domingo, 11 de octubre de 2009

Mi afición a la radio


Mi estación de radio actual

Hace tiempo que deseo dedicarle una entrada en el Blog a algo que ha ocupado mi vida durante muchos años, el mundo de la radioafición, o de los radioaficionados. Unos seres extraños, tipo eremitas dentro de su estación, con la que podían llegar a los confines del mundo. Entablar conversación con otros colegas de otras latitudes, gentes a las que no vería nunca.

No voy a entrar en cuestiones técnicas que serían incomprensibles para muchos lectores, sólo me quedaré en el aspecto de andar por casa. Por lo que intentaré esbozar en un breve recorrido la razón que me llevó a ella. 1975, Conchi embarazada de Paco mi hijo mayor. Un par de años antes había tenido lugar la famosa huelga de los estibadores de los puertos británicos, el oro se había disparado, el trabajo en la industria de la joyería bajó, sólo funcionaban como en todas las crisis los poderosos. Además aprovechaban para hacer lo que ahora se oye, reforma del mercado laboral, que no es ni más ni menos que pisar con más fuerza el cuello del trabajador. Nunca el capitalista reduce su margen de ganancia, ese margen siempre lo extrae del sudor del inferior.

Para más inri, no estábamos ni cubiertos por las Seguridad Social. La joyería cordobesa que era y posiblemente sea aún, un pozo de trabajo sumergido, de dinero negro, de oro de contrabando, de explotación, era la causante. Esa necesidad me hizo buscar una plaza, en el Centro de Formación Profesional Acelerada frente a la gasolinera de San Carlos -evito decir su apellido pues no me apetece recordar determinados nombres-, en un curso de Electromecánica. A los casados nos daban cien pesetas de sueldo y sobre todo la Seguridad Social, así protegía el parto de mi primer hijo y aprendía algo nuevo, ser más un poco "aprendiz de mucho", que es lo que he sido toda la vida. Superé el curso con matrícula de honor. No tenía mérito alguno para mí, lo que más primaba era el manejo de herramientas, los trabajos mecánicos eran lo mío, y eso era primordial en la joyería.

Aquello se acababa, era necesario saltar a la Electrónica Industrial, para continuar unos meses más, pero ahí, para los que estábamos trabajando desde los nueve años, existía un hándicap difícil de superar. Había que saber Algebra para el examen de ingreso, cosa difícil para mí que me había sacado el Graduado Escolar para ir a la mili en el sesenta y ocho. No obstante algún truquillo, los méritos anteriores y alguna mano benefactora, me hicieron superar el examen de ingreso. Otro curso, este de más categoría tecnológica. He de decir en honor a la verdad, que la Formación Profesional Acelerada daba unos frutos que el Estado no supo encaminar a la industria del momento. La preparación era muy buena, pero al final estabas igual en el paro. Si el Estado (para él no era difícil) hubiera exigido a las empresas que, para poder optar a un trabajo debía tenerse, cuando menos, un título de ese nivel de estudios, otro gallo hubiera cantado.

El ambiente, la calidad de la enseñanza, los medios tecnológicos punteros, ya quisieran muchos talleres de electrónica poseer los que allí había, daban unos selectos frutos. Pero como todo llega a su fin el curso acabó. Pero he aquí que Rafael Malvar, el profesor y buen amigo, a los que nos unía la afición a la radio, en la que yo me había introducido gracias a él con el ánimo de seguir experimentando en la materia, tuvo un accidente y causó baja, como no podían suplir el profesor este me propuso a la dirección del Centro y, sin comerlo ni beberlo, me encontré impartiendo el curso de Electrónica Industrial, después de haber sido alumno el año anterior. Fue cuando más aprendí. Quiero dejar constancia que ese tipo de formación profesional fue productivo para mucha gente, algunas ideas eran buenas en la dictadura.

A partir de ahí nació el germen de la afición a la radio en mí. Construcción de un transmisor en la banda de 10 mts. (28 MHZ) transistorizado. Un receptor de la misma gama. Otro transmisor de válvulas de vacio para bandas superiores. Antenas. Fuentes de alimentación. Contactos con otros radioaficionados de la localidad, EA7TE, EA7RY, cita con ellos y puesta de largo. Preparación para el examen, Morse y Legislación, porque en materia de técnica no tenía afortunadamente problemas por lo cercano de los cursos anteriores. En el Morse tampoco, mi tío Pepe me había enseñado telegrafía con ocho años, y aunque no era un telegrafista experto me defendía, luego estaba la no rigurosidad excesiva del examen.


Mis antenas de radio

No quiero dejar pasar que, cuando solicité la instalación oficial de mi estación, recibí una visita de dos inspectores de la Brigada Social, que me hicieron una serie de preguntas relacionadas con la actividad a realizar y previamente habían investigado a mi familia. Me preguntaron cosas como, para qué iba a utilizar la emisora; qué si sabía que no se podía entablar comunicación con estaciones de la órbita de la Unión Soviética; qué cuál era mi ideología política, etc. Vamos una verdadera investigación preguntándole a la zorra si iba a ser buena con las gallinas. Una estación de radio en manos de un "rojo" podría ser un arma muy peligrosa para la dictadura. Claro todavía no tenía la etiqueta de "rojo" del todo, porque justo es decirlo. Era obligatorio para ser radioaficionado, formar parte de una Asociación Nacional, si no, no tenías posibilidad de obtener la licencia. Como es lógico esa Asociación no era una escuela de demócratas, primero porque no lo eran todos los que tenían estaciones de radio en ese tiempo, ya que era necesaria una fidelidad al régimen, y todo estaba sembrado de personas con notoria cercanía a la dictadura. Nada más que por eso la selectividad estaba clara, y segundo porque pensarían que la asociación se encargaría de controlar las ovejas descarriadas.

Inicié mis primeros pasos en la radio, estrené el primer indicativo EA7AFV, y mi espíritu contestatario me colgó el primer sambenito: era un infiltrado de Partido Comunista en la radioafición cordobesa, sin ser miembro de carnet del partido de nunca, otra cosa es de músculo cardíaco, pero la suerte estaba echada. Las preclaras mentalidades de los próceres del tiempo, residuos antediluvianos, habían realizado su diagnóstico. En gentes abiertas caía bien y en otros era un individuo peligroso. Sobre todo polémico, con ánimo de cambiar lo que consideraba anquilosado en el tiempo. Bien es verdad lo revolucionario de la edad.

Creamos un Club, el Radio Club Córdoba, buscando salir de la tutela de la Asociación nacional. El Club dicho sea de paso lo presidió en sus primeros pasos un falangista, buena persona, que se consideraba liberal, creo que era demócrata sin saberlo y que lamentablemente falleció de una forma absurda.


Revista de la Federación

Luego el Radio Club Córdoba fue el germen de una Federación de Clubes en Andalucía (FAR) que tuvo hasta una revista mensual que duró su publicación un año aproximadamente. La idea del Radio Club Córdoba estuvo basada en una asociación que se llamó Córdoba Radio Club de los años treinta del siglo XX, que existió en Córdoba y que a su vez fue el punto de partida de la creación de EAJ24 Radio Córdoba, pero eso es otra historia. Ese fue el modelo del que se tomó ejemplo. El Radio Club Córdoba todavía sigue vigente en un estado de latencia administrativo, en el que aún estamos cuatro o cinco personas. Sus iniciativas fueron importantes en el plano tecnológico, sus instalaciones de categoría, y hasta tuvimos la sede en el antiguo Gobierno Viejo de la calle Alfonso XIII, después de que dejara de ser Colegio Mayor. El Radio Club Córdoba tuvo las llaves de ese edificio durante un tiempo.


Micrófono órgano del Córdoba Radio Club

La verdad es que los márgenes de movimiento eran muy escasos y tenías que jugar con los radioaficionados más progresistas y, aunque el componente ideológico estaba siempre dentro procurábamos que nunca fuera destacado, por lo que había que dar vueltas y más vueltas. Pero lo que es cierto es que nunca, ninguna opción política de izquierda estuvo detrás de nuestros movimientos, sólo mi sambenito que para mí no lo era.

La radioafición en aquel tiempo era floreciente, porque había una serie de personas con un estimulo investigador en un mundo apasionante, y luego estaban los que con un poder económico superior bastante a la media, la utilizaban para sus comunicaciones personales (no había aún móviles), y sobre todo en el coche. Diversas vicisitudes, errores personales, incomprensión, y muchos defectos de comunicación en un mundo en el que la comunicación es esencial, hicieron que gente de valía se retirara, crearan otras asociaciones, y se diluyera la fuerza. Pero eso es así el mundo y así son los errores de los humanos y sólo cabe lamentarse. Hoy la radioafición ha cambiado bastante, aunque los principios sean los mismos, pero la tecnología actual la hace más distante para el “cacharreador” medio. Antes con un par de válvulas de vacío, una fuente de alimentación y unos cuantos componentes ya tenías construido un trasmisor que te trasladaba a las antípodas.


Mis parábolas de satélites

El espíritu de sacrificio para mantener las instalaciones colectivas (repetidores que estaban normalmente instalados en la sierra) fue muy grande. Noches de averías en los equipos, que incluso aún cayendo chuzos de punta, subíamos a la sierra José Antonio, Miguel y yo, a reparar al Campamento de Radio Córdoba, donde Federico Algarra nos tenía cedida una habitación para los equipos.

Anécdotas muchísimas, algunas muy buenas y otras no tanto. Siempre recuerdo una que no se me olvidará, La noche del golpe del estado, del 23F, cuando gente estaba brindando con champán por el éxito del golpe, cuando en las ondas había un silencio sepulcral, que parecía el presagio de aquella negra paz teñida de sangre de la que veníamos, José Antonio y yo comentábamos lo que pasaba, con la trágica tranquilidad de saber lo que nos esperaba a más de uno al día siguiente. Sabíamos que eramos escuchados por los que después empuñarían los cuchillos largos, si lo podían hacer. Eso me hizo sentir por ese “valenciano”, afincado en Córdoba, al que la vida le está dando de gordo, pero que como el ave fénix renace una y otra vez, una admiración fuera de lugar. Como los grandes púgiles es un encajador nato, y espero de todo corazón que escampe para él ya de una vez, y consiga esa felicidad y estabilidad que se merece.

Esta afición me ha permitido encontrar a buenos amigos, que perduran desde hace treinta años, unos que no están cercanos pero que todos sabemos están ahí, otros al lado siempre. De los mejores, Miguel Serrano, el “sacristán de San Juan de Letrán”, Juan Vázquez, el citado José Antonio, y cosa curiosa algunos como Pedro, que a pesar de ser su ideología distinta de la mía, de habernos pretendido enfrentar otros muchas veces, me ha demostrado tener mucha más profundidad humana que otros de pensamiento cercano.

He procurado no entrar en materia técnica y hacer un breve recorrido por la génesis de una afición personal que está ahí, brevemente, aunque no se puede soslayar que son treinta y seis años de radioaficionado. Mi licencia ahora es EA7FMC, siendo el sufijo las iniciales de mi nombre y apellidos, y con una estación que en su momento fue muy importante por la categoría de los equipos, pero que ahora es mediocre, al paso del tiempo y en función de la tecnología actual. Que me ha dado y me da, de vez en cuando, muchas satisfacciones. Con ella he experimentado todas las modalidades que iban surgiendo, desde el punto de vista tecnológico. Tengo confirmados del orden de ciento ochenta países distintos, a efectos de radioafición, que difieren de los países normales, y como los ciclos solares en materia de propagación son cíclicos, puede que en cualquier momento se inicie uno nuevo en materia de afición. Muchos diplomas que justifican noches de insomnio y horas robadas a tu familia que, como siempre es la perdedora, y que sólo reconoces con el paso del tiempo.

Una actividad del Radio Club Córdoba la cacería del zorro

Una actividad, la Cacería del Zorro