domingo, 29 de agosto de 2010

LA CALLE DE LA FERIA


La calle de la Feria
La calle de la Feria a mediados del siglo XX

La calle de la Feria fue en su tiempo la calle más larga de Córdoba, y una de las más importantes, aunque no por la calidad de sus edificios. Antes de prolongarse la ciudad hacia la Axerquía, corría a lo largo del talud que conformaba la primitiva muralla romana. Ramírez de Arellano dice que existía un egido, o porción de tierra de uso público, que dejaba al campo libre la ciudad alta o Medina, y a sus pies se veían foso llenos de agua que luego surtieron fuentes de la ciudad baja. Esta configuración la hizo acreedora de celebraciones de festejos y otras actividades, por esa razón, se llamó desde siempre de la Feria, y se la sigue llamando. Cuando el pueblo no quiere no se le pueden imponer nombres. Se la llamó después San Fernando, dedicada a Fernando III, pero nadie le dice así.

 Comienzo de la calle de la Feria
Comienzo de la calle de la Feria

Ejemplos los tenemos, en el conocido Barrio de la Guita (Sector Sur), que el ayuntamiento quería se le llamase de la Concepción, es verdad que lo de la Guita dejaba que desear, y fue como consecuencia de que la gente, con guitas con nudos tomaban las medidas de los nuevos pisos para saber si le cogía o no, este o aquel mueble, en las minúsculas viviendas, pero palacios comparados con la habitación en la casa de vecinos, o chozo donde vivían. Creo no se lo llamó nunca nadie, aunque después encajó el de Sector Sur y así se quedó.

 Calle de la Feria y su fuente de noche
Calle de la Feria y su fuente de noche

Cuando se unió la Medina con la Axerquía a esta zona de la calle de la Feria, Maese Luis y otras del entorno se la llamó Barrionuevo. Cuando se creó el Santuario de la Virgen Linares, el Cabildo encargo a la Cofradía del Hospital de la Lámpara o del Amparo la organización de la difusión de las fiestas en honor del recién creado Santuario, configurándose una feria que empezaba ocho días antes al dedicado a la Virgen citada y, mercados, cabalgatas y festejos, organizados por el gremio de calceteros, anunciaban la misma, y por eso vino en llamarla de la Feria.

 El Coloso de la calle de la Feria
El Coloso de la calle de la Feria

Existen textos que citan que se corrieron toros, y se celebraron ejecuciones y ello dio lugar a que se alquilaran sus ventanas para poder ver cómodamente esos actos, e inclusive, ante la demanda hacían agujeros en las fachadas para ampliar el alquiler de la visión. Era tal el negocio que contratos de alquiler recogían el derecho del propietario a usar las vistas. Parece ser que ésta calle tuvo balcones corridos y soportales y en acuerdo de 1551, se ordenó se quitasen los balcones corridos desde el Rastro a la plaza de San Salvador.

 El Arco de la calle de la Feria
El Arco de la calle de la Feria

Antes de llegar a Maese Luis recuerdo estuvo un tiempo la sede del Córdoba Club de Fútbol. Nada más pasada la calle citada, en la misma acera, está la fuente de la calle de la Feria. Tiene dos caños y el agua proviene de la Compañía. En 1796 el corregidor Eguiluz rehízo esta fuente, de la que se comenta fue muy alto su presupuesto para esa fecha. Del orden de cinco mil reales.

En la acera de los pares La Ermita de la Aurora, que merece una dedicación especial, adosada a la muralla de la ciudad, se usa por la Asociación de Vecinos para determinadas actividades durante todo el año.

 El Portillo
El Portillo

Algo más abajo, se abrió un arco con escaleras, y que después estuvo mucho tiempo cerrado, que se llama Junio Galión, por el que se accede a la calle de San Eulogio. Es una imitación en pequeño, por lo menos a mi me lo parece, del Arco de Cuchilleros de la Plaza Mayor de Madrid.

En esa misma acera el Portillo. La corporación municipal en 1496 le compró una casa, al propietario Sánchez Torquemada, cordonero, para abrir esa comunicación de la Medina con la Axerquía. En 1703 se ensanchó para permitir la salida de carruajes. Es lugar de variadas y curiosas historias, desde la zapatería y lo que le ocurrió al zapatero, luego o antes la piconería e incluso una casa de prostitutas, como muchas, de tres habitaciones vertical, tan estrecha de fachada como las holandesas, que hacen que uno piense que las camas las tenían que poner de pie amarradas a las paredes. Nuestro "Lorca" local, José María Alvariño, ya lo canta en un poema: ¡Pilarilla la Gitana, / en tu casa de El Portillo, / tiembla de amor la mañana / y en la acera los chulillos, / pendientes de tu ventana!

 El Portillo desde el interior
El Portillo desde el interior

Frente, la puerta del compás del Convento de San Pedro el Real, que conocemos por San Francisco, que se reformó en 2003, y por la que se accede a la placita de la Iglesia.

En la acera de los pares, la casa palacio de los Marqueses del Carpio, su llamativa torre fortaleza adosada a la muralla interior de la ciudad, con un arco que se asemeja algo al de la Puerta de Almodóvar. El palacio contiene en sus sótanos una casa romana excelentemente conservada. El origen de esta casa solariega tipo siglo XV, se debe a la donación de Fernando III a los Méndez de Sotomayor, es modelo de como en la conquista se repartió el patrimonio de la ciudad entre las familias cercanas a los conquistadores, en otras palabras, como la inmensa mayoría de las fortunas proceden del botín de guerra.

 El Portillo en ruinas
El Portillo en ruinas

En una de las casitas abajo del Palacio citado, sucedió en junio de 1985, el asesinato de Doña Clementina Coputo, la “Galápaga” apodo por el que se conocía una señora que vivió en las Cinco Calles, y que su compañero o marido vendía estos animales además de otros productos herbaceos. M.B.T. de 18 años, hijo único de D. Manuel, viudo, un practicante que tuvo su consulta en el barrio de Levante, tenía la clásica personalidad débil por los mimos de su padre, una vez fallecido éste, vivía en las cercanías de Doña Clementina y por el capricho de que le prestara su televisor, y no querer hacerlo la “Galápaga”, la golpeó causándola la muerte. Ese caso fue muy comentado. Lo que ignoro es qué ha sido de aquél niño. Hoy, si vive, tendría 42 años, y habrá cumplido su condena, salvo si en la universidad de la cárcel, no se tituló en otra carrera.

 Dibujo de Wyngaerde
Dibujo de Wyngaerde

Frente, las calles San Francisco y Romero Barros. A partir de aquí, toda esta zona y hasta la Puerta de la Pescadería, en época árabe llamada Bab al-Hadid, luego Arquillo de Calceteros, y actual Cardenal González, fue la prolongación en el tiempo de la mancebía medieval. Hoy, las casas de prostitución antaño existentes no existen. La calle de la Feria se cierra con la calle Lucano, también de la antigua mancebía y la Cruz de Rastro, testigo de los acontecimientos del siglo XV contra la población judía.

 La Cruz de Rastro 1950
La Cruz de Rastro 1950

En la Cruz de Rastro se levantó en la dictadura un arco de triunfo dedicado al general Franco, como puede verse en una fotografía. Pero también en otra ocasión, con motivo de una de las muchas celebraciones que soportó, se construyó una enorme escultura a modo de Coloso de Rodas de lado a lado de la calle, que vemos en el grabado.

En el grabado de Wyngaerde de 1657 se divisa la confluencia de este lugar con el río, y el trazado de la calle invariable con la actualidad, se ven en el talud de la orilla unas estacas que se supone eran para amarrar las barcas, siendo de suponer también, que fuese la entrada de pescado la ciudad.

Creo, sin lugar a dudas, que es una de las calles más importantes de la ciudad. Las fotografías son todas de épocas pasadas. Para terminar existe un texto de 1914 de Ricardo de Montis que se llama la calle de la Feria, que publico en su totalidad:



"LA CALLE DE LA FERIA (Ricardo de Montis, 1914)

Fue en tiempos antiguos la vía principal de Córdoba y hoy es una de la más típicas de nuestra población, aunque la mayor parte de sus primitivas casas, llenas de balcones y ventanas como las de la plaza de la Corredera ha sido sustituida por edificaciones modernas, especial en la parte superior, próxima á la calle de la Librería.

Una feria que la cofradía del Hospital del Amparo celebraba en este lugar le dio su nombre primitivo, sustituido por el de San Fernando en el año 1862.

Como estas notas son de historia contemporánea, nada hemos de decir de los actos y fiestas de que fue teatro la calle de la Feria en tiempos remotos, tales como proclamaciones de reyes, justas y torneos y corridas de toros y cañas; ni de las ejecuciones de reos verificadas en ella; ni del maravilloso decorado que ostentó en el año de 1636 con motivo de las funciones de desagravio al Santísimo Sacramento; ni aún siquiera de la figura colosal semejando un gigante de veinte varas de altura colocado cerca del templo de San Francisco para que por debajo de ella pasara la mascarada que recorrió esta ciudad en año 1789, al efectuarse la proclamación de Carlos IV.

Ya en la época presente en esta calle estaba gran parte de la industria y del comercio de Córdoba.

En sus amplios portales hallábanse las tonelerías, cuyos dueños se dedicaban, á la vez que á la fabricación de barriles, cubos y demás objetos análogos, á adobar las aceitunas, en lo cual no tuvieron competidores.

Casi todos los cordoneros de la población habitaban aquí, y en las anchas aceras de la calle instalaban tornos carretes para poder realizar con holgura las principales tareas del oficio.
Renombrados plateros tenían sus talleres en la citada vía y en ella, aunque en lugar distinto del que antes e para, figura aun uno de los establecimientos de tejidos más antiguos de esta ciudad; el conocido por la tienda los Catalanes.

Otros industriales mucho más modestos que los citados vivían también en la calle de la Feria; los paragüeros y abaniqueros que se dedicaban, no á fabricar, sino a componer abanicos, paraguas y sombrillas. Entre ellos sobresalía, por su historia y por su tipo, el famoso Goiceda, ya citado en esta obra, que se titulaba jefe de los ejércitos de don Carlos de Borbón.

En un humilde portal, próximo á la Cruz del Rastro tenía su morada un pobre hombre que se ocupaba en pintar las tablillas con los exvotos que cubren las paredes algunas iglesias. Este individuo, en cierta ocasión en que por la falta de trabajo se encontraba en la miseria más espantosa, acudió para que lo socorriera al Obispo de la Diócesis, enterado de su inagotable caridad.

Contóle sus cuitas; el Prelado le preguntó á qué se dedicaba, y como el pordiosero contestara con la mayor ingenuidad: señor a hacer milagros, el Obispo no pudo contener esta exclamación de sorpresa: ¡con que usted hace milagros y sin embargo, no tiene que comer!

La calle de la Feria en ciertos días y en determinadas épocas era lo que vulgarmente se denomina un coche parado.

¡Cuánta animación había en ella en la mañana y en la tarde del Viernes Santo con motivo de las procesiones! En sus balcones y ventanas, llenos de lujosas colgaduras, y en sus portales y en sus aceras, agolpábase medio Córdoba, hombres y mujeres luciendo los trapitos de cristianar, las galas reservadas para las fiestas solemnes.

Y cuando se registraba una gran avenida del Guadalquivir, y en las noches de paseo en la Ribera, y en las veladas de San Juan y San Pedro todo el pueblo desfilaba por esa calle, que constituía el centro de la animación de Córdoba.

Y en las calurosas noches del estío los vecinos formaban tertulias en las aceras de sus casas, mientras las mozas paseaban desde la Cruz del Rastro hasta la fuente, en animados grupos acompañadas de sus novios, que las agasajaban con el ramo de jazmines, los modestos dulces y el agua fresca de las porosas jarras en las clásicas mesillas de las arropieras.

A las altas horas de la madrugada organizábase en la ermita de la Aurora la procesión del Rosario, volviendo a animar dicha calle y sus inmediaciones.

Las noches de los sábados tenían que renunciar sueño los moradores de aquellas casas, pequeñitas pero muy alegres, llenas de balcones y ventanas convertidas en jardines. ¡Cómo dormir oyendo las continuas serenatas conque músicos de profesión y aficionados obsequiaban a nuestras mujeres!

¡Cuántas veces sorprendió el día á aquel popular y malogrado artista fundador del primitivo Centro filarmónico, sentado frente á su casa en unión de varios amigos y compañeros, tocando uno de esos originales pasodobles que encierran en sus notas el alma cordobesa!

Hoy la calle de la Feria o de San Fernando no es ni una sombra de lo que fue; se ha quedado en un extremo de la población; el comercio ha huido de ella buscando el centro; tonelerías, cordonerías y demás industrias han desaparecido casi totalmente y ya no se verifican allí fiestas ni veladas tradicionales.

El último acto memorable celebrado en dicho lugar fue el solemne descubrimiento de la lápida conmemorativa que aparece en la fachada de la casa donde murió el inspirado músico Eduardo Lucena.

Ni aún siquiera durante el piso de las procesiones del Corpus Christi y del Santo Entierro se aglomera allí actualmente el gentío que antes, porque la mayoría del público se sitúa en los lugares más céntricos de la carrera.

Solo un día de la semana, el domingo, acuden a la calle de la Feria personas de los puntos más distantes de la población; los fieles enemigos de madrugar que van a oir la misa de doce y media en la iglesia de San Francisco.

Y para que la transformación de este bello paraje de Córdoba resulte más completa y más sensible, muchas de sus humildes viviendas, que fueron templos de la honradez y del trabajo, hánse convertidos en tugurios del vicio donde se alberga toda la hez de la sociedad.

¡Tristes mudanzas de los tiempos!"

Bibliografía: T. Ramírez de Arellano y R. de Montis
Footografías: AMC, Wikipedia, Cartografía y fotografía de un siglo de urbanismo en Córdoba de P. García.

23 comentarios :

vértice dijo...

Desconocía lo del Coloso y lo del arco de Franco, lo que digo y recomiendo, no hay nada como leer tu blog, siempre aprendo algo sobre nuestra Córdoba.
Un Saludo.

ben dijo...

En fin hoy voy de detalles.de Carde
nal Gonzales desaparecieron las
prostitutas,pero están apareciendo,
en un par de calles muy proximas que desembocan en la misma,lo clasico sentadas en la spuertas,con
las piernas abiertas,refrescandose.
Has omitido,que en la calle de la Feria,también había prostitutas,más
finas ellas,más caras,claro.Y por
último,no creo que el agua que sale
ahora de la fuente,sea de la Compa
ñia.Ya ves detallles.Pero el traba
jo es estupendo,como siempre..ben"

Paco Muñoz dijo...

Emilio hace un tiempo yo no sabía lo del coloso, lo que pasa es que uno enciende la bombilla y tu a buscar para confirmarlo que siempre encuentras donde.

Paco Muñoz dijo...

Ben efectivamente, desaparecieron de la calle Cardenal Gonzalez, y de la calle de la Feria -no lo he omitido he dicho que del Portillo para abajo hasta la Cruz de Rastro estaba la mayoría de las casas, a lo mejor no lo he expresado bien- pero quedan entre el cruce de Cabezas y Badanillas en Caldereros. Un par o tres de casas y unas señoras que no son la mayoría españolas. Y los precios eran por el estilo, en la calle de la Feria que en Cardenal González, lo he preguntado, no por experiencia propia. Y efectivamente también lo del venero, me lo dijo o Colina o Laurentino, todas las fuentes que eran del Cabildo u otro origen, ahora son de la red de Emacsa. Eso era antes.
Y como siempre muchas gracias por las aclaraciones.
Un abrazo.

Manuel Estévez dijo...

migo Paco:

Reconozco que no puedo seguir tu ritmo, toques el tema que toques, haces diana en el corazón de los que amamos a Córdoba.

Hoy precisamente he estado hablando Con Rafael Granado Crespo, el entrevistado cordobés de la "Torres Gemelas" y le he dado tu entrada en Internet. Dice que allí hay una colonia de mucha gente que quiere y está interesada por las cosas de NUESTRA CORDOBA.

Al margen de esto quiero decirte que en esa calle de la Feria, estutvo la primera sede del Cordoba Club de Fútbol, que allá por el 1954,empezó a soñar por fichar a "Un Ronaldo". También alli comenzó lo que en Córdoba, sería un LABORATORIO SEÑERO COMO FUE LA MEDICAL. El famoso anticariol "despues de los ciegos y el parte" era anuncio de radio Cordoba, programado para aquellas épocas,

Eran épocas, en donde el Anis de la Asturiana, nos daba sentido de que seguíamos viviendo.

ben dijo...

Hombre pues en la Medical trabajó mi mujer,de jovencita,sería en los años 60.siempre que paso por el lugar me lo recuerda,de como tenian los dedos de llagas de meter
el papelito en la caja de cartón y
de poner el tapón roscado en los
tubos,entonces no es como ahora que
las máquinas lo hacen todo..."ben"

José Manuel Ben-saprut dijo...

¡Qué bueno eres, Paco! ¡Cómo describes y nos enseñas las cosas que nunca debemos olvidar!

Había oído sobre lo del arco de Franco, pero nunca vi una imagen. Ya la tengo. Ya me gustaría que hubiera habido una cámara oculta que reflejara los rostros de los que pasaban por debajo de ese arco. Seguro que habría muchas más sorpresas de las que pensamos.

Por cierto, ¿no había un proyecto del siglo XIX que quería recuperar la muralla de la Medina-Villa tirando las casas que hay adosadas a ellas? La verdad es que no hubiera estado tan mal. Total, las casas que allí hay no deben de tener más de cuatro o cinco metros de profundidad, y una muralla, con su barbacana, habría quedado bien, con sus naranjos y jazmineras.

¡Madre mía! Creo que me está saliendo la vena urbanita que todos llevamos dentro y estoy desvariando. Seguro que allí viven personas que no necesitan más de los metros que tienen y yo pensando en echarlos.

Voy a por el látigo. Ahora vuelvo.

Paco Muñoz dijo...

Amigo Manolo Estévez, en eso estamos, en que no se queden en el tintero historias de nuestra ciudad, que pueden gustar a unos más que a otros, pero que, para lo bueno y lo malo están ahí, y o importante es que las nuevas generaciones las conozcan y no las olviden.

A Rafael Granado lo que debías haberle dado es tu dirección que tiene más solera que la mía, y eso que no tienes publicado las ampliaciones que me pasas por vía directa. No obstante muchas gracias por la deferencia.

Ya comenté muy de pasada lo del Córdoba Club de Fútbol, y me quedó en el tintero un montón de fotografías y algunas anécdotas, Está también la autocensura a la que me someto, para no hacerme pesado, ya sabes que el vino en pequeñas dosis es un estimulante y a grandes te tira al suelo. Luego está un censor particular que tengo, que más que censor es correctora, que es el filtro de salida, por eso muchas veces para evitarla me voy de ligero y público rápido, a pesar de que se que lleva razón en la mayoría de sus apreciaciones que casi siempre son positivas. Nació en la calle Mucho Trigo y se llama Conchi.

Claro que me acuerdo del laboratorio, y del anuncio y de la letra:
“Anticariol, Anticariol, Anticariol
es la [crema] más segura
que guarda la dentadura
de las caries y el dolor.

Anticariol, Anticariol, Anticariol
pasta con penicilina,
de los dientes medicina
que habrá en todo tocador.

Debe usarse con constancia
desde la primera infancia
por ser de todas las pastas la mejor.”

Además la letra del anuncio, era de quién no mencionaba San Lorenzo en sus canciones: Don Ramón Medina.

Otra cosa rápida que me enrollo, y son más de dos medios. Detrás de los laboratorios en la calle Fernando Colón, había unos billares y futbolines, creo que era El Palacio de los Deportes. En cierta ocasión estaba un inofensivo chaval mirando una partida, y entro una “charpa” de “quíes” de billares. Como el lugar que ocupaba el chaval era bueno, uno de los prendas, el más chulillo, lo cogió del cuello con el mango de un paraguas y tiro para atrás de él que casi lo tira al suelo. En ese mismo momento, José Muñoz Martín, algo mayor que el "chulillo" que ya señalaba maneras, lo cogió del pecho, le dobló el paraguas y lo echó a empujones a la calle junto con los otros matones de futbolín. Estaba reservado el derecho de admisión y Pepe era el encargado de los billares. Cortó de raíz la pelea, bueno la pelea no, la posible paliza que le hubieran dado al chaval. El chaval como te habrás imaginado era yo, Pepe el encargado, mi padre, y el "chulillo" -no es imaginable- Miguel Reina, el padre, como es lógico.

De cualquier ladrillo sale una historieta.

Paco Muñoz dijo...

Ben, pues ya puedes pedirle una fotografía que será un documento si la tiene claro está.

Paco Muñoz dijo...

Bueno tú José Manuel, por muchas cosas. Esta mañana he pasado por tu casa de la calle Mucho Trigo, la calle también de mi "censora particular".

Lo del arco era lo lógico y, a lo peor, lo instalaba el propio régimen, pero es igual esas cosas son así. La Plaza de Oriente se llenó en cierta ocasión para vitorear al dictador, y luego poco después con Felipe Gónzalez, y no hay gente para llenar dos Plazas de Oriente (es una exageración, pero es una comparación de la veleidad de la gente, primero por miedo y luego... por eso.)

Cuando hablas del derribo, tengo que acordarme de Manuel Lozano, mi amigo de los paseos en las mañanas del permiso, que siempre que pasamos por el Arco del Puente me dice que había que tirar toda la manzana desde el Arco hasta el Caño Quebrado, incluida Vallinas y Corregidor Luis de la Cerda (ahora) para que se vea el muro de la Mezquita desde la ribera. Vamos una barbaridad, pero es su opinión y es un experto, sus conocimientos en la materia son mayores que los míos -que no tengo-, pero es más cabezón todavía.

Las casas puedes ver su profundidad en una fotografía del Portillo, que es la alineación de la muralla, la anchura la pequeña cuesta. O la que tiene la Ermita del la Aurora.

Y no te preocupes que yo me pongo también muchas veces de cara a la pared, quizás menos de las que debiera.

Laurentino dijo...

Paco, una entrada magnífica. Yo tampoco sabía lo del Coloso.
Bueno, y sólo quisiera apuntar (por favor, sin parecer pedante, que me da corte) que efectivamente la fuente de la calle de la Feria ya no se surte del venero de la Compañía, pero en el casco urbano queda una "superviviente" que aún se nutre de venero, y precisamente de éste: la del compás de San Francisco, que es copia relativamente reciente de una que aparecía en un hermoso grabado del XIX de Parcerisa. Ojálá hubiese más fuentes de este tipo y no se desperdiciase en alcantarillado, algo que no sólo es agua, sino parte de nuestra historia.

Un abrazo a todos.

Manuel Estévez dijo...

Amigo Paco:

Cuando citas a la calle la Feria es para que se cuenten incluso las anécdotas.

En el año 1961, la Semana Santa, pasaba por esa calle, y yo iba con mi novia y por primera vez salimos con una pareja amiga.

Yo, como muchos días por aquellas fechas, (no estaba aún trabajando) y estaba por tanto "tieso".

A mis amigos les dió por sentarse en las sillas de la Calle de la Feria, y yo pedí hacerlo enfrente de la Fuente.

Todo el rato estuve simulando que tenía carraspera para justificar cada dos por tres el "levantarme"
hacia la fuente.

Afortunadamente "preparado" y cuando vi al Bombero, que venía hacia nosotros con ánimo de cobrar las sillas. "Dichosa carraspera" yo me levanté y pagó el otro.

Siempre que paso por la calle de la Feria, BEBO y me paro para darle las gracias a la preciosa
fuente.

Manuel Estévez dijo...

Amigo Paco:

Cordoba será siempre Córdoba, era el año 1979, y tuve que acompañar a la secretaria del Sr. Simpson (Jefe de la Westinghouse en España) que quería comprar "maceteros de forja" para el jefe.

D. Francisco Moreno, jefe de Personal me encarga de acompañar a esta secretaria y que le enseñe una Córdoba con los mejores "maceteros". (se trataba de hacer la pelota)

Después de hablar con un experto me recomendó EL TALLER DE CUEVAS que era un herrero clásico que habia en la calle de la Feria, cerca de la entrada a los Patios de San Francisco.

llegué con toda la ilusión del mundo y nos atendió el hijo que en ese momento se disponia a comer.

En vez de atendernos con rapidez y agrado nos dijo: PERDONEN USTEDES PERO A MI ME GUSTA COMERME LA COMIDA CALENTITA".

Asi es Córdoba, sin comentarios.

Paco Muñoz dijo...

Laurentino, las aclaraciones son buenas de quien vengan, pero si son de un experto son mejor bienvenidas porque ilustran más. En una palabra que la única superviviente de esas aguas de venero es la fuente que citas. A mi siempre me ha llamado la atención el enorme caudal que tiene y el desperdicio que le suponía pensando que era potable, pero es igual que no lo sea. Lo que pasa es que estará controlada porque a veces la cortan. Y muy hermosa tú última frase

Paco Muñoz dijo...

Dos anécdotas que nos dibujan, una por la penuria de determinados tiempos, otra por la idiosincracia de determinada gente.

ben dijo...

Sinceramente Paco,ese Coloso,más bien parece Gulliver,queriendo entrar en Córdoba,desde el rio,
asustando a los parroquianos inde
fensos,que lo miran asustados,pen
sando en los impuestos,para darle
de comer.Hasta en la antigüedad
había cuentistas,para dar miedo..
"ben"

harazem dijo...

Por si te interesa, Paco, yo conservo aún el ejemplar de El Caso en el que se contaba el luctuoso suceso que dio fin a la vida de la arropiera La Galápaga a manos de Manolín, el hijo del practicante. La policía tardó dos días en encontrar en cadáver, pero las mujeres del barrio, desde la primera mañana en que no la vieron salir a barrer ya comentaban mientras le daban a escobón: El Manolín ha matao a la Galápaga. Lo hizo para poder ver a solas une película de Brigitte Bardot. La verdad es que la fulana francesa esa estaba buena de verdad, pero, hombre Manolín, como pa matá a tu vesina pa vela en la tele....

Paco Muñoz dijo...

Claro que me interesa Manolo. A Manolín lo conocía desde chico por mi barrio actual, donde su padre tenía el consultorio. Un hombre con un trabajo y un niño sin madre todo el día en la calle tirado y comiendo bocadillos y porquerías, como me dijo mi hijo que lo conocía a pesar de ser unos años más joven que Manolín.

También conocí a la Galapaga, porque vivió la casa de al lado de la de Conchi y desde el 63 son años. Entonces era joven y una cascarrabias, que no aguantaba un puñado de avispas, aunque esto no justifica nada, porque no es esa mi intención. Es para contrastar los caracteres de, un niño caprichoso que lo tuvo todo mientras se lo dio su padre, y una señora que seguro acentuó su genio al hacerse mayor.
El niño es un producto de los mimos y la protección del padre y la carencia de una madre y sobre todo de un guantazo en el momento preciso.

Lo que no se es que habrá sido de él, pienso que ha podido morir en la cárcel o una vez que salió, o haberse hecho un prenda ya del todo.

Unos decían que para lo de Brigite y otros que para un partido de fútbol, pero es lo mismo el móvil fue el capricho. Me imagino que la personalidad del chaval la tendrían en cuenta los psicólogos.

Ah, y otra cosa tenía dineros porque se los dejó su padre, lo que no se es si los había fundido cuando eso pasó.

ana dijo...

En la calle la Feria hay un lagarto,
que se come a las niñas del moño alto.

Otra vez tu blog reaviva mis recuerdos.
¡Que vieja soy!
Me veo muy pequeña en la ermita de la Aurora con mi abuela, en una novena. También me veo en la sacristía en la catequesis y en una fiesta con niños que se me desdibuja en el recuerdo.

Estoy recordando principios de los cincuenta, todo era hambre y desolación. Las mujeres de la calle la Feria se las ingeniaron para salir adelante, y montaron pequeños negocios, todas trabajaban.

Mi abuela Ana, "la lechera", tenía su despacho mas arriba de donde estaba la farmacia.
El local era amplio, había además de la famosa foto de Franco, unas sillas. Allí las clientas organizaban tertulia con ella mientras esperaban al arriero que era un cojonazos.
Nada mas llegar, mi abuela le regañaba por la tardanza, luego media la pureza de la leche y volvía otra vez a la carga por haberle echado agua.
Ella apartaba en una gran olla, leche para las que estaban criando, para las embrazadas, para las que tenían niños pequeños, para el fulanito que estaba enfermo, etc.etc. Ya que tenia a toda su clientela apartada, echaba un poco de agua al resto.
¡Tengo que ganar algo! Se defendía.

Josefa, "la de los periódicos" ponía los periódicos sobre una tabla en el portal y un cestillo al lado para que el que comprara dejara allí el importe, luego repartía los diarios a los abonados. Los llevaba sujetos por un cinto de cuero que le cruzaba el pecho a modo de bandolera.La mercancía pesaba. hacia un descansito en el despacho de mi abuela, donde se encontraba con Anita, "la rifaora" que desde bien temprano llevaba su ristra de números. Rifaba alimentos, un salchichón, una lata de melocoton en almíbar, cosas así.

"Las del punto", tejían saquitos de bebe para Fabra, sentadas en el balcón que lindaba con la Aurora, tejían a una velocidad de maquina, mientras no se perdían detalle de lo que ocurría en su entorno.

Conchita, "la planchaora" tenia un taller con muchas mujeres trabajando para ella, eran muy alegres, cantaba a coro, a mi me gustaba entrar a verlas, Ponían sus planchas en una gran estufa de hierro. era un trabajo muy pesado.

Amalia "la modista", una artista en su oficio.

Podría seguir citando "personajes" pero se haría demasiado largo mi comentario, simplemente he querido "homenajear" a las mujeres trabajadoras de aquellos años, que con ingenio y mucho esfuerzo lograron sacar algún dinerillo para sus casas.

ana dijo...

En la calle la Feria hay un lagarto,
que se come a las niñas del moño alto.

Otra vez tu blog reaviva mis recuerdos.
¡Que vieja soy!
Me veo muy pequeña en la ermita de la Aurora con mi abuela, en una novena. También me veo en la sacristía en la catequesis y en una fiesta con niños que se me desdibuja en el recuerdo.

Estoy recordando principios de los cincuenta, todo era hambre y desolación. Las mujeres de la calle la Feria se las ingeniaron para salir adelante, y montaron pequeños negocios, todas trabajaban.

Mi abuela Ana, "la lechera", tenía su despacho mas arriba de donde estaba la farmacia.
El local era amplio, había además de la famosa foto de Franco, unas sillas. Allí las clientas organizaban tertulia con ella mientras esperaban al arriero que era un cojonazos.
Nada mas llegar, mi abuela le regañaba por la tardanza, luego media la pureza de la leche y volvía otra vez a la carga por haberle echado agua.
Ella apartaba en una gran olla, leche para las que estaban criando, para las embrazadas, para las que tenían niños pequeños, para el fulanito que estaba enfermo, etc.etc. Ya que tenia a toda su clientela apartada, echaba un poco de agua al resto.
¡Tengo que ganar algo! Se defendía.

Josefa, "la de los periódicos" ponía los periódicos sobre una tabla en el portal y un cestillo al lado para que el que comprara dejara allí el importe, luego repartía los diarios a los abonados. Los llevaba sujetos por un cinto de cuero que le cruzaba el pecho a modo de bandolera.La mercancía pesaba. hacia un descansito en el despacho de mi abuela, donde se encontraba con Anita, "la rifaora" que desde bien temprano llevaba su ristra de números. Rifaba alimentos, un salchichón, una lata de melocoton en almíbar, cosas así.

"Las del punto", tejían saquitos de bebe para Fabra, sentadas en el balcón que lindaba con la Aurora, tejían a una velocidad de maquina, mientras no se perdían detalle de lo que ocurría en su entorno.

Conchita, "la planchaora" tenia un taller con muchas mujeres trabajando para ella, eran muy alegres, cantaba a coro, a mi me gustaba entrar a verlas, Ponían sus planchas en una gran estufa de hierro. era un trabajo muy pesado.

Amalia "la modista", una artista en su oficio.

Podría seguir citando "personajes" pero se haría demasiado largo mi comentario, simplemente he querido "homenajear" a las mujeres trabajadoras de aquellos años, que con ingenio y mucho esfuerzo lograron sacar algún dinerillo para sus casas.

Paco dijo...

Ana que documento más bonito nos has dejado. Muchas gracias. No sabes lo orgulloso que me siento haber podido activar esa memoria. Y no eres vieja, desde luego que no, vieja puede ser la ropa, o la casa, pero tu mientras tengas memoria. no.

Muchas gracias nuevamente.

Manuel Estévez dijo...

Amigo Paco

En la casa que hay por encima de la que fue la "Taberna de Castejón" estaba la Herrería de mi amigo Cuevas. Todavía vive allí su hermana.

Pues bien en esa casa, cuando el Padre del amigo Cuevas, un gran profesional de la forja (1920), todavía se podían ver las cuadras de los caballos.

Aquella casa, funcionó hasta el siglo XIX, como casa de Postas y Diligencias.El número de la casa actualmente es el nº 45.

Saludos

Paco Muñoz dijo...

Manuel

Interesantes datos, si cuando digo que lo mejor de las entradas son los comentarios es por algo.