martes, 1 de diciembre de 2009

ERMITA DE LA CONCEPCIÓN.


Fachada de la Ermita de la Concepción en la Plazuela Abades.


Parece ser que está uno en estado de santidad, a la vista de la proliferación de ermitas y lugares de culto que se están publicando en el blog, que desde luego sólo obedece a la única razón de que hay muchas y, todas son merecedoras de que se conozcan. Por ello creo necesario dedicar una entrada a una, ya desaparecida, que había en la plaza de Abades y que se llamaba la Ermita de la Concepción.

En la plazuela Abades confluyen las calles: Osio, Portería de Santa Clara, Alfayatas y Zapatería Vieja, antiguamente esta plaza se llamó de Santa Clara. La Ermita era y es muy pequeña, cuando se abrían las puertas estas llegaban casi al altar que aún está. Y cuando efectuaban algún acto de culto, la gente siempre lo seguía desde la calle. He tenido oportunidad de estar dentro hace un par de años, y es cierto, es muy pequeña, lástima que no pudiera hacer fotos, por no llevar la cámara, pero me consta que las tiene el propietario, que es un buen amigo. En el Catastral figura con una superficie de 26 m2. y lo mismo de construido.


 Catastral Ermita
Plano Catastral de la Ermita, lo señalado en azul es la superficie.


En la fotografía desde la calle Portería de Santa Clara, se puede imaginar la anchura que tiene, las dos ventanas enrejadas que se ven, pertenecen a la casa número 5 de la calle Osio.


 Lateral Porteria Santa Clara
Lateral de la Ermita desde Portería de Santa Clara.


Parece ser que un albañil, Diego de la Rocha, que trabajó en esa pequeña casa, al derribar un tabique, descubrió un hueco y dentro estaba la imagen de la Virgen –otros textos hablan de un cuadro-, que decían tenía unos farolillos a cada lado encendidos y se apagaron al darles el aire (1). A partir de ahí los milagros. Milagros hasta el extremo de que con motivo de unas fiestas de la calle de la Feria, al pasar por delante la procesión, comentan que se encendió solo, el farol que estaba apagado, derramándose incluso el aceite, que la gente lo recogió para utilizarlo como ungüento para curar enfermedades.

A la Ermita la estuvo cuidando, de su peculio personal, un zapatero que vivía enfrente, que la adornaba y mantenía encendido su farol. Parece ser que otro vecino, en 1682 consiguió que costease la construcción y fundación el Conde de Valdelasgranas. Las monjas de Santa Clara reclamaron el cuadro o imagen, pues decían que había salido de una pared que pertenecía a su convento. Hay que tener en cuenta que el convento tenía una superficie mucho mayor que la que ahora tiene, el dato principal que lo justifica, es la calle que se llama Portería de Santa Clara. Me inclino a pensar que la superficie sería la totalidad de la manzana, ya que en el interior de la misma existe un extenso huerto que ahora es particular, y pudiera haber sido el del Convento. Mientras duró el pleito depositaron el cuadro en la casa de un médico, el Sr. González de León. Una vez acabado éste y habiendo sido ganado por los partidarios de la Ermita, promovieron éstos una procesión hasta la Catedral, quedando ubicada la imagen en su sitio definitivamente, el día 9 de abril de 1750.


 Portada
Portada de la Ermita.


Estuvo abierta al culto hasta finales del siglo XIX, y la imagen continuó en ella hasta principios de los setenta. Desconociendo dónde está ahora. Decimos imagen porque del cuadro no hay datos fidedignos de su existencia.

Lo más significativo de la Ermita, dado lo pequeña, es su portada. Arco de medio punto y su clave resaltada con una ménsula. El frontón del dintel está partido, y tiene un óculo encima –del latín oculus (ojo) y que en arquitectura es una abertura de forma circular u ovalada-. Esté rematada por una espadaña sin campana. Decorada con imitación a mármol, de color. Tuvo una restauración hace unos años, y los colores originales se encontraron debajo de la cal.


(1) No es mi ánimo ser irrespetuoso con las creencias de los demás, pero no puedo evitar recordar el chiste del Beni de Cádiz, que estaba escuchando las mentiras de un amigo suyo pescador, que le decía haber pescado en el malecón un róbalo de 70 kilos. Beni le contestó: -Pues yo en el mismo sitio que tu pescaste el róbalo, saqué ayer un farol fenicio encendido. El otro escamado le dijo: -Hombre Beni, en Cádiz estuvieron los tartessos, los fenicios, los griegos… por lo que fenicio podía ser el farol ¿pero… encendido? A lo que rápidamente contestó el Beni: -¡Sí encendido, y no lo apago hasta que no le quites al róbalo lo menos 65 kilos!.

2 comentarios :

Ben-saprut dijo...

La imitación a mármol de su portada se asemeja a la de la fachada del convento y palacio de la Merced, y sigue los cánones barrocos de lo que en el centro de la Penínsular se conoce como el "trampantojo", y que consiste en imitar formas voluminosas mediante el uso de pinturas al fresco.

Cientos son los edificios religiosos que nos quedan en la ciudad, por lo que no es extraño que nos dediquemos a observarlos y estudiarlos, independientemente de las ideologías. Es lo que tenemos.

Buena observación, Paco.

Paco Muñoz dijo...

Buena observación y aclaración la tuya Ben. Todos los días se aprende algo. Sí Conchi me dice que que me pasa, que estoy subido de santidad, pero es que hay mucho material que merece la pena. El otro día me facilitaron la entrada Capuchinas con mucho agrado. La verdad es que hay muy bunena gente.

Trampantojo.