miércoles, 31 de marzo de 2010

OTRA VISITA A LAS ERMITAS


Llegando a las Ermitas. Al fondo la ciudad

Antonio Gala dijo: “Las Ermitas cerraron el horizonte físico de mi niñez. Fueron lo alto, lo blanco, lo lejano. No son pues olvidables para mí.”

Y es cierto, desde la azotea de mi casa se veían, y mi madre siempre decía coge el catalejo y vamos a ver las Ermitas. Ella decía que bien se ve el Corazón de Jesús, bueno. De noche estaban iluminadas, y en el horizonte que dice Gala que formaba la sierra de Córdoba, recortada su oscuridad, en el cielo estrellado destacaban, como un punto luminoso vertical, ya que lo iluminado era una estatua de Jesucristo en una columna monumental, tipo Corcovado de Río, salvando las distancias claro está.

El Monumento

Luego Fernández Grilo el poeta dijo: “/Hay en mi alegre sierra/sobre las lomas, /unas casitas blancas/como palomas.//Le dan dulces esencias/los limoneros,/los verdes naranjales/y los romeros…/”, que diseñaba poéticamente el paisaje. Puedo recordar perfectamente ese “sky line” serrano. Tenía varias significativas siluetas; Las Ermitas propiamente dichas; la gran masa forestal a la derecha que formaba la iglesia del recinto, y algo más a la derecha lo que llamábamos “Pino Gordo”, un solitario árbol que destacaba por su soledad y enormidad, pues te lo imaginabas muy frondoso y grande al poderlo ver desde la ciudad.

La entrada

Pues bien el otro día había desaparecido de mi horizonte “Pino Gordo”, bueno de mi horizonte no, del real, ya no estaba en su sitio habitual, es decir no estaba. Apunté en mi libreta de cosas pendientes averiguar que le había pasado al árbol. En esa zona había unas instalaciones de radiocomunicaciones oficiales y algunas particulares, y alguna vez estuve en su cercanía. Si se sube a la Sierra por el Lagar de la Cruz, antes de llegar, a la izquierda, hay un camino que lo señala.

La cuesta del Reventón

Subir a las Ermitas no es muy complicado, el camino que lleva a ellas es pedregoso pero de suave pendiente. La Cuesta del Reventón, dicen que se llama así desde que una vez el monarca Alfonso XII reventó un caballo cuando le hizo una visita al lugar (¿?). “La Cuesta del Reventón la suben cantando para hacer picón. / Pasan por «Piquín», hay mucho jaral, si no viene el guarda traerán buen jornal.../La Cuesta del Reventón la suben cantando para hacer picón.” Esa coplilla de Ramón Medina la define perfectamente.

El sillon del obispo

Con tranquilidad la subes sin dificultad, cuando te hundes es cuando ves algún deportista que sube corriendo, y algunos mayores habituales que te dejan atrás después del saludo habitual. Es uno de los sitios en los que aún la buena costumbre de dar los buenos días, al ser humano con el que te cruzas, no se ha perdido. Algunos aspirantes a figuras del toreo y otros no menos aspirantes, la utilizan para fortalecer las piernas y el fondo.

El paseo de cipreses

Es un lugar apacible, tranquilo y se respira la paz de la sierra, y el aire sin contaminar de la ciudad. El romero cuando está en flor le pone la guinda al aire, o los pinos. Debajo la ciudad, que desde el sillón del obispo te hace sentir en las nubes. Un paseo de cipreses, lamentablemente empedrado, que te hace mirar al chino del suelo y te quita la vista de la espiritualidad vertical del ciprés, donde éste te señala.

Como te ves yo me vi

De repente una hornacina en una esquina bermellón coronada por una cruz austera, donde se bifurca el camino, hacia lo privado a la derecha, y al cementerio e iglesia a la izquierda, y dentro, tras una reja como si se fuera a marchar, encerrado, un cráneo con un mensaje: “/Como te ves, yo me vi/ como me vez, te verás, /todo para en esto aquí/piénsalo y no pecarás/”. El mensaje es certero, al final todos calvos.

El 600

A la bajada corre el agua por algunos veneros, y el seiscientos hundido en una de las últimas curvas. No sé como acabó ahí. Es como un barco en el fondo del mar, está entre la maleza, en una de las últimas curvas, de un camino que seguro fue impracticable para él, la zarza y la jara lo han colonizado y su esqueleto oxidado se deja ver entre el verdor. Lleva ahí que yo recuerde más de treinta años.

Cuesta abajo

Después la Cuesta del Reventón otra vez, abajo la ciudad, Córdoba, el valle del Guadalquivir, los buenos días, hasta luego, del cruce con los usuarios y las Ermitas se quedan en lo alto, te dejas atrás el final del verso de Grilo: ”/¡Muy alta está la cumbre, / la cruz muy alta! /¡Para llegar al cielo /cuán poco falta! /” tú, camino del infierno urbano, sigues escuchando por el auricular a Pepa Fernández en “No es un día cualquiera”, porque no lo es en el fondo, ninguno lo es.


La vega desde la altura

Fotografías del autor

6 comentarios :

Talbanés dijo...

Hola Paco, me ha gustado mucho esta entrada, que buenos momentos he pasado con mi bici de montaña en la Cuesta del Reventón y en la zona de las Ermitas en general. Que privilegiados somos al tener esta maravillosa y frondosa sierra, debemos sentirnos orgullosos de ella pero a la vez responsables para cuidarla y que nunca deje de estar como está ahora mismo, tan verde que te alegra el día sólo con mirarla desde aquí abajo. Un saludo amigo!

Paco Muñoz dijo...

Pues tengo más motivos para sentirme orgulloso con tu amistad, por la admiración que siento por todos estos que veo subir por allí con la bicicleta. Yo que he sido y soy aficionado -nunca con la de montaña- pero con unas ciertas limitaciones físicas, de la de carretera, no sabes la envidia que me dan esos jóvenes y no tan jóvenes subiendo esas rampas.

Hoy he estado en Medina Azahara y al pasar por la pista, de lo que llamábamos el aeródromo del Marqués del Mérito, que luego ubicó lo de fumigación aérea, en la parte semillana de subida -que se las trae-, que es de los tramos más duros que tiene esa carretera. Me he acordado de la bicicleta, y los ratos tan buenos que te da. Estaba el campo maravilloso con una gama de verdes de película, y de cuando una vaca parida en las cercanías de San Jerónimo nos corrió a otro amigo y a mí, que no se de donde sacamos, para quitarnos de su linea de tiro.

Es un orgullo lo que dices. Muchas gracias.

cris dijo...

No tendré tu admiración por subir esta cuesta en bicicleta, pero seguramente disfrutaría mucho paseandome por este lugar. Seguro que llegaría bien cansadita y me sentaría en la silla de ese privilegiado obispo para retomar aire y contemplar tan bello paisaje.
hasta el proximo paseo!!

Paco dijo...

ista es la más maravillosa que puedes tener de la ciudad de Córdoba (no se si la conoces), la cota no es exagerada tiene unos trescientos metros sobre el nivel del mar, teniendo en cuenta que córdoba está a ciento siete u ocho. El sillón tiene en el asiento, en su rincón derecho un agujero que es para el desagüe del agua que caiga en él, pues tiene una pequeña inclinación, y como estamos tan deseosos de leyendas y mitos, dice la de aquí que el/la que meta un dedo en el agujero se casará o encontrará su media naranja, claro el problema es que no puedas sacarlo.
A ver si me orientas lo lejos que estás de Córdoba que me ha llamado la atención. Me han llamado también la atención las sentencias de tu blog.
Un saludo.

Ben-saprut dijo...

He subido algunas veces con mi nene hasta las Ermitas desde abajo de la montaña, y es una delicia. Hay un bosque de alcornoques y otro de aligustres en el que se respira un aire puro, a solo unos metros del asfalto. Incluso hemos hecho entre los dos un mapa, dando nombre a los lugares que nos hemos encontrado. Abajo había una señalización de ruta senderista que se ve que alguien ha decidido eliminarla, pero el camino no lo puede cambiar nadie. Luego se llega a la cuesta del Reventón, y te unes a ciclistas y paseantes, rodeado de matorrales de todo tipo y cantos de aves que te hacen pensar que esto es otro mundo.
Todo esto se podría mejorar y mantener mejor de lo que se hace, pero, mientras tanto, lo mejor es disfrutarlo.

Paco Muñoz dijo...

¡Precioso! y a dos pasos de tu casa.
Merece la pena, muchos mejor temprano cuando te cruzas con muy poca gente. Luego llega un momento que parece la calle principal del pueblo. Una vez me amaneció arriba, no di marcha atrás porque había una poca luna, el riesgo era pisar donde no debieras y caerte.
Me alegro mucho de leerte Ben.