domingo, 22 de noviembre de 2009

LA COJA DEL PIANILLO Y ALGUNOS DE SUS CONTEMPORÁNEOS.


La Coja con el pianillo y su marido, en una actuación, delante de la Virgen de los Faroles en la calle Cardenal Herrero.

Cualquier recuerdo, fotografía, etc. genera el despertar de una serie de detalles que están conexionados entre sí, y se ramifican como si de un árbol genealógico, o enredadera se tratara, al final muchas ramas vuelven a unirse en otro lugar.

Hoy, viendo en Cordobapedia una fotografía de Montiel, bastante deteriorada, pero que nos permite ver lo que nos interesa, surgen una serie de historias alrededor que puede que, en principio parezcan inconexas, pero no es así. La fotografía en cuestión, punto de partida, es la del “Pianillo de la Coja”. Es del año 62. Están parados delante de la Virgen de los Faroles, frente a la Farmacia de la Virgen de los Faroles, de D. Agustín García Solano, el cual junto con D. Antonio Moyano, -hermano de Rafael (Rafalito de la taberna “La Mezquita”, la de los boquerones en vinagre), y de Manuel propietario de una zapatería en aquel tiempo, tienda de souvenirs ahora, que afortunadamente aún vive y bastante lúcido-, director y propietario del Colegio San Eulogio, que estaba frente a la Puerta del Perdón, fueron los impulsores de la Verbena de la Mezquita, coincidente con la del Alcázar Viejo, de la Virgen de Acá. Los niños del Colegio San Eulogio, hacían unos trabajos con papel de seda, que consistían en unas flores agujereadas con alfileres, para darles una textura especial, con las que se forraba la fachada de la virgen.

En la calle Cardenal Herrero se instalaban casetas de todo tipo; de venta de productos de feria, caballitos de cartón –el abuelo de un amigo que vivía en la calle Siete Revueltas, fabricaba esos caballitos de cartón y tuve ocasión de ver el proceso de fabricación-, campanitas, y otros. Yo mantengo de siempre, que las campanitas de barro se empezaron a vender en la Verbena del barrio de la Mezquita, puede ser un chovinismo de barrio, pero lo sostengo. Así como los higos chumbos, agosto es desde luego la época. Colocaban unas norias, pequeñas, que tenían una música característica. El sonido quedó, para compararlo con otros como “música de noria”, era un platillo y un bombo que sonaba “Chin, chin, pum, chin, chin, pum”, esa era toda la melodía. Barquillas, que cuando el “quíes” de turno subía muy alto, el encargado le daba “tableta”, es decir le metía el freno, que consistía en un tablón que rozaba en la quilla de la barca y se le acababa el presumir.

En la calle Torrijos, más tenderetes y, en el ensanche que formaba el Palacio del Obispo y la lonja de la Mezquita, montaban el escenario donde recuerdo haber visto actuar a Emilio el Moro y su compañía. Ya ven, en un momento el pianillo de la Coja, la verbena de agosto de la Mezquita… que Paco Gallego, desde la Federación de Peñas volvió a resucitar muchos años después. Es imposible, siempre surge otra ramificación del recuerdo. Otro día hablaremos de Paco Gallego, que se merece una entrada especial. Los hermanos Moyano, una institución en el barrio, D. Agustín García Solano de la farmacia de la Virgen de los Faroles, Emilio el Moro, etc.

Pero sigamos con la Coja del Pianillo. Su acompañante era su marido, o eso suponíamos, delgado, pequeño, callado, al que trataba ella con bastante genio muchas veces. En el álbum de recuerdos de Conchi los tiene siempre discutiendo, y era verdad, le metía unas broncas impresionantes, y el hombre callaba, hoy se podía haber acusado a "La Coja"de, mobing, acoso, violencia de género al contrario…, luego contrataron a un vejete que, a la misma vez que le daba al manubrio, con una varita tocaba entre los radios de la rueda un repiqueteo, que marcaba el compás, bien de agua Azucarillos y Aguardiente, un tango de Gardel, o un cuplé de Lilian de Celis.

La coja del pianillo en Cardenal Herrero.

Era singularísima, inconfundible, no sólo por la pata de palo, sino por el conjunto. Morena -en los últimos años canosa-, con moño y jazmines en temporada. Normalmente bien vestida y limpia. Creo que era la pierna izquierda la que le faltaba. La muleta de madera, con un apoyo de trapo o gutapercha basto, amarrado para soportar el roce en la axila, que dominaba perfectamente al moverse. La muleta describía casi un perfecto círculo al avanzar, mientras se sostenía en la pierna buena, y en la otra mano llevaba el platillo en el que hacía saltar las monedas incitando el respetable a soltar alguna, después de la actuación musical. Las piezas musicales las cambiaban con un juego de palancas delante del pianillo.

En cierta ocasión con motivo de la desbandada de un toro –el ganado pasaba por el puente en manadas y más de una vez se desmandó alguno con el natural susto. Concretamente Conchi, de niña, camino del cementerio, con su tía Magdalena, tuvieron que correr por la desbandada de uno a la altura del matadero- y según cita el diario Córdoba, coincidió con el pianillo, la Coja, dando muestras de una preparación física sin precedentes corrió que se las pelaba, y parece ser que el borriquillo se llevó la peor parte. Desde entonces el dicho: “Que corres más que la Coja del pianillo”.

Al terminar la actuación saltaba, apoyándose en la muleta, al varal, recogía la muleta en horizontal y a otro lugar, normalmente a las cafeterías del centro de la ciudad. No hemos hablado de borriquillo, tremendamente cumplidor con su faena, sin protestar nunca, adornado con cascabeles que sonaban al andar y madroñeras. Detrás su marido o el tercero en discordia, el vejete contratado. No sé qué pasó con ellos, si el marido murió, si la contratación del tercero fue una necesidad por ello, no lo sé. No se dónde encerraban el pianillo, si cruzaban el puente para el Campo de la Verdad o se quedaban en Córdoba, como se llamaba a este lado del río en ese tiempo. El pianillo acabó en la cuadra del Palacio de Viana.

Lo cierto es que les salió competencia, de menos categoría estética y musical desde luego. El “largo y el bajito”. Unos peculiares personajes, a mi modo de ver, Rafael y Ángel "mozart" y "Chaikosky". El “largo” era un “malange”, vamos un “esaborío”, encorvado quizá por su altura, el otro no hablaba y también tenían estos sus broncas empresariales. Era una pareja al uso, como Bud Abott y Lou Costello, o Stan Laurel y Oliver Hardy, pero sin kilos de más por el hambre de la época.

A propósito del “largo”, se da la curiosa circunstancia que la primera vez que yo fui a Sevilla –no se me olvida-, la visita tuvo lugar en el año 62. El motivo de la misma fue ir a Repuestos San Roque, sita en la calle del mismo nombre, a comprar material para las bicicletas de carreras que teníamos. Hicimos el viaje en el Ferrobús. El grupo lo configurábamos; Germán Ramírez; José del Olmo; Juanito –los tres de Cañero-, y el que suscribe. Todos aficionados al ciclismo. Juanito un excelente ciclista y mejor persona –después se marchó a trabajar a Holanda-, vivía en la primera casa de Cañero entrando por la calle principal, en la calle Poeta Antonio Arévalo, creo que el número 15, pues bien esa casa fue la que visitó, cuando se inauguró el barrio, el General Franco, de ahí el chiste:

Durante la visita, le decía el inquilino al General.

-Pase Don Claudio, miré la cocina. –señalando la “cocinita”.

-Don Claudio, este es el patio, mire las gitanillas y geranios de mi mujer –desde la puerta del patio.

-Don Claudio este es el dormitorio principal. –abriendo la puerta.

Entonces, a la salida, el General le preguntó:

–¿Oiga porque me llama D, Claudio?

Le contesto el vecino:

-Porque no tengo confianza suficiente con usted, para llamarle “Claudillo”.

Al bajarnos del ferrocarril en la Estación Plaza de Armas, entramos en la calle frente a la salida que se llama de Pedro del Toro, y a la primera persona que vimos en Sevilla que venía por esa calle, era ¡¡El largo del pianillo!! ¡Habéis visto! ¿Dónde irá este tipo por aquí? Dijimos todos.

Bueno, a partir del pianillo de la Coja, un recorrido por los cincuenta y sesenta. Una mezcla de situaciones y personajes entrelazados neuronalmente, en las casi agotadas del que suscribe, que sigue diciendo que “nada es como es, sino como se recuerda”.

 Pianillo de la Coja en el Palacio de Viana
El pianillo de la Coja, en las cuadras del Palacio de Viana.

La competencia encerraban en la Posada de Vencesguerra, frente a la actual Bodegas Campos. Donde en principio de siglo XX fue asesinada la “Tizná” y su amante. Posada que lleva el nombre del Caño Vencesguerra, que también merece una entrada exclusiva, para fijar el nombre desvirtuado; Venci guerra, Vicente Guerra, Vencesguerra. Miguel de Cervantes lo cita en una de sus novelas, porque parece que sirvió para entrar a la ciudad por ahí en la invasión cristiana, y la causa de muchas inundaciones, y antes, dicen, mucho antes, una cloaca romana.

 Solar de la antigua Posada de Vencesguerra
Solar de la antigua posada de Vencesguerra en la calle Lineros, ahora es un bloque de pisos.

El pianillo de esta gente se comenta que lo compró Canal Sur. Es posible, pero no deja de ser un rumor.

Fotografía de la portada de Montiel, la de la calle Cardenal Herrero facilitada por Tere Navas, la del solar de P.Sánchez Moreno (Córdoba), la última del autor.

10 comentarios :

Gerardo dijo...

Paco estoy deseando que escribas un post sobre tus andazas en bici.

Un abrazo

Gerardo

Paco Muñoz dijo...

Gerardo, muchas gracias por hacerte presente.

Ya has visto que en el 62 fuimos a Sevilla a comprar repuestos para las bicis, aquí estaba repuestos Osario, el de la esquina de Cruz Conde, donde está Estudio Jimenez, y el de Doce de Octubre, ya no recuerdo más pero no traían de las marcas que necesitábamos y allí en Repuestos San Roque había de todo. Compramos un desviador Campagnolo para el plato y las manetas para el manillar, las copiamos y las fundimos en aluminio. Unos granujas en toda regla.

Hoy mismo he estado fotografiando varias cosas, en la Ermita del Colodro, en los restos de la Puerta del Colodro también y de vuelta he hecho algunas fotografías del carril bici de la avenida de la Agrupación Córdoba dirección Carlos III, que ha quedado muy bien por el interior con los “marmolillos”, pero en los cruces siguen los indeseables estacionando sus coches. También los he fotografiado.

El problema es que no debía ser necesario ponerles obstáculos, pero dice un amigo que la gente no entiende hasta que le toquen en el bolsillo y es así. Pensaremos algo Gerardo. Gracias nuevamente.

Francisco Madrigal Aznar dijo...

Me acuerdo del organillo y sus personajes, lastima que no les hiciese unas fotografias, aunque ya era aficionado, en esas fechas estaba mas preocupado en ir tras las chavalas.

Saludos

Paco Madrigal

Paco dijo...

Estimado Paco

Pues como sabes lo que pasa ahora que puedes no dejes de fotografiar todo lo que puedas, así los futuros tendran documentos que nosotros no tenemos. El pianillo está en las cuadras del Palacio de Viana, pero no me han dejado entrar a la cuadra, a ver si el martes voy y pido permiso y lo fotografiaré bien, con mi patata de cámara.
Un abrazo

Saqunda dijo...

Paco no sabía que tenías un blog. Me alegro mucho de haberlo descubierto. Ya tienes otra seguidora.
Tengo un lejano recuerdo de la infancia del "largo" que nombras. ¿Puede ser que en el 80 y poco aún estuviera en la fachada occidnetal con el pianillo?

Lisístrata dijo...

vaya! cuanta y buena gente me encuentro aquí! Gerardo, Paco Madrigal, Saqunda! jejejeej. grata sorpresa.

Bien, pues quería decirte Paco, al hilo de tu historia, q aunq no sea de la capital, si recuerdo vagamente ver la estampa de esa mujer coja y su marido al pianillo por mis esporádicos tránsitos a la capital de la mano de mis papás, y lo recuerdo, porq de niños nos sorprendía todo lo q se saliese de la normalidad. Ir a Córdoba, para los niños de los pueblos, era una auténtica aventura, al menos para mi, un sueño q empezaba dsd q me levantaba temprano para vestirme de domingo hasta la vuelta q acababa rendida en la cama y dnd rebobinaba cuantas cosas había visto y saboreado.

lo de "dar tableta" jeejej, lo ví tb pero en la feria de mi pueblo, los más pequeñajos nos queábamos embobaítos con los adolescentes q subían el columpio casi hasta hacer los 360º si los hubiera dejado el de la tableta q les bajaba los humos de momento, no sólo para q no fueran de chulitos (casi siempre eran los chicos los q ponían la barquilla en órbita como un cohete), sino para evitar además un dramático accidente.

en fin, voy a ir cerrando q mañana verás.

un saludo fusivísimo a tod@s >:0]

P.D. Paco Madrigal, ahora q no vas tras las chavalas como antes, jejeje, no dejes de enfotarlo todo hijo, q no sólo es necesario para la humanidad, sino q además lo haces mu rebien. >;0]

Paco dijo...

Saqunda,
en otro lugar me he alegrado de tu presencia por aquí, y me alegraré todas las veces que nos honres con tus puntualizaciones o aclaraciones a las entradas.

Esto lo tenía como almacén de los trabajillos, y cuando ocurrió la “suspensión temporal de la vida conyugal con la Calleja”, me dije, disgustos los precisos, no está la vida para disgustarse y más cuando estás aquejado de HTA, así que lo hice público. La pena es que muchas aclaraciones y añadidos que habíais hecho muchos a entradas allí, no las puedo pasar al cuerpo principal de la entrada, o a lo mejor sí, no lo sé, porque muchas de ellas han sido fundamentales. Me estoy acordando ahora, cuando me dijiste por donde buscar la lápida de Mateo Inurria. Podría estar todavía “peleándome” (es un buen amigo) con el director del Góngora preguntándole donde estaba la susodicha, por un error de Colegio.

Muchas de las aclaraciones han sido para completar los muchos vanos que tienen las entradas.

Gracias por aquellas y por tu presencia aquí.
Un saludo

Paco dijo...

Lisis
De todas las maneras, para ti ir a Córdoba sería como para mí, cuando con esa edad que mencionas fue, ir a Castro por ejemplo. Me llevaron mis padres una vez, a casa de unos tíos y me quería quedar a vivir allí; bañarte en una alberca, estar en una huerta, la cercanía de la gente, hasta el olor de las cabras (es verdad) me gustaba.

A la señora del cuento la recordarás como por ensueño desde luego, lo digo por tu juventud.

Sobre las barquillas, había unas que podían dar la vuelta, porque arriba no tenían tope. Pero las otras daban en el travesaño superior y los nenes más torpes nos quedábamos embelesados del poderío del tunante, luego desde luego ese tunante era un torpe normalmente en lo esencial.

Y D. Francisco Madrigal ha dicho detrás de las chavalas nada más, detrás.

Salú, como tu dices.

harazem dijo...

Pues yo no me acuerdo de la Coja, aunque sí del que posiblemente era su marido, con un bigotillo alfonsino y una gorra como de marinero dándole al manubrio. Aunque la mayor parte de mis recuerdos van asociados a su estancia a la puerta del Obispado, a veces estaba en la Tendillas, en la puerta del Siena. Ese pianillo forma la cuarta pata del banco de mis recuerdos de la Plaza cuando era pequeño: Pablito el de los Piñones, el mudo de la moto y el ciego Marchena.

Por fin entendí lo de corres más que el Pianillo de la Coja, que llevaba oyendo desde tiempo inmemorial sin conocer su origen.

Paco dijo...

Manuel yo creo que la coja, como habitualmente no estaba en el orgnaillo o pianillo, que estaba por los alrededores pidiendo con el platillo, no la asocies y si al que le daba al manubrio. Bueno eso lo estimo yo, pero me parece que el de bigotillo era el otro del largo. Estoy en duda si el marido o compañero de la coja tenía bigotillo, que eso pudiera justificar que no te acordaras de ella.

Has dicho el ciego Marchena, y me he perdido un poco, Marchena "el de la Arena", al final vendió lotería (y no se si ciegos),a lo mejor es el mismo y la asociación de "ciego" es por la venta de cupones. Su hijo es amigo mío pero no quiere hablar nunca del padre. La verdad es que ha servido muchas veces de risa.

El mudo limpiabotas, de la moto, inconfundible, que antes de moto era bicicleta "tuneada", igual que la motocicleta y un punto en la cabalgatas y en las romerías.