martes, 5 de enero de 2010

GONZALO DE LOS REYES


Gonzalo de los Reyes


Aprovechando una temporal, afortunadamente, estancia en el lecho del dolor por culpa de unos virus (es lo que te dice el galeno cuando desconoce qué te pasa), repasé unas notas que había tomado hace tiempo, de una publicación de mi malogrado amigo Luís Melgar, sobre un personaje, de raza gitana, moreno, como no podía ser de otra manera, bien “plantao”, que había sido bailaor profesional, sin destacar mucho en esa faceta, que se llamó Gonzalo de los Reyes, y que conocí de pasada ya mayor, y del que tengo recuerdos basados en los comentarios de los mayores y luego refrendados en la citada reseña de Luis.

Gonzalo acabó su vida de lotero por los bares de mi barrio, la Judería, después de haber recorrido bastante mundo. Era una persona de un saludable sentido del humor, se reía hasta de su sombra. Tenía la peculiaridad de tener un ojo negro y otro marrón, en eso me recordaba a un gato siamés que tenía un vecino de la Judería con el mismo componente cromático, pero claro en felino. Gonzalo tomaba eso a broma y se refería a ello diciendo, que sus ojos eran como en los coches la luz de población y de carretera.

En su última profesión, la de lotero, pues luego nos referiremos a otras, era también muy especial, cuando con todo el respeto del mundo se acercaba a sus potenciales clientes a ofrecerles la suerte, y estos no tenían intención de comprar, y el día se le estaba dando mal por ello, decía:

-¡Hay lotería! -y por lo "bajuni" continuaba- ¡Qué va a llegar a Almería de la “patá” que le voy a pegar a la lotería!

Fue también un gran declamador, cuando estaba en vena, con gran sabor flamenco, pero debía considerar que se le estaba teniendo en cuenta. Estuvo en un tiempo trabajando con una compañía de “varietés” de los Circuitos Saavedra, en la que trabajaba un forzudo, llamado el Martillo Cubano, que levantaba pesas y luego hacía una invitación de lucha al respetable, que consistía en combatir cinco minutos con el forzudo y si le aguantaba, la empresa le pagaba al espontaneo espectador mil pesetas. Ante la bestia que era el cubano nadie se atrevía a subir al escenario y todo quedaba en el reto. Pero por culpa de un ataque de cuernos del cubano –su mujer se fue con otro- este se retiró, pero como la cartelería estaba hecha, y figuraba el número del cubano, el empresario le rogó a Gonzalo lo sustituyera.

-Gonzalo te doy cuarenta duros diarios. Sales vestido igual que él, haces unas pantomimas, retas al respetable y como nadie saldrá, haces mutis… -le dijo el empresario para salvar el número.

Gonzalo, como no estaba muy boyante y veía todas las noches lo que ocurría aceptó y así estuvo durante unos días. Pero… en una actuación en Veléz-Málaga, en su feria, coincidió con que allí estaban unos artistas de circo que se habían quedado tirados en la carretera por huida de su empresario, y fueron a ver las “varietés”. El empresario anunció:

-¡La empresa ofrece mil pesetas a quien le aguante al Martillo Cubano (versus Gonzalo) cinco minutos!

Faltó tiempo. Otro forzudo del circo en paro, este en serio ante la oportunidad de ganar unas pesetas, en una mezcla de español y francés:

-¡Mi! ¡moi! –dijo.

A Gonzalo le cambió la cara, y puede que los dos ojos se le pusieran del mismo color también. El empresario le dijo:

- ¡Aguanta Gonzalo! hay que pasar esto como sea, que son compañeros.

Gonzalo arqueo los brazos como si de un Primo Carnera cualquiera se tratara, se puso en guardia, cambió la cara a duro y salió dispuesto a dar la vida si fuere necesario. Al otro día, o cuando se le recordaba el episodio decía:

-¡Llegó “er franchute”, se dejo caer “pa” mi, “mendiño” dos “galluos” y lo “urtimo” que le oi “deci” es: “Aogga eg definiti”, y me pegó un “piñazo” en la “narí”. Luego me “disperte” en la fonda echo “porvo”.

Ahí se acabó la vida artística de Gonzalo como forzudo luchador.

También hacia otras veces, metido en faena, una parodia graciosa subido en un palo o una escoba, imitando a un picador de toros miedoso. Bailaba unas bulerías en el tercio, y dejaba caer una frase que quedó para la posteridad en el barrio:

-¡Caballo con la mosca y la “jinnasia”!

Bibliografía y fotografía del libro, Cosas de Córdoba, Luis Melgar

2 comentarios :

Lisístrata dijo...

“Aogga eg definiti” xDD
¡"paberlo" visto!

a mejorar la salud, Paco.

Paco Muñoz dijo...

Gracias Lisis, a veg si definiti se meggoga.

Paco