sábado, 17 de octubre de 2009

Hoy bautizan a Alejandro.



Hoy bautizan a Alejandro, mi nieto. En los Padres de Gracia. La hora es muy taurina e inglesa, las cinco de la tarde y, no sé si por culpa del cambio climático, será calurosa. Nadie le ha preguntado si quiere ser cristiano o no. Es lo habitual, la iglesia tiene otras salidas para justificar a posteriori la antidemocrática decisión de los padres, comunión, confirmación, etc. Pero lo cierto es que al interesado nunca le pregunta nadie su opinión, efectivamente porque no la daría, pero ¿por qué no esperar a cuando tenga uso de razón? aunque en el fondo sería lo mismo, si se cría en una familia cristiana, su propio entorno se encargara de presionarlo sutilmente para que lo sea. Mis hijos están bautizados sí, aunque eran otros tiempos, ya desde luego más suavizados, pero lo eran. En su momento pensé que lo mismo que podría haber sido no, podría ser sí.

Aquí en esta decisión existe una pega, nunca lo borrarán de las listas si de mayor tiene deseo de dejar esa religión. Dicen que las listas son cuestiones históricas. Yo creo que no, la única cuestión histórica que tenemos los ciudadanos son los registros oficiales del estado; nacimiento al principio, otros estados, y defunción al final. Pero aquí no, ni la Ley de Protección de Datos, ni nada, ahí topamos con otra ley más “sui generis”. Para hacerte apóstata sigues un proceso de ciertas garantías para que sólo te pongan una nota al margen. Hasta los antecedentes penales, que atentan contra las leyes de los hombres y las de algunas religiones, pueden hacerse desaparecer, estos no. Es cierto que es una fuente extraordinaria de datos de muchos años, pero no se adapta el método a las leyes del Estado. No te borran y se pasan la Ley de Protección de Datos por el arco del triunfo.

Lo único cierto es que hoy, mi nieto Alejandro a juicio de sus padres, será bautizado en la religión católica. ¿Qué eso sea malo? ¡No! ¿Qué sea bueno? ¡Tampoco! Es un protocolo costumbrista que poco a poco la sociedad de consumo se ha encargado de incluirlo en el circuito del gasto habitual de las familias. Ropas de cristianar, rito religioso, regalos, convite, etc. que, junto con las comuniones que están tomando categoría de boda, esta celebración inicia también su despegue. Antes la chiquillería aprovechaba los bautizos para después pedir al padrino con las frases de: ¡Áqui! ¡Áqui! ¡Áqui¡ -el acento está bien puesto decían áqui no aquí- para que les echara unas perras gordas al aire, que en barullo trataban cada uno de coger. Luego un refrigerio corto y cada mochuelo a su olivo. En función del padrino había más o menos perras, por eso aquello “el que tiene buen padrino se bautiza”. El bautizo era la celebración de la alegría de la venida de un nuevo ciudadano al mundo, ¿pero tal y como están las cosas es una alegría venir a este mundo?

La iglesia establece también la figura del padrino como una salvaguarda de la continuidad, en este caso cristiana, de la afiliación religiosa del bautizado. Es el responsable si faltan los padres de seguir con la custodia religiosa del ahijado. A mí me bautizaron sin preguntarme también, y nosotros a mis dos hijos, yo achaco que eran otros tiempos, pero podría haberme plantado y no hacerlo y sin embargo no me destaqué, a pesar de que pensaba igual que ahora. Luego mis hijos voluntariamente fueron a las clases de religión sin ninguna presión en contra por nuestra parte. Hicieron su comunión aunque sigo considerando se ejerce una presión discriminatoria con los niños en esos actos. Ellos ven el boato en los regalos y todos los etcéteras que acompañan al acto, el trajecito de almirante, o de novia, y si no lo hacen parecen distintos a los demás niños.

Cuando tenía once o doce años, ya estaba trabajando, mi madre me dijo un día:

-¡Paquito tienes que hacer la primera comunión que vayan a meter a tu padre en la cárcel¡

-¿A papa lo van a meter en la cárcel por eso? –le pregunté.

-¡Claro! así que el domingo vamos y haces la primera comunión. –sentenció.

¿Así que si yo no hacía la primera comunión iría mi padre a la cárcel? Desde luego era una exageración fruto del estado policial y dictatorial que nos había tocado en suerte, pero la realidad es que había cosas peores que la cárcel, si no cubrías el expediente. Mi madre y yo fuimos a las siete de la mañana a la iglesia de San Hipólito, seguramente porque sería la que estaba abierta a esa hora, confesé, cierto es que no sabía el protocolo y comulgué, todo eso en ayunas desde la noche anterior. Espero que Alejandro –el ayuno era preceptivo sólo con la comunión, no es el caso- vaya con el estomago lleno porque si no se van a enterar más de uno –es muy formal pero tiene unos buenos pulmones-. Después mi madre dijo de hacernos una fotografía, yo desde luego iba en ropa de calle, porque si hubiera ido de almirante con esa edad, hubiera parecido un profesional. Recorrimos los habituales fotógrafos de la ciudad y ninguno estaba abierto ¿cómo iba a estarlo a las ocho de la mañana de un domingo? Compramos unos jeringos ensartados en unos juncos, en la Plaza de San Salvador y para casa. Esa fue mi primera comunión. La segunda comunión en San Pedro en el setenta y tres, con motivo de nuestra boda -que fue para mí un cúmulo de despropósitos personales, por razones que no vienen al caso pero que están ahí, decisiones que debía haber tomado y no tomé, e hice la puñeta indirectamente a personas que no se lo merecían-, y la tercera… en principio creo que no la habrá, aunque nunca se puede decir “de esta agua no he de beber, ni este cura no es mi padre”.

Cada día pienso más y estoy más convencido que el laicismo es lo mejor para la ciudadanía. La asepsia del Estado para con sus ciudadanos, la separación de la cultura de las religiones del Estado. Y si alguien quiere una cultura y enseñanzas religiosas para sus hijos que la pague, y es libre de hacerlo y yo defenderé siempre esa libertad, pero que el Estado no la subvencione con el dinero de los demás ciudadanos. El laicismo es la mejor fórmula de convivencia que existe para mí. Por mucho que pregonen las religiones paz y amor, es mentira “joia”, y no hace falta ver Ágora de Amenábar, eso está ahí desde el principio de los tiempos.

Hoy diecisiete de octubre –otra vez el mágico número siete-, Alejandro engrosará las listas de cristianos no preguntados. Es una decisión desde luego de sus padres, en la que yo no me voy a meter desde luego, ni su abuela tampoco, por varias razones: porque no nos compete –por aquello de la libertad del laicismo-, porque cada día que pasa la opinión de los mayores se tiene menos en cuenta, e inexorablemente vamos haciéndonos invisibles, y porque en el fondo pienso que eso tampoco le va a hacer daño a mi nieto. El tiempo pone a cada uno en el lugar que desea y quiere estar, y cuando sea mayor hará lo que deba hacer sin importarle la opinión que en su nombre toman hoy sus padres por él, y por aquello de que la invisibilidad mencionada le llega a todo el mundo.

Alejandro deja de ser laico para ser cristiano sin ser preguntado, pero claro tampoco le hemos podido preguntar si quiere seguir siendo laico.

2 comentarios :

Lisístrata dijo...

vaya niño precioso abriendo el post! eso a destacar.

Por lo demás q decirte? q llevas razón, q las circunstancias nos han hecho pasar por muchos aros, ni siquiera se nos preguntó si queríamos nacer si me apuras.

En fin, yo con mi hijo 2º me planté y no hizo la primera comunión, contra viento y marea de mare, suegra y mil quinientas opiniones más, pero dije basta.

Le celebré un cumpleaños precioso en el campo ese mismo año en q invité a toda la familia (a los otros cumpleaños sólo invitaba a los primos-as porq decía q era una fiesta infantil y los mayores no tenían por qué estar) y bueno, le dieron sus regalos como en cualquier cumpleaños y el aceptó todo encantado.

y mi hija, menos mal, se casó sólo por lo civil. así pues nos vamos despegando de los faldones de la iglesia poquito a poco.

Paco, q lo paséis genial en la fiesta de familia,q es lo mejor q se deriva de estos actos.

Paco Muñoz dijo...

Gracias. Lo cierto es que es difícil, son muchos siglos y la fuerza es pobre, la presión muy grande. Hay cosas en las que yo no me he querido imponer porque es crear un conflicto, y tampoco me he considerado con mucho derecho.
Bueno esperemos pasarlo bien pero ya sabes lo de la invisibilidad.
Muchas gracias nuevamente.