sábado, 20 de febrero de 2010

EL CABRÓN DEL DOCTOR PERA MATO




Como se podrá comprobar, el doctor Pedro Mato, según el caso 66 del libro de “Casos Notables de la Ciudad de Córdoba”, fue un verdadero cabrón.

“Pedro Mato fué natural de Córdoba, hijo de padres ricos y honrados, y hoy día se conoce por las casas famosas y heredades que poseía, en las cuales casas, por ser tan grandes, se representan las comedias, reservando hoy día el nombre de su señor. Después de sus estudios se casa con una señora llamada doña Beatriz; el sobrenombre se deja, por no afrentar a los vivos; baste saber que se decía Beatriz porque de ordinario son hermosas, aunque desdichadas. Era, pues, esta señora adorada de su marido, y servida de sus criados con el cuidado que su señor se lo mandaba; estuvieron algunos años con mucho gusto, tuvieron dos o tres hijos. Su casa está en lo alto de la ciudad, de donde se descubre gran parte de ella.

Cuatro casas cerca de la suya vivía un caballero, y desde los terrados de sus casas se comenzaron a tratar y a dar las buenas noches; y poco a poco hizo el diablo de las suyas; tratábanse ya y visitábanse con amistad maliciosa. Fué necesario para conseguir su gusto dar él parte de ello a una criada, que fué la que encubría la maldad. Un día, llevada esta señora de una impaciencia, de las que las mujeres suelen tomar, sin acordarse de que sabia sus desenvolturas, tomó un palo y la trató muy mal de obra y palabra; y tanto, que se entendió que la quería matar, según habla tomado de veras el castigarla. Alborotóse la casa, y todos deseaban que viniera el doctor, para que se la quitase, porque todos los de la casa no habían sido poderosos para ello.

Estando en este alboroto, entró el doctor, y viéndola sonrojada con el agitación y pesadumbre, le dijo que no hubiese ella aquellos castigos, que era delicada y le podría hacer daño, sino que pues tenía criados y criadas, que lo mandase a ellos, y que la dejase, pues él se lo rogaba con muchas palabras de amor que le decía. La criada, hecha un demonio, viendo el mal retorno, que la daba al secreto de sus maldades, que ella guardaba, tomando algún aliento, le dijo a su señor:

-Que muy bien le pagaba su señora aquel amor que le mostraba, pues sepa que es mala mujer, y que le pone a vuestra merced los cuernos, y de esta suerte; y estos palos que me ha dado son sobre celos que tiene de mí; y así, señor, mirá por vuestra casa, que lo que digo es la pura verdad.

Mientras estas cosas decía la criada, la pobre doña Beatriz tomó un manto y se fué al monasterio de las Recogidas, con que confirmó todo lo que había dicho. Alborotóse con esto el doctor y toda la ciudad tanto, que no se hablaba en toda ella de otra cosa. Estando en esto las cosas, y no habiendo más fundamento ni verdad que lo que había dicho aquella criada, trataron de componerlos, y para esto pusieron al Obispo Fresnedilla con otros muchos caballeros. Al fin, le supieron decir tantas cosas, que se rindió a todo lo que le quisieron pedir; pidióse algún seguro de que no la haría mal ninguno, y así hizo una escriptura en que daba su palabra de no herirla ni lastimarla con arma ninguna, y debajo de este pleito homenaje se la entregaron, acompañándola desde las Recogidas todos los caballeros que hablan tratado del concierto. Recibióla el doctor con grandes muestras de amor, de suerte que todos quedaron satisfechos, que duraría gran tiempo y no se engañaron, sino sucediera lo que después sucedió.

Fué el caso que pasados algunos años que estuvieron en paz, no saliendo la pobre señora jamás de su casa, adonde le decían misa y confesaba y comulgaba, llevando esta clausura y penitencia con harta paciencia, estando las cosas en este estado, le pareció a un mal cristiano que sería bien ponerle al pobre doctor un sartal de cuernos a su puerta, o por vengarse del doctor, o pareciéndole que con este acto se irla de la tierra y sacarla de aquella clausura a doña Beatriz; y engañóse en todo, porque saliendo el doctor de su casa, halló colgada la sarta de los cuernos; quitólos de la puerta, y afligido y lastimado su corazón, fué y hizo sus visitas, y acabadas, se volvió a su casa, habiendo en este tiempo determinado de matar a doña Beatriz, y por no ir contra el juramento que tenía hecho, determinó ahogarla; tomó una toalla y entróse en el aposento donde la desdichada estaba, y le dijo cómo al salir de casa habla hallado una sarta de cuernos de que ella habla sido causadora, y de toda su deshonra, y que determinaba de quitarla la vida, pues con ello se acabarían tantas afrentas y trabajos como habla pasado. Enternecióse la pobre señora, y pidióle por las entrañas de Dios se apiadase de su alma, ya que no tenía lástima de su cuerpo. No bastaron ruegos, ni plegarias, y viendo la pobre señora la determinación de su marido, le pidió un breve tiempo para pedir a Dios perdón de sus culpas; ése se le concedió, y luego le echó la toalla al cuello, y la ahogó; esto sin ruido ni alboroto.

Tomó lo más precioso que tenía en su casa y se fué con ello a la Compañía, donde fué amparado de la justicia, la cual puso gran diligencia en prenderlo. Al fin se escapó de sus uñas por la industria de los mesmos Padres, y quedó tan agradecido a este beneficio, que los curé de balde toda su vida. Estuvo con el Duque de Medina por su médico, con un gran salario, y después se vino a Sevilla, y fué tanta la fama y buena ventura que le corrió en su oficio, que ganó cincuenta mil ducados, que dió a una hija suya en dote, y a otra metió monja en Santa Clara de Córdoba. Este fin tuvo el famoso cordobés Pedro de Mato, escribió unos libros de mucha gravedad, y tanto, que fueron estimados, y lo han sido de todos los hombres doctos de nuestros tiempos, con grande opinión de muy doctos”.

El autor de los Casos Notables, era un desconocido, pero un machista de tomo y lomo, dice:

“Llevada esta señora de una impaciencia, de las que las mujeres suelen tomar”.

De momento pone a todas las mujeres como violentas, pues apaleó a la criada, que dicho sea de paso era una prenda, y que le dijo al cabrón de Pera Mato:

“…le pone a vuestra merced los cuernos, y de esta suerte; y estos palos que me ha dado son sobre celos que tiene de mí;…”.

¿Celos de qué? Doña Beatriz huye, pero no se especifica si por ser culpable de algo o por temor del cabrón del Pera Mato. Y se va a las Recogidas, allí el Obispo, que seguro no tenía que hacer otra cosa más importante que meterse en cuestiones matrimoniales, y otros caballeros, pero bueno en este caso ante la falta de pruebas tratan de ayudar a Doña Beatriz, pues:

“…no habiendo más fundamentos ni verdad que lo que había dicho aquella criada…”.

Firmó el doctor el documento en el que decía no lastimarla ni herirla con arma ninguna. Y una vez firmó se la entregaron, como si de una propiedad suya se tratase Doña Beatriz. Y todos los caballeros los acompañaron a su casa y allí se la dejaron. Hasta que otro cabrón, pasado un tiempo, le colocó la sarta de cuernos en la puerta. Esto de los cuernos parece que viene de que los señores feudales cuando salían de casa, y les daba por ejercer el derecho de pernada, colgaban los cuernos de la caza en la casa del pobre súbdito cuya mujer aliviaba la dura vida del señor. Y de ahí viene lo de poner los cuernos.

El cabrón de Pera Mato se sintió deshonrado porque otro cabrón le gastó una broma a los años de lo de la criada. Y decidió matarla. Doña Beatriz pidió ayuda para su alma y Pera Mato se la concedió –no era tan cabrón-. Dios la perdono ¿Cómo? ¿Y cómo supieron lo del perdón? Lo cierto es que la ahogó. Era un caballero y tenía que cumplir con lo firmado.

Ahora se llevó cuanto de valor tenía y se fue a la Compañía que estaba cerca y la Iglesia lo protegió de la justicia. El les pagó siendo médico de los curas o frailes, gratis. Luego otro cabrón lo contrató, un Conde. ¿Pero y la justicia qué? ¿Cómo salió del convento? Se marcho a Sevilla y allí fue muy famoso, y gano dinero en demasía para dar una buena dote a su hija, y como era muy buen cristiano a la otra la hizo monja. Escribió libros y fue muy docto en... “cabronías”.

En esta época me hubiera gustado ver al Doctor, se le hubiera caído el pelo desde el primer momento.

Portada del libro


Del libro Casos Notables de la Ciudad de Córdoba, editado por Editorial Francisco Baena.

7 comentarios :

Lisístrata dijo...

Es lo q había de forma más generalizada q ahora. Tb ahora la iglesia siempre de parte de los pudientes y si ha de elegir de lado de quien se pone, si de entre hombre y mujer, siempre salen perdiendo ellas. Y si niños o curas, siempre los menores son dañados y los suyos protegidos. Siempre sectárea, injusta odiosa y a su lado en connivencia, los poderosos, acallando crímenes y tropelías con su beneplácito.

Paco Muñoz dijo...

Lisis pero eran unos HP de marca mayor. Luego la institución amparaba a todos los prendas, después estaba el perdón del rey al noble, al que se le había ido la mano, y en este caso seguro que a lo mejor no hubo ni "ayuntamiento", y aunque lo hubiera habido seguro que la culpa fue del doctor. Pero no estaba probado. La pena es que hasta hacer poco era una atenuante para los tíos el defender su honor. Y critican las lapidaciones actuales de los bestias que aún "machean" por el mundo.

Paco Muñoz dijo...

La foto no pega por lo actual, pero quiere decir "te quiero pero te mato".

Aunque también puede ser de una sesión de hipofixia.

Jerusalem dijo...

Que triste que siempre se amos las mujeres las que tienen que perder...

En mi blog tambien hice una entrada al doctro el día de la violencia domestica.

Antonio Aguilera dijo...

Si el supuesto doctor esta protegido por la nobleza y la Iglesia, aqui no hay justicia que pueda meter mano. Y menos en aquellos tiempos, claro.

Por suerte en nuestra España democratica actual estos abusos no creo que puedan suceder. Aunque siempre hay quien tiene buenos "enchufes", y se extralimita, o tiene exceso de celo en sus funciones.

Un abrazo Paco, y a LISIS si me "visua" por aqui.

PD. Sigo sin tildes

Paco Muñoz dijo...

Antonio
Mucha alegría leerte, me llegó la revista física, muchas gracias.

Llevas razón, aunque las cosas cambian creo de lavado de cara, en profundidad nunca.

Un abrazo.

Paco Muñoz dijo...

Jerusalem

Lamentablemente eso ha sido casi siempre así, y hasta hace pocos años era atenuante el honor manchado del tío.