miércoles, 17 de noviembre de 2010

IGLESIA ABACIAL DE ALCALÁ LA REAL

Vista de la Iglesia Abacial desde la torre de la Cárcel.

Hoy procede, para seguir con la trilogía marcada en la entrada del Castillo de la Mota, Iglesia Abacial y Museo, la iglesia Abacial. Cuando la conquista definitiva de la ciudad por Alfonso XI, el cristianismo, como cualquier religión hace con la anterior, ocupó la ciudadela y que cosa mejor hacer que, construir una enorme iglesia encima de una antigua mezquita, que lo estaría encima de un templo visigodo -como supongo lo pruebas las tumbas visigodas que hay en el suelo de la iglesia-, y éste de uno romano y así sucesivamente.

Fachada occidental y pórtico de entrada.

Pero además no bastaba con eso, había que adosarle una alta torre (42 mts.), que superara en altura la del homenaje del Alcázar árabe, para demostrar la supremacía de la cruz sobre la media luna. Y así se hizo, se buscó el favor real y se edificó la iglesia Abacial en el lugar citado, primero con una cierta modestia para luego darle el boato necesario años, bastante, más tarde.

Fachadas oriental y norte.

Además de subir en altura la torre subió también el orden espiritual. La nueva jurisdicción de la Sede del Patronato Real comprende; Almedinilla, Castillo de Locubín, Priego de Córdoba, Carcabuey, Frailes y Noalejo.

Interior; coro, capilla bautismal, puerta principal y sacristía.

La Iglesia está ubicada al sur de la Alcazaba, en el barrio noble de la ciudadela fortificada, con sus direcciones de planta adecuadas, la puerta principal al oeste y el altar mayor al este, creo que mirando a Jerusalén. Sus medidas, sin edificios que le hagan sombra en su cercanía me parecen descomunales. La soledad de su entorno la destaca más.   

Pilares.

Había otra iglesia anterior, que la actual, más modesta. Se comenzó a construir en 1530 y se terminó en 1627. El chapitel se reformó después -el chapitel es el elemento arquitectónico que culmina la torre, si es de punta aguda se llama de aguja-. Tuvo tres fases importantes en su construcción, la primera de ellas  la inició el Abad Juan de Ávila –no tiene nada que ver con el santo-, que se circunscribió a la base y el proyecto fue de Martín de Bolívar.

Bóveda.

Tiene, como sustentación, cuatro pilares que, ayudados por los contrafuertes de las fachadas sostienen las bóvedas. Estas reminiscencias góticas se acercan o se confunden con lo plateresco de; los escudos, rosetas, hojas de acanto, conchas, etc. Su planta se componen de tres naves de dos tramos, en el primero la torre y el coro. El chapitel se incorpora después y se reconstruye en la tercera fase por la mitad del XVII.

Portada fachada. 

La portada se ubica entre dos contrafuertes, de los cuatro que tiene la fachada occidental. La piedra procede de la Cantera Blanca, en las cercanías de Alcalá la Real. Es un arco carpanel o apainelado, rematado por una cornisa. El arco de medio punto decorado con profusión, con dos columnas en sus lados y el escudo del Patrono Abad. En el friso hay un texto en latino que dice: “Aquí no hay otra cosa que la casa de Dios y la puerta del cielo”. Un gran medallón configura el tímpano y aletones enormes a los lados.

Cubierta.

Una segunda fase en el siglo XVI remodela la parte central, después de treinta años. Un Abad, Maximiliano de Austria comienza y luego, Alonso de Mendoza continúa. La nave de veinte por dieciséis metros, del granadino Ambrosio de Vico, y de los maestros canteros de “los pilares de la tierra”, Ginés Martínez y Miguel de Bolívar. Dos pisos en los muros, primero seis arcos de medio punto, tres capillas hornacinas y tres portadas. El segundo piso, arcos ojivales armoniosos con los primeros. Ginés Martínez fue el constructor de la escalera del Obradoiro de Santiago, y un antecedente de está escalera está en las Casas del Cabildo adosadas a la Iglesia que nos ocupa.

Patio

En el muro norte, el que mira a la Alcazaba árabe, existe tapiada lo que fue la Puerta del Perdón, este sería el lado del evangelio. Ésta se compone de dos cuerpos, un arco flanqueado por dos pares de columnas, uno a cada lado y un ático con un relieve de la Asunción. Un frontón triangular con el escudo del Abad y dos escudos heráldicos desconocidos, borrados. La puerta sur, la de la epístola, comunica con la capilla del Deán. La sacristía y el Cabildo son de puertas adinteladas. La Capilla del Deán es nombrada así por el deán Juan Alonso  Chirino, que también lo fue de la catedral de Córdoba.

Puerta del Perdón, fachada norte.

La capilla bautismal merece una parada, es de doble portada y tiene dos relieves circulares a ambos lados, con dos efigies. Unos dicen que son la de D. Diego de Siloé y su esposa, y otro que lo normal es que representen a Adán y Eva. Está coronada la capilla por una bóveda de rosetones. Parece ser que la pila bautismal está en la iglesia del cercano pueblo de Frailes, donde se trasladó en el año 1778. El Abad Pedro de Moya terminó la obra en 1627. Levanta tres grandes arcos en el muro oriental, con bóvedas elípticas en cada uno de los tres espacios creados.

          
Bóveda capilla bautismal.

Se culpa a la invasión francesa, en 1810, del abandono. La iglesia fue utilizada por ellos como almacén y dependencias militares El 15 de septiembre de 1812 el ejército francés voló el polvorín que, estaba situado en la torre de la Cárcel, una pequeña fortificación en el lienzo sur de la muralla de la ciudadela, además de prenderle fuego a la iglesia. La realidad es que, parece ser que hubo una petición de dinero, por el Jefe de la fuerza militar invasora para aprovisionamiento y víveres que, o fue mucha la cantidad reclamada, o el cabildo no quiso soltarla. El cabildo civil le echó en cara al eclesiástico, después, su desinterés por las alturas y su deseo de bajar al valle.

Portada capilla bautismal.

El incendio significó la caída de la bóveda. Justo es decir que, determinadas reformas liberales del XIX y los acuerdos del 1851 con la Santa Sede, conllevaron la desaparición definitiva de la Abadía. Cuestión que significó su abandono. Luego el ayuntamiento la convirtió en cementerio, todo ello llevó a que en el año 1874 se derrumbaran, las bóvedas y la cúpula de la capilla Mayor.

Tumbas en la nave.

La guerra “incivil” del 36/39 del siglo pasado, no incidió ni para bueno ni para malo en la Iglesia Abacial. Parece ser que con cargo a un organismo creado en la posguerra, que se llamó de “Regiones Devastadas”, a pesar que el deterioro del monumento no lo fue causa de la contienda, se repararon parte de las bóvedas. En 1981 se procedió a consolidar el chapitel de la torre. En los años noventa del siglo XX, se procede a reforzar el perímetro y a cubrir la iglesia, con el objetivo de protección del edificio. 

Gárgolas en la escalera de caracol.

En la misma década citada, por el Taller de Arqueología de la Escuela Taller “2”, se llevó a cabo una excavación detallada. Y estima en sus conclusiones que hay dos tipos de asentamientos civil, militar y funerario. Dos aljibes y enormes sillares se consideran de la época romana.

Tumba excavada en la roca.

Hay, como puede verse en las fotografías, tumbas excavadas en la roca, que bien pudieran deberse a la época visigoda. Después, estos enterramientos parecen ser reutilizados en la época musulmana. Luego están los indicios arquitectónicos góticos y las criptas ya de una época renacentista.

Galería Casa del Deán.

La última reforma, desde luego, es la actual, de hace muy poco tiempo, ya en el siglo XXI, realizada desde mí punto de vista con bastante mimo, que hace que merezca la pena disfrutarla. En la entrada existe una cómoda escalera de caracol que sube al coro y a una dependencia donde está la figura del deán, escribiendo delante de un espejo, y una talla de una imagen. La nave central, está cubierta en el lado de la epístola por un pasillo transparente que, si superas la sensación de vértigo que produce, acomodando tu cerebro a que el material transparente aguantará tu peso, permite pasar por encima de las tumbas y criptas, hasta la casa del Deán.  

Al fondo Sierra Nevada.

Un pasillo de cinco arcos con cristales, permite divisar un paisaje precioso de Sierra Nevada. Una de las fotografías, que es de Conchi –“a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”-, permite contemplar su funcionalidad. Arriba existe una sala de proyecciones. La realidad evidente es que merece la pena visitarla, ya que de una tacada se visita el yacimiento, la Iglesia que nos ocupa, la Alcazaba Árabe, el Museo arqueológico, y muchas cosas más que tiene esta hermosa ciudad.


Bibliografía: Asoc. Alcalá Histórica y otras.
Fotografía: Autor, Conchi y dos de la asociación citada.