primera dentición hasta caída de los dientes de leche. En esta etapa se empieza con el lenguaje, a andar y se realiza el destete. Para que comience hablar se le frotará la lengua con miel y sal gema, en el ánimo de fortalecérsela. Se le hablará con palabras fáciles para que vaya aprendiendo y para andar se le fabricará un andador de madera provisto de unas ruedas llamado por las árabes al-hál.

Afecciones de garganta

En esa época no había diferencia en las afecciones de faringe o de laringe. Pensaban que las inflamaciones venían de la supuración de humores que, del cerebro pasaban a través de las vértebras a la garganta. El motivo pudo ser al observar algunos abscesos retrofaríngeos que daban la impresión de que el pus venía de detrás, de las cervicales. El síntoma más significativo de las afecciones era el dolor al tragar e incluso la dificultad en respirar, ahogo y opresión. Los árabes llaman a la angina dubha, que parece significa degollar o ahogar. Con esa palabra se designaba a as anginas o a la difteria. Luego en el siglo XVII será descrita la difteria como el "garrotillo", por un médico español.

El tratamiento de la afecciones de garganta, con gargarismos de arrope de uva o de membrillo, y emplastos calientes con cocimientos de plantas. No hablar ni gritar. Aspirar el perfume de los arrayanes, humedecidos con agua. Para el asma, enfermedad conocida como una grave dificultad al respirar, se trataba con baños de agua caliente y luego después un preparado de granos de algodón machacados, pasta de cebada y todo cocido con leche de mujer.

Cálculos renales

En aquella época se daba con notable frecuencia la litiasis renal en los niños, Es posible que estuvieran enmascaradas otras enfermedades renales. Debemos considerar que la alimentación tuviera un papel especial en el aumento de la litiasis en ese tiempo. El tratamiento era base de baños de agua caliente, infusiones a base de achicoria y anís, y tenía una cierta fama el agua de una fuente en Priego, que según al-'Udri tenía la virtud de disolver los cálculos.

Lombrices

Se distinguían entre largas y pequeñas. Las pequeñas son los oxiuros -el que da brincos- de Galeno, Hipócrates y Aristóteles. Las largas son las áscaris lumbricoides muy frecuentes. Se trataban con medicamentos amargos y emplastos en el vientre. Por otra parte echo de menos un método para acabar con ellas que consistía en una ayuda de agua templada con ajo de notables resultados. En cierta ocasión cuando uno de nuestros hijos tuvo lombrices empleamos el método del ajo, pero el niño después de haberle introducido casi un litro de agua de ajo en el intestino, cerró el esfínter y estuvo casi todo el día que no había quien se acercara a él, evidentemente estuvimos a salvo de los vampiros también.

Enfermedades cutáneas

Además de las descritas pupas e impétigos, en casi todos los tratados de medicina figuraban los forúnculos, abscesos y escoceduras de las nalgas y muslos, cuestión que se atribuía a la corrupción de la leche en el intestino del niño. Hoy en día se piensa que es fruto de una mala digestión. Se bañaban en agua de rosas y untaban las ulceras de aceite de rosas o emplasto de cera o albayalde. En un tratado de pediatría del XVII se utilizaba también el albayalde para el escoriado.

Periodo prepuberal

Entre la muda de la dentición de leche y la definitiva es un periodo en el que 'Arib ibn Sa'iddescribe la viruela y el sarampión, que podían darse desde luego en otros periodos de la vida. Otro famoso médico árabe Abu Bakr al-RAzi, en su obre sobre la viruela y el sarampión ya describe estas enfermedades, señalándolas como infecciosas. 'Arib las describe meticulosamente desde su inicio hasta el final. Las divide en cuatro tipos, según las pústulas (su color y su forma) y su maduración, las fases de pápula, vesícula y pústula. Diferencia una viruela grave y otra benigna, sospechando que se trataría de la varicela, generada por un virus distinto. Otras clases de viruela eran graves, las de vesículas de grasientas de color verde o violetas, duras y de forma verrugosa. El príncipe Hishan, hijo de Alhaken II, posiblemente tuviera unas viruelas de las que curó. Estuvo aislado 43 días en el Alcázar. El tratamiento de la viruela como el del sarampión, se efectuaba a base de escarificaciones en las venas del cuello, jarabes de frutas; manzanas, membrillos, peras y granadas. Se encendía fuego con madera de lentisco o tamarisco cerca del niño para estimular la aparición del exantema o las vesículas. Nuestros contemporáneos creían que si al niño se le abrigaba con ropas rojas "fogaba" la enfermedad.

Circuncisión

Era una práctica corriente hacerla en el periodo entre los ocho o diez años, que era cuando se pensaba que el niño podía soportar mejor el dolor y estar mejor preparado para superar el riesgo de la operación. Para hacerla circuncisión primero se bañaba al niño y en el baño, con delicadeza se comprobaba si tenía adherencia entre prepucio y glande, pues convenía quitarlas antes de la circuncisión, despegándolas con aceite. Se distraía al niño. El cirujano experto y con experiencia, realizaba una ligadura con un cordón por donde iba a cortar. No se debía cortar con tijeras por el temor de hacer un corte curvo. La hemorragia se sostenía espolvoreando la herida con unos polvos compuestos de pétalos de rosas, flores de granado, sangre de drago, incienso negro, toronjas, hojas de arrayan secas y acíbar, A partes iguales. Luego se añadía cenizas de madera de tamarisco y lentisco. Majado y cernido y listo para usar. A los tres días se le quitaba la sangre coagulada con el polvo y se untaba una pomada cicatrizante a base de almártaga y albayalde, con cera blanca y aceite de rosas, mezclado con clara de huevo hasta hacerse pomada. Esta práctica no estaba prescrita por el Corán pero era una tradición.

Última etapa, la pubertad

En este periodo se pueden dar muchas de la afecciones de la infancia y, otras, se quedan para siempre, como dice puede ocurrir con la epilepsia. Pero si la epilepsia sobrepasa el umbral de la pubertad acompañará al ser humano hasta su muerte. Era frecuente observar niños que habían tenido convulsiones no volver a tenerla de mayor. Pero la epilepsia con una base orgánica no tiene porque curarse con la pubertad.

'Arib describe también la histeria en las jóvenes perfectamente, achacando su cuadro clínico a una retención de la menstruación en la matriz. Histeria viene del griego y significa útero o matriz.

El acné o barrillos, la obesidad, el excesivo crecimiento de las mamas en las muchachas y el poblamiento excesivo del pubis y axilas, determinaban que en el siglo X la juventud era explosiva o que a los jóvenes de aquel tiempo gustaban de mujeres de exuberantes curvas y pequeños senos. Los poetas describían los gustos de la época. Ibn Hazm en el Collar de la Paloma dice que lo más importante era la hermosura física, por eso eran muchos los tratamientos para los barrillos, vello excesivo o senos gruesos. Para esto último propone un tratamiento a base de comino amasado con agua o tiras de lino sumergido en vinagre, que se untarían en los pechos, luego se los vendarían durante tres días. Repitiendo el procedimiento varias veces al mes. Para el exceso de vello pubiano o axilar, untaba esas zonas con un ungüento a base de raíz de pimienta, albayalde, alumbre y agua de beleño con vinagre. De esa forma tratarían de competir con la rubias del norte.

Debemos considerar que la Pediatría y Obstreticia árabe del siglo X, había alcanzado un nivel que superaba el del mundo antiguo conocido. Es de hacer notar ausencia de sangrías y purgantes y el intensivo uso del baño caliente, factor de higiene que en los reinos cristianos brillaba por su ausencia.


(Publicada en www.calledelasflores.org)