jueves, 19 de noviembre de 2009

DOÑA ELVIRA DE BAÑUELOS.




¿Era una Julieta cordobesa? ¿Fue una leyenda de su tiempo? ¿Fue tan firme su amor? Lo cierto es que se menciona a Doña Elvira de Bañuelos en bastantes textos, pero ya dijimos en otro lugar, el carácter de verdad que adquieren las repeticiones de las mentiras o leyendas. Lo que sí fue cierta, es su pertenencia como novicia al Convento de Santa Inés.

Su historia o leyenda, varía muy poco de las historias de amor habituales, la plantilla es la misma. Una joven adinerada -en este caso-, enamorada de un casi pobre, que su familia la quiere casar con uno rico y ella no quiere. Ante la firme negativa, la familia -sus hermanos-, deciden enterrarla en vida en un Convento. Ella, fiel a su amor sigue en contacto con su amado, y éste, no ceja en su empeño en sacarla de ese enclaustramiento, para vivir juntos su vida. Los hermanos se enteran y surge el desenlace, que no puede ser de otra manera que trágico.

La historia o la leyenda.

Doña Elvira era una hermosa joven, de la familia de los Bañuelos. Era la clásica joven casadera apetecida por los galanes de la ciudad, pero ella sólo tenía ojos para Don Juan de Vargas, apuesto joven de familia cordobesa venida a menos, que por diversas causas, incluida la de un pleito familiar, habían visto como su nivel de renta estaba por los suelos.

Don Fernando de Bañuelos hermano mayor de Doña Elvira, tenía incluso apalabrado el casamiento de Doña Elvira con Don Pedro Fajardo. De los opulentos y ricos Fajardo. Bastante mayor que Doña Elvira, pero con unas rentas que le venían muy bien a la familia Bañuelos para sacarlos del bache en el que estaban. Don Pedro, había en alguna ocasión contactado con ella en visita a su casa, por lo que ella tenía claro lo que no quería.

Las negativas de Elvira a desposarse con el Fajardo, hicieron entrar a los hermanos en una dinámica para obligarla:

–¡O te casas con Don Pedro o te enclaustramos en un Convento! ¡Tú verás! -le amenazó Don Fernando.

-Haced lo queráis, pero no me casaré si no es con Don Juan. –le contestó Elvira sin importarle las amenazas.

Evidentemente la posición de la dama era firme, y por tanto se decidió el ingreso en el Convento de Santa Inés, previo acuerdo con la Superiora del mismo. Las campanas de la espadaña del Convento, en la mañana de un mes de enero frío, tocaron el ingreso en la orden de una nueva novicia. El barrio, conocedor de lo que ocurría, a pesar del frío y lluvia fue testigo de la entrada de Doña Elvira en el claustro, engalanada como su posición social lo permitía. La escena era conmovedora, el llanto de Doña Elvira inundaba la situación, que de por sí era tensa. Sus hermanos presentes en el acto, una vez terminado, saludaron a la Superiora para despedirse. De nuevo, insistieron a su hermana al oído, antes de irse, si estaba dispuesta a casarse con el Fajardo, en cuyo caso, se irían todos de allí al momento. Doña Elvira firme, volvió a decir no, la respuesta no fue en tono bajo como la pregunta de sus hermanos, esa si la oyó la concurrencia. La última negativa significó el cierre definitivo de las puertas de la clausura, tras su entrada.

Transcurrieron unos días. La estancia era complicada y la tristeza hacía mella en la joven. El régimen de vida, distinto a las comodidades de su casa, era muy duro. Don Juan conocía todo cuanto ocurría por medio del sacristán, que era un viejo aprovechado. Éste le hizo llegar una carta de su amado, en la que planeaba la fuga, por un lugar y día determinado, donde la esperaría él con un coche de caballos, que dejaría esperando en la plaza de la Magdalena por lo estrecho de las callejas.

Un amigo de Don Juan, que le debía favores a los Bañuelos, puso en conocimiento de Don Fernando lo planeado. El día prefijado, los hermanos Bañuelos se apostaron en los callejones a esperar a Don Juan. Después de un duro lance, en el que uno de ellos resulto herido de no gravedad, lo acuchillaron mortalmente. En ese mismo momento, por un postigo que daba a una calleja sin salida, salió Doña Elvira con el sacristán que le abrió, sus hermanos la cogieron y trasladaron, evitando que gritara, a una casa que tenían en la Ribera. Allí los mentideros decían que la habían ahorcado de una viga. Otros que, en un descuido, ella se había suicidado, al dejarla sola en un cuarto. Lo cierto es que el desenlace, forma parte de la leyenda.

Llevaron el cuerpo de su hermana muerta nuevamente al Convento y, a base de arreglos económicos consiguieron que se celebrasen las exequias como si de muerte natural hubiera sido su fallecimiento. Una vez finalizó el sepelio, llevaron el cadáver a su casa del centro de la ciudad, y fue sepultada en el enterramiento familiar de San Miguel.

¿Verdad? ¿Leyenda? ¿Murió en el convento cuando llegó su hora, sepultada en vida tras los muros? ¿Fue un suicidio? ¿La historia fue así o forma parte de la interpretación de quien hoy la cuenta? Todo es posible, lo cierto es que Doña Elvira de Bañuelos ingreso en el Convento un frío día de enero y de allí salió muerta para su entierro en San Miguel. Las escenas intermedias, sólo las conocerán sus actores.

De todas formas, ¿por qué nuestra ciudad no puede tener, como Teruel, Verona, y otras, unos amantes de categoría?


4 comentarios :

Lisístrata dijo...

No conocía esa historia. En verdad tiene todos los ingredientes para ser famosa como la de los de Teruel o Verona.

Paco Muñoz dijo...

Miras en sitios y te encuentras cosas que merecen la pena. En una palabra que no hace falta subirse a un balcón en Verona, que puedes perfectamente irte a los callejones de Santa Inés, para emular a D. Juan Tenorio (pero en perdedor) en Córdoba. Y como es lógico habrá muchas más por ahí escondidas.
Salud.

Ben-saprut dijo...

Es la historia que más se repite en la Historia, con mayúsculas, del ser humano. Personas que utilizan a otras personas para sus propios intereses y que muchas veces acaban en tragedias ocultas o disimuladas por la propia sociedad. Siempre seres indefensos, como Elvira, que en su tiempo, y por ser mujer, estaba a merced de las decisiones de los demás sobre su propia vida. Algo que desgraciadamente ocurre aún y que me temo tardará en dejar de ocurrir, si algún día es así.
No conocía esta historia, y ¿cómo no? tenía que ser Paco el que nos la diera a conocer. Mi agradecimiento. Me acordaré de ella cuando vuelva a pasar por esa "Z" que forman las callejas de Santa Inés.

Paco dijo...

Efectivamente Ben, pero vemos que la historia de amores imposibles que la literatura ha prodigado, es este modleo también. Es de los motores del universo, una fuerza en ocasiones imparable.

Y al hilo los abusos de Capuletos y Montescos de cualquier época y país.

Un saludo