sábado, 14 de noviembre de 2009

EL ABUSADOR Y DISOLUTO DEÁN, DON JUAN FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA



El Deán normalmente es el párroco del la parroquia principal de la ciudad, y cuando entraron en vigor los Cabildos, este cargo era asignado al sacerdote que presidía a los Canónigos, una especie de primer ministro, estimando como presidente del estado (diócesis) al Obispo.

Un caso, de los muchos, de confluencia de un señorío y pertenencia al Cabildo se dio en Juan Fernández de Córdoba, hijo del Conde de Cabra. Este individuo es un modelo de acaparador de cargos y, como es lógico, de sus beneficios adicionales (canonjía, maestrescolía, deán, etc. etc.). Fue Deán y Canónigo, Abad y Señor de Rute. Fue durante mucho tiempo la voz cantante de la Catedral de Córdoba, hizo a su voluntad y merced a quien quiso, para después recibir su beneficio. Fue protector de los jesuitas, a quienes benefició con parroquias importantes, como Santo Domingo de Silos y amigo de los dominicos del influyente convento de San Pablo. Cuando murió en el XVI, le sucedieron parientes en el cargo que actuaron como él, de patrones en el Cabildo. Fue un reparto de poder económico ligado fuertemente al eclesiástico o viceversa, con una gran influencia en la ciudad. Esto no es nuevo, ni lo fue nunca.

Este individuo “de Dios”, tenía una enorme casa en la calle del Hilete (actual Juan de Mena), y calle Santa Victoria, materialmente la casa ocupaba casi la manzana en su totalidad. A la calle del Hilete daba un postigo, dando la fachada principal a Santa Victoria. Posiblemente todo lo que hoy es el Colegio Maristas, pero no lo hemos comprobado documentalmente. En la acera de enfrente del citado postigo existía otra casa que a su vez era el número 3 de la calle Paraíso que pertenecía a la familia de Don Luis de las Infantas, una de las mayores de la calle. (La calle Paraíso es la actual Duque de Hornachuelos, lo que ocurre es que en esa época, que no estaba construida la plaza, como es hoy, discurría hasta el cruce con Jesús María, de los Siete Rincones (Málaga), Gondomar, Morería y Plata, que confluían en la pequeña Plaza de las Tendillas).

Volviendo a D. Juan diremos que, éste había perdido la cuenta de hijos extramuros, y dentro, que tuvo, y de las jóvenes a las que pervirtió, acallando las reclamaciones a posteriori, con dinero y favores. Luego, como casi todos los sinvergüenzas que pretenden acallar su conciencia, si es que la tenía, ya a su vejez construyó un establecimiento que fue Casa de Expósitos, seguramente pensando en sus hijos.

Para centrarnos más en este personaje, diremos que construyó en su casa una torre desde la que se divisaba el interior de la de D. Luis, y normalmente desde allí, criados y parientes (sobrinos), acosaban a las hijas de éste último, y les gastaban toda suerte de bromas, amparados en el poder de D. Juan. D. Luis habló con el Deán y le explico lo que llevaba tiempo ocurriendo, éste se mostró comprensivo prometiéndole que se acabarían los agravios. Pero no fue así, se incrementaron. Esta cuestión hizo que el de Infantas pensase en acabar con las ofensas de alguna manera.

Algún tiempo después, el Deán dio otra de sus famosas fiestas en su casa que duró hasta altas horas de la madrugada, con el boato al que estaba acostumbrado. Cuando se marcharon los invitados, los criados confiados, seguro del poder del Deán, no se preocuparon de cerrar las puertas, como casi siempre hacían. Don Luis y algunos parientes, entraron en la cocina y pensando que el fuego purificaría lo disoluto del Deán y de camino sus agravios, rociaron con alquitrán el hogar y lo encendieron, marchándose sigilosamente sin que nadie los viera. El fuego tomó cuerpo y cuando se dieron cuenta los criados estaba muy avanzado, había alcanzado las habitaciones del Deán que daban a la fachada principal. Tocaron a arrebato todas las campanas pues el incendio fue uno de los mayores que hubo en Córdoba. D. Juan se vio atrapado entre la reja y la calle. La habitación contigua, donde dormía un paje suyo había ardido con el paje, que murió quemado. Unos operarios, desde la calle, arrancaron la reja y lo sacaron en paños menores, salvándolo.

Dicen los comentarios exagerados que fue tal la virulencia del incendio, que hasta la plata –que tenía mucha- se fundió. Lo cierto es que las pérdidas fueron cuantiosas. Achacaron los expertos la causa a la chimenea, pues allí fue donde empezó, pero los rumores de los problemas con el de Infantas hicieron sospechar a un sobrino, el Marqués de Comares, que inicio una persecución contra los Infantas con la justicia, lo que llevó a la ruina a la familia de D. Luis, denunciada con embargos y obligada con los gastos del pleito. Cuentan que la esposa, se había guardado seis mil ducados, que le permitieron subsistir. Felipe II hizo desistir al Marqués en la presión y aquello acabó.

La moraleja es, como estamos en noviembre, que “a todos los cerdos les llega su San Martín”. La ambición desmedida y “santa” corrupción no es sólo patrimonio de ese tiempo, que por poco le cuesta la vida al Deán Don Juan Fernández de Córdoba, dejándolo, eso sí, un poco chamuscado.


Manzana
Manzana de calles citada

4 comentarios :

Lisístrata dijo...

Qué pena q fuera el pobre criado y no el sinvergüenza del Deán quien se quemara del todo.

No sé q le pasa a los malos q siempre se salvan de la quema y encima, para vergüenza de todos, con honores, ayer y hoy

P.D. menuda imagen te has agenciado para la cabecera del post, ejejej

Paco Muñoz dijo...

Un verdadero "prenda"pero desde luego sin ser de lo peor en su empresa. El de “hoy” tampoco es de los peores, me refiero al homenajeado, tiene su puntito, yo lo conozco de joven, y a amigos suyos íntimos y, para los amigos tiene un código especial. Para mí, aparte de todo, éste mea en lana y suena, hay quien está meando en lata y no suena nada nunca, y lo supera en dinero y poder. En el fondo lo he definido siempre como un "nuevo rico" sin más. Y respecto a la foto es una mezcla de varias, y la composición satírica, aunque le llegue el fuego tiene que terminar el “asunto” . Es un poco como esa práctica de la asfixiofilia, que es una mezcla de asfixia sexual y de
hipoxifilia
. ¡Vamos como no estamos asfixiados ya los pobres…!

Lisístrata dijo...

Pacooo, vaya relato q has enlazado con la hipoxilia! chico! juas juas.

Ahora se lo voy a leer a alguien, a ver q pasha, jajaja "venacápacá, q te voy a hablar sobre la hipoxilia!" xDD

Paco Muñoz dijo...

Si porque pensé éste se está asfixiando en el momento clave. Y claro no quería dejar lo que estaba haciendo. Por eso busqué esa referencia. No tiene nada que ver con el Sr. Deán, es simplemente la fotografía.

Saludos.