martes, 29 de junio de 2010

LA ERMITA DE SAN PEDRO DE ALCOCER (EL CARPIO)

Ermita de San Pedro de Alcocer

Visitar las Grúas de El Carpio conlleva, obligatoriamente, visitar la Ermita de San Pedro. Seas o no creyente merece la pena. Un entorno muy bien cuidado, con un ambiente paz y tranquilidad y flores, muchas flores. Eso es lo tangible, luego si te introduces en la historia ahí debes tirar de publicaciones e historias orales. Al final te das cuenta que, casi siempre, los lugares que una civilización considera sagrados, es porque otra civilización más vieja los ha considerado también, casi siempre de distinto credo.

Contrafuertes laterales traseros

Plinio ya citó este lugar, por lo menos lo situaron los eruditos, como la Onuba romana. Después seguro que los visigodos utilizaron las instalaciones, y luego los árabes. Antes, mucho antes la cultura de la edad del bronce ya había dejado vestigios que han sido estudiados. Discretos fragmentos cerámicos de dos mil años a.C. han aparecido en los distintos estratos estudiados, así como iberos y bastantes romanos. En 1985 se hizo un trabajo y se llegó a descubrir a 1,30m. de profundidad una entrada a un silo de arenisca, que conectaba con otro construido de ladrillo y teja, ambos subterráneos. Así como los restos de lo que fue una fortaleza árabe.

Contrafuertes laterales delanteros

En la época árabe, se llamó Al-Qusayr, el palazuelo o palacete, que por deformación fue Alcocer. En ese tiempo era el núcleo consolidado de los carpeños del momento. Luego, la conquista -siempre puntualizo que fue conquista, pues no se puede reconquistar lo que no ha sido tuyo nunca-, en 1240 de Fernando III, éste que fue el repartidor del grandioso botín de guerra entre sus huestes, se lo dio a la familia de Méndez de Sotomayor y por 1325, Garci Méndez de Sotomayor, un descendiente, tomó el control, éste edificó la Torre actual. Y claro a su sombra y protección, el núcleo de la orilla del río se fue abandonando y poblándose los alrededores de la Torre fortaleza, como casi en todas las aldeas medievales.

Altar de la Ermita

Fue uno de los señoríos más importantes de la zona, en 1549 lo elevan a marquesado, y alcanzó su jurisdicción a Pedro Abad y Adamuz, y a algunos núcleos de los Pedroches. La casa de Haro, como figura en una lápida de la Ermita, se une a la de Alba, a finales del XVII. Ésta es ahora en la actualidad una de las grandes propiedades de la villa.

Puerta principal

La Ermita que nos ocupa, está datada en el S. XV, por la forma de su construcción, contrafuertes, y el barroquismo de su decoración. En su interior se aloja, el patrón cristiano de El Carpio, Nuestro Señor Ecce Hommo, en presbiterio rectangular. Está construida de ladrillo de planta rectangular, cubierta con bóveda de cañón dividida en cinco tramos, apoyados en pilastras, decoradas con yeserías geométricas planas.

Imágen del titular

La portada es un arco de medio punto, y el pórtico dos arcos descansando en una pilastra central. Tiene una espadaña simple. Los contrafuertes del exterior la fechan en el citado siglo XV. Toda ella es barroca. Tiene una puerta lateral que da al hermoso patio. Y una pequeña habitación sin salida con una ventana.

Lateral al patio

La fiesta más importante que se celebra es, la Romería de Nuestro Señor Ecce Hommo, patrón de la villa. Desde 1756, cuando se trajo un tal de la Ripa, una imagen de Italia, que parece creó Labartini. La actual se construyó, con motivo de la destrucción de la primera en la guerra civil, por un imaginero granadino llamado Miguel Espinosa, en 1944.

Patio

Pareja a la fiesta citada se da otra en honor de la Cruz. Su origen se liga a la leyenda de un trozo del Lignum Crucis, que parece le regaló el Papa Alejandro VI, en 1473 a Diego López de Haro. El día 3 de mayo se baja en romería, la imagen a la Ermita. Luego sigue la fiesta con los tradicionales peroles cordobeses en los alrededores de la Ermita. Finalizan los actos con la subida al altar de la imagen y, a esperar al siguiente año.

Geranios en el Patio

Un entorno bonito e histórico, a dos pasos de la ciudad, en un paraje protegido como Bien Cultural por la Junta de Andalucía. Siempre me llama la atención que cualquier sencillo lugar de la geografía cordobesa, tiene muchísima más historia a su alrededor, de la que somos capaces de imaginar.

Lápida dónde figura el nombre de la Casa de Haro

Fotografías de los mismos de las Grúas.

domingo, 27 de junio de 2010

UN "TSUNAMI" DE NUBES NEGRAS


El espectacular gusano de nubes negras en un cielo azul.

Como el pasado día estuvimos tratando un asunto de nubes “místicas”, hoy quiero publicar unas fotografías que me gustaron mucho un día, de un fenómeno atmosférico que acaeció en mi barrio. En realidad fue en la ciudad, pero como desde la cubierta de mi casa, se tiene un amplio horizonte hacía el oeste parecía que afectaba sólo al sector de Levante. Una tarde cualquiera de un día despejado, de un azul intenso, me llamó Conchi a la azotea. El espectáculo puede verse en los vídeos y fotografías, fuera de lo normal.

Cada vez más negro.

Muchas veces tenemos alrededor múltiples fenómenos que simplemente son maravillosos. Este fue una especie de tormenta en un tubo. Una enorme lengua de nubes oscuras camino de oriente, un gigantesco gusano de algodón sucio, perfectamente delimitado por arriba y por abajo, con principio y final. En algunas fotografías aparenta ser un tsunami gigantesco que nos va a abordar.

La ola está rompiendo en las antenas.

Una gigantesca ola que parecía nos iba a invadir en cualquier momento, pero sin embargo, seguro que ésta fiel a unas normas no escritas no lo haría, y seguiría su camino hacia el este, como así ocurrió. No sé qué mecanismos meteorológicos hicieron que ocurriera ese fenómeno, ni creo que sea tan importante saberlo, en realidad la cuestión es separar lo estético de lo físico.

El blanco parece tímido.

El tener siempre la cámara a mano tiene, que puedes inmortalizar cualquier cosa. Fue muy rápido, apareció como por San Jerónimo y se marchó camino de “Graná”. Luego quedaron unos residuos espectaculares, pero no de la magnitud del principal y el cielo nuevamente azul como al principio. Incluso un tímido avión pareció ser comido por la gigantesca boca del final del gusano, he dicho boca, pero al final no es boca, es cloaca.

Un pico de nieve.

Las fotografías merecen la pena por su grandiosidad, en esta ciudad de grandes cielos limpios, e intensa luz envidiada por los pueblos del norte. No todos los días podemos presenciar estos meteoros.

El final del gusano.

VIDEOS

Vídeo “Gusano de Nubes Negras sobre Córdoba”



Vídeo “Nubes sobre Córdoba”



Vídeo “Al final se lo tragó”




Fotos del autor

sábado, 26 de junio de 2010

LAS GRÚAS O PRESAS DE EL CARPIO.


Perspectiva desde debajo de Las Grúas

El punto de partida de las cosas siempre es eso un punto, una pequeñez, es como el fuego que por muy grande que sea después siempre comienza con una chispa. En este caso la chispa fue una fotografía que Joaquina León -una carpeña afincada en Mallorca-, publicó en Facebook, y que me hizo preguntarle por una rara construcción que existe en la orilla del Guadalquivir.

-Son las Grúas de El Carpio, Paco. –me dijo.

Como ya estaba encendida la mecha de la curiosidad, pregunté a un compañero, Mateo, oriundo de allí también, y me aclaró que fue sitio de sus juegos -de riesgo-, de niños atrevidos. Ni cortos ni perezosos, aprovechando la mañana del sábado cuando la enfermería de la casa estaba en franca mejoría, Conchi y yo le hicimos una visita. Y así ha sido. Fue dejar a un lado la azucarera y poner rumbo a la Ermita de S. Pedro, e inmediatamente detrás, donde sitúan los estudios, restos del Castillo de Alcocer, aparecen Las Grúas o Las Presas. Una obra hidráulica en el río con un azud que lo corta en diagonal, para dirigir la corriente del Guadalquivir a la edificación. Allí por un sistema de norias subían el agua del río para regar el amplio meandro del mismo, en cuyo vértice principal, se halla la central eléctrica que Azorín construyó en su momento, pero esto será en otra distinta entrada pues se merece una exclusiva.

Vistas desde la entrada a la parte superior

Se cree que todo parte del primitivo Señor del Carpio, D. Luis Méndez de Haro, en 1537, que quería hacer regables sus tierras con suficiente agua, y creo un nuevo cauce, éste fue el precedente de las obras futuras que realizaría su sucesor, durante la década de los sesenta del siglo XVI. Las obras se realizaron entre el 1561-1568. En la actualidad solo queda la construcción en piedra habiendo desaparecido las ruedas mientras que las acequias han sido transformadas y adaptadas a las necesidades actuales.

Entrada a la parte alta con al fecha de la modificación del S.XIX

Luego han tenido una reforma en el siglo XIX, cuando el sistema se actualizó e incluso se le incluyó el escudo de los marqueses de El Carpio, cuya leyenda heráldica dice:“En campo de plata 2 lobos de sable, pasantes, puestas en palo y cebados de un cordero; primera bordura de plata con 4 pedazos de cadena de azur, colocados en cruz, rodeada de otra bordura de gules con 8 aspas de oro”. A pesar de ello en nuestros días es un edificio en ruinas, con las norias desaparecidas pero del que aún se puede apreciar su importancia. Da la impresión de que en su momento movieron una turbina para la fabricación de electricidad, aunque de esto no estoy muy seguro.

Azud para alimentar Las Grúas

A dos pasos de Córdoba, en una ciudad preciosa, El Carpio -Alcocer (Al-Qusayr), de los árabes o la Onuba romana-, que su topónimo significa cerro, y evidentemente la configuración urbana del municipio lo está en uno de unos 183 metros de altura. Se encuentran en una corta extensión de terreno una serie de monumentos que merece la pena visitar y, al igual que la central eléctrica, la ciudad requiere una dedicación exclusiva.

Dos de los gigantescos eucaliptus que dan sombra y olor balsámico al camino que viene desde la Ermita de S. Pedro

Rebuscando en la heráldica de la “nobleza”, descubrimos que los padres de D. Luis Méndez de Haro, son Diego López de Haro y Hurtado de Mendoza se casa en segundas nupcias con Doña Beatriz de Sotomayor Señora del Carpio, hija de Luis Méndez de Sotomayor, que fue señor de las villas de El Carpio, Morente y Pinilla, ejerció de embajador en Roma, y su esposa María de Solier Fernández de Córdoba, hija de Martín Fernández de Córdoba, Alcaide de los Donceles y su segunda esposa Beatriz de Solier.

Otra prespectiva del camino

Como curiosidad “el Papa Alejandro VI le regaló un trozo de la Cruz, reliquia que se venera hoy en la iglesia del Carpio, donde está el sepulcro de esta familia”. Y ya es bastante la difusión de estos personajes de sangre azul aunque lamentablemente forman parte de la historia.

El camino a la Ermita, el río y al fondo el Carpio

Si se quieren ampliar detalles sobre el ingenio hidráulico en el Decreto 29/200 de 29 de enero en el que se declara Bien de Interés cultural se pueden ver.


Fotos del autor y de su poder ejecutivo al alimón.

jueves, 24 de junio de 2010

UN "GRAFITERO" DE POCA MONTA Y MENOS EDAD


Jerry Lewis

Ángel Baquerizo era uno de los hijos de la familia Baquerizo de la Mezquita. La casa esquina a Medina y Corella era un enorme palacio que ahora contiene, como casi todo en ese barrio, un restaurante o una tienda de recuerdos. Antes -no hace tantos años-, era la casa familiar, cuando la mayoría de los hermanos estaban solteros. Su padre era labrador. Manolo, Luis, Alfredo, Álvaro, Javier, Fernando, Ángel, Pepe, se me queda alguno atrás, seguro, con la lista de estos hermanos me pasaba como con la de los reyes Godos. Bueno no he mencionado a la única hermana que se casó con Pascual Calderón, que fue presidente de la Diputación y creo que Gobernador Civil de Jaén. Obvio decir la afinidad de D. Pascual en ese tiempo, pero también es obvio decir que eran tiempos de afinidad única.

Simulación del graffiti en la fachada

Es importante señalar que a pesar de las diferencias económicas, la mayoría de ellos tenía sus amigos en las clases humildes del barrio. No existía discriminación por esas razones. Creo que la mayoría han fallecido, puedo precisarlo de siete por lo menos. A mí me interesa Ángel, que era un excelente pintor, un artista. Trabajaba en una importante empresa cordobesa, luego la pintura era accesoria a pesar de su calidad. Vivía en la calle Medina y Corella esquina a la plazuela de la puerta falsa de Maternidad, hoy Filmoteca de Andalucía. Es una casita pequeña comparada con la de la familia. La misma casa de la fotografía de la simulación. Allí estuvo viviendo hasta que se mudaron creo que a Ciudad Jardín. Su esposa era amiga de mi madre y una mujer muy agradable.
Automóvil

Los chavales de la calle, del barrio, eran como todos los chavales, traviesos y alguno un poco cafre. A mí se me ocurrió un día hacer un grafiti -entonces no sabíamos lo que era un grafiti- en su fachada, cogí el carboncillo y pinté el rostro de un cómico americano, Jerry Lewis. Mira por donde no había aún terminado la obra cuando salió Ángel y casi nos pilla, miró el dibujo. Estábamos tres, yo había escondido ya el útil de pintar por lo que no sabía quien había sido. Ángel imponía. Con un enorme vozarrón preguntó:

-¿Quién ha sido el que ha pintado esto?

Todos sabedores de que podíamos ganarnos un cogotazo, nos miramos. El “artista” fue señalado y delatado por el más tembloroso, por el chivato que trataba de evitar que lo culpara a él:

-Éste ha sido D. Ángel. -dijo tocándome en el hombro.

No reaccioné adecuadamente, la calleja es estrecha, y antes de darme cuenta ya me había cogido del brazo. Me pareció grandísimo. Casi me levantó sujetándome y me preguntó:

-¿Tú quién eres?-se dirigió a mí apretándome el brazo.

-El hijo de Loles. –le contesté asustado. Esperando su reacción, intenté retirarme, pero era imposible zafarse de su mano.

-¡Vamos para tu casa! -Gritó.

Salimos a la calle Torrijos y veía en la cara del chivato y en la del otro, una expresión que significaba, ahora le dará el guantazo. No me tocó. Todavía sujeto llegamos a mi casa, es obvio pues si me hubiera soltado ni Emil Zatopek -el checo llamado la Locomotora humana-, me hubiera dado alcance.

-¡Loles! –Gritó violentamente mirando a la reja de mi casa, por la que al momento asomó mi madre.

-¿Qué quieres? ¡Oye suelta a mi hijo –le dijo al darse cuenta de el apresamiento-, bajo enseguida!

Ahora las cosas se ponían feas, si mi madre aceptaba las quejas que le diese podría encontrarme con cogotazo de Ángel y el zapatillazo de Loles, es decir totalmente perdido. Mi madre apareció por la puerta, defendiendo a su cachorro.

-¡Suéltalo ya! ¿Qué pasa? ¿Qué es lo que ha hecho? –le inquirió.

Ángel en un tono mucho más calmado, ahora no era un niño con quien se las jugaba, le dijo:

-¡Éste es tu hijo! ¿no? Pues ha pintado en mi pared una cara y… creo que podíamos procurar que fuera al Dibujo. –dijo en un tono consejero.

El Dibujo era como se llamaba la Escuela de Artes y Oficios de Santiago. Aquello me distendió ya del todo, no habría violencia de ninguna clase. Estaba tratando de ayudar desde su punto de vista de artista, había considerado que había en el dibujo algunas maneras. Me soltó, y yo quedé a la expectativa. Continuó:

-¡Ven conmigo, Loles, vamos a mi casa, para que lo veas!

Los tres, conmigo rezagado, fuimos a su casa. Ante la fachada, él le explicó a mi madre que podría merecer la pena. Yo tenía nueve años. Mi madre le dijo:

-Lo pensaremos, ya hablaré con su padre. ¡Oye Ángel, ahora vengo con un poco de cal y te borro el dibujo de la fachada!

-¡No no te preocupes ya lo quitamos nosotros, pero no te olvides de lo que te he dicho.

Nosotros volvimos a mi casa, yo recibí un rapapolvos, por pintar en la pared de una casa. Luego hablaron mi padre y mi madre y me preguntaron si quería asistir al Dibujo. Pero a mí me interesaban más otras cosas, entrar de aprendiz en la orfebrería de Paco Díaz Roncero, como así ocurrió.

Conchi con dieciseis años

Lo llamativo era que lo que hubiera supuesto normalmente un cogotazo, y una réplica de mi madre, se quedó en una recomendación artística increíble. A partir de ese momento no volví a pintar en la fachada de Ángel Baquerizo de Poli, el “Baquerizo el pintor”, ni en ninguna otra, y cuando me cruzaba con él le daba los buenos días y las buenas tarde. Ya no me daba miedo. Luego en casi mi otoño y él ya en su invierno, tuve oportunidad de solucionarle una cuestión de su barrio, de forma institucional.

Antílopes

Habían pasado muchos años pero aún se acordaba del "grafitero". El dibujo siempre fue una de mis pasiones, pero hay que decir que los dibujos de; los antílopes, el coche, y el Jerry Lewis, son de un niño de ocho años. Luego después, con los años, me enamoré de una excelente pintora, Conchi -que pinté a los diecisiete-, que lo hace bastante mejor que yo, y se acabó el pintar definitivamente. Vamos que no pinto nada de nada, y cada día menos.

Fotos y dibujos del autor.

miércoles, 23 de junio de 2010

UN HALO DE "SANTIDAD".


El monumento entre nubes.

El sábado pasado durante el paseo fotográfico con D. Francisco Madrigal, hablamos de una serie de fotografías “místicas”, que en cierta ocasión hice en el Desierto de Belén. Era un 25 de marzo, de hace unos años. Salí de la ciudad de noche, y estaba totalmente nublado, cuestión que no es problema pues una buena mochila admite todos los artilugios necesarios, y estoy pensando en un adecuado impermeable. Todos, menos el que más me hizo falta, las pilas para la linterna, que llevaba pero con ellas agotadas.

Hacia el este.

Como no era plan de volverse, seguí el camino incrementando la precaución. Había que poner los pies en el sitio adecuado pues una simple piedra te podía hacer la puñeta. A medida que iba subiendo la luz se incrementaba, pero continuaba nublado. Llegó un momento en que una niebla espesa se había apropiado del camino, con una carga de humedad notable que notaba. De momento se aclaró y pasé a disfrutar del espectáculo de estar por encima del manto de nubes.

Hacia el oeste.

Cualquiera que haya tenido la suerte de viajar a Tenerife sabrá que esto es una cosa muy habitual. Cuando desde San Cristóbal de la Laguna subes el monte de las Mercedes camino del Teide, por la TF-24, llega un momento que, el Puerto de la Cruz y el Valle de la Orotava está tapizado de algodón. Un verdadero espectáculo de la naturaleza. Bueno pues casi igual, con la diferencia que aquí no es corriente, por eso fue especial.

Un trozo del antiguo molino de aceite.

Una vez arriba, el cielo estaba a retazos de azul y de estratos. Otros tipos de nubes también competían en el cielo. Dentro del recinto, en su mirador oeste, dónde está el sillón con el Vítor franquista -que no lo es, por ser éste más antiguo- ocurrió el “milagro”, hice una fotografía dirección a Piquín y una aureola brillante se reflejó en las nubes con mi silueta recortada en ella.

El "halo de santidad".

De santidad nada de nada, faltaría más. De ovnis menos, aunque lo segundo es más probable. La explicación científica es el incipiente sol de la mañana proyectado sobre las minúsculas gotitas de humedad, de la pantalla de nubes del valle. Más o menos igual que cuando en el gallinero del Duque de Rivas alguien pasaba por delante de la ventanilla de proyección, o ponía la mano para hacer la gracia. Como los del corner de los partidos de fútbol televisados de antes, para que los viese su cuñado. Ahora se ven en la pantalla gigante y se vuelven locos/as, cosas de la tele.

El "halo ampliado".

La realidad es que no son corrientes las tomas, y por ello las considero algo especiales. De todas formas, es estar en el momento adecuado en el sitio adecuado. Me acordé de ellas cuando hablé con Paco, y luego se lo comenté a Ben, otro gran conocedor del Desierto. Por eso las he publicado hoy.

Entre las nubes.

Otro fenómeno astronómico normal es el de los dos soles, el principal y el proyectado a una distancia de 22 grados del sol, el parhelio o “sun dog”. Uno como éste lo vi una vez en el anticlinal de la Virgen de la Sierra hace más de treinta años –todas estas cosas suceden en las alturas y como allí están los santuarios... pues eso-. Era durante un perol, y todavía me acuerdo del olor y sabor del chorizo al vino.

Otras entradas de las Ermitas:


Fotografías: del autor.

lunes, 21 de junio de 2010

EL CENOTAFIO DE AMBROSIO DE MORALES


Cenotafio de Ambrosio de Morales.

Ambrosio de Morales -cordobés-, humanista, historiador, arqueólogo, etc. nació en 1515 y falleció en 1591. Su padre, Antonio Morales fue médico y tuvo una cátedra en la Universidad de Alcalá de Henares. Su tío Hernán Pérez de Oliva fue rector de la Universidad de Salamanca. La realidad es que los mimbres del niño vaticinaban un buen cesto de conocimientos. Fue sacerdote de la Orden de los Jerónimos e impartió clases de retórica en la Universidad de Alcalá de Henares. Felipe II le nombró cronista y le encargó un viaje por los reinos de León, Galicia y Asturias, de ahí salió un libro titulado, titulada “Viage de Ambrosio de Morales por orden del Rey D. Phelippe II a los Reynos de León, y Galicia y Principado de Asturias”, uno de los muchos títulos que componen su obra.

Epitafio del Cenotafio de Ambrosio de Morales.

La Comisión de Monumentos de nuestra ciudad, a mediados del S. XIX proyectó construir un panteón de cordobeses ilustres. Esta idea empezó a tomar cuerpo con el traslado de los restos de Ambrosio de Morales, a la Colegiata de San Hipólito, restos que estaban en el antiguo Convento de los Mártires en la Ribera, cerca del Molino de Martos, en el mausoleo que D. Bernardo de Sandoval y Rojas, Cardenal y Arzobispo de Toledo, había mandado construir para su maestro Morales. sepulcro de mármol rojo y negro, cuya construcción fue efectuada por Luis González en 1620. Corría el año 1844. El traslado se realizó con gran pompa y solemnidad, y estuvo aderezado con un excelente discurso de D. Rafael Joaquín de Lara y Pineda, éste en 1865 fue vicepresidente de la Diputación Provincial, y siempre fue destacado benefactor de la cultura cordobesa. Tuvo una notable influencia en la salvación de gran parte del tesoro artístico cordobés y fue cofundador de la Escuela de Bellas Artes.

Cenotafio de Ambrosio de Morales.

Los restos del notable cordobés Ambrosio de Morales están ahora en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid, otro proyecto, éste a nivel estatal, creado por el Ministro de Fomento, Sr. Ruiz Zorrilla. Su traslado se efectuó el 4 de julio de 1869. Fue honrada su partida en la Colegiata, con un notable parlamento de D. Francisco de Borja Pavón. Fue muy importante la afluencia de público el que acompañó a la urna hasta la estación de ferrocarril. Allí se hizo cargo de ella la Comisión Provincial que fue la encargada de entregarla en Madrid.

Puerta de entrada al claustro de San Hipólito.

El edificio de la Real Colegiata de San Hipólito, tiene una portada por el Gran Capitán, y sobre la cual aparece el escudo de Felipe V, rodeado por el Collar del Toisón de Oro. Ésta puerta es la entrada al claustro, y éste es de estilo barroco, de arcos de medio punto, parte de los cuales están transformados en dependencias cerradas. En su lado occidental está lo que ahora es el cenotafio y antes fue su sepulcro.

Claustro barroco de la Colegiata de San Hipólito.

Consideramos importante conocer el texto que se refiere a Ambrosio de Morales en Los Casos Notables de la Ciudad de Córdoba (1) que dicen textualmente, en su caso treinta y tres:

"Ambrosio de Morales fue bien nacido de gente honrada. Desde niño fue dado a las letras, y así, fue en ellas aventajado a los de su tiempo. Viendo los peligros del mundo, trató de entrarse en religión, y como prudente, consideró que en ninguna podría estar donde con más comodidad pudiese salvarse que en la del glorioso doctor de la Iglesia San Jerónimo. Púsolo por ejecución. y procedió con tanto ejemplo de vida que los frailes de San Jerónimo de Córdoba, que era donde tomó el hábito, le estimaban por observantísimo religioso, y por sus muchas letras, por las cuales era conocido de todas las religiones de aquella ciudad.Sus parientes tenían concebidas grandes esperanzas, así por sus merecimientos como porque estaba en una religión a la cual la Majestad del Rey Felipe Segundo hacia más conocida merced que a ninguna de las demás, pues, en opinión de todas ellas, le dió a esta santa religión la famosa casa que él había edificado y que se llama San Lorenzo el Real del Escorial, y por otro nombre la octava maravilla del mundo, que sin encarecimiento es la planta ida perfecta y acabada, y la mas rica, suntuosa que se conoce en el mundo.

Al fin, estando en este infeliz estado, y con tantas esperanzas, sucedió que después de grandes molestias y tentaciones que tenía, y particularmente un día, diciendo misa, fueron tantas las imaginaciones feas que tuvo, que en toda ella no hizo sino pedir a Dios favor y ayuda para librarse de una pelea y combate continuo; fue creciendo esta tentación más y más, en que echó de ver que la fomentaba Satanás. Al fin quedó con esto tan escarmentado, que, acabada la misa, se resolvió de hacer un hecho que sólo de oírlo pone temor; y fue quitar la ocasión de su inquietud, y como lo pensó, la puso por obra. El modo de ejecutar el suplicio fue de esta manera. Levantó una tapa de una arca grande, puso en el canto una cosa delgada, y puso a peso el sacrificio, y dejando caer la tapa, el gran peso que de suyo tenía, y lo que se le aplicó, dividió de su tronco lo que había sido tan conatural. Dió con el mucho dolor que sintió muchas voces, a ellas acudieron los frailes, y viendo el caso tan ajeno de un hombre de razón, temiendo no se les muriese, le aconsejaron se pusiese bien con Dios. Como era de buen entendimiento, conoció su culpa, y con muchas lágrimas pidió a Dios perdón de ellas. Juntamente con esto, enviaron a las voladas a Córdoba a llamar a su padre, que era famoso médico y preguntándole su mujer que tenía, viéndole tan turbado, respondió: "Yo loco, y vos loca, ¿qué había de nacer sino un hijo loco, que ha hecho este disparate?"

Envió a las voladas que, mientras él iba, quemasen unos sombreros viejos, y con aquella lana quemada le restaño la sangre, y se comenzó a curar, haciendo extraordinarios remedios, con que se aseguró su vida.

Supóse el caso en la ciudad y as! chicos corno grandes quedaron admirados. Al fin, quien sintió esto más de cerca fue su convento y religión, y así, cuando estuvo sano, con acuerdo de todos lo echaron de San Jerónimo de Córdoba. Luego que se vido fuera y perdidas toda sus esperanzas, las puso en irse a la Corte, adonde fue ayo de los hijos de los grandes que había en ella, los cuáles le recibieron con mucho gusto, por tener tanta satisfacción de su virtud y santidad. Salieron todos estos señores tan bien disciplinados, así en las letras humanas como en la urbanidad y cortesía que todos los que hoy viven de estos señores no se hartan de ser agradecidos a su maestro. Dice por excelencia que de los niños que crió, tuvo trece arzobispos y más de sesenta obispos. Justa paga de su santo celo y trabajo.

Estando en ese estado, la Majestad de don Felipe Segundo le pareció que fuera (bien) escribir las grandezas de su Monarquía; nadie le pareció mejor que Ambrosio de Morales, y así lo escogió por su cronista, con que dejó aquellos principales, y acudió a lo que Su Majestad le mandaba; y en lo que principalmente puso los ojos fue en la mucha falta y descuido que los otros cronistas habían tenido en no escribir notables grandezas de España: y así, las recogió, y sacó a luz muchos libros muy curiosos y de grande erudición en los cuales fue injiriendo el árbol de los reyes de España; su asiento fue en Córdoba, en el Hospital de San Sebastián adonde le vi yo hartas veces.

Los señores de Granada, después de haber hecho aquella famosa portada de quien don Luis de Góngora dijo en la descripción de Granada: “A culpas que eran de cera (eran) condenaciones de jaspe” añadiendo que fue hecha “de condenaciones de cámaras”, le inviaron a llamar, y le suplicaron que hiciese unos versos para que se pusiesen encima de la portada. Él los hizo dignos de la grandeza que representa toda aquella majestad, de dentro y de fuera. Fueron recibidos con mucha satisfacción de aquellos señores y del mismo Rey, a quien se los inviaron antes que se esculpiesen. Después de esto volvió a Córdoba adonde sacó sus libros a luz, y prosiguiendo sus crónicas, le llamó Dios para pagarle sus trabajos. Murió en su Hospital de San Sebastián, y enterráronle en la iglesia mayor, en una capilla con epitafio que declara quién es el que está allí enterrado. Honrarónle en muerte no menos que en vida, acudiendo toda la ciudad a su intierro. Su padre de este famoso cronista está enterrado en San Jerónimo de Córdoba, junto a la capilla de San Miguel, en cuya sepultura está una piedra, y en ella unos versos de Ambrosio de Morales, que dicen con mucha elegancia quién fue su padre. Y los años que vivió, con el día de su muerte y el año que murió”.

Ambrosio de Morales.

Esta es en lineas generales un simple pasaje del final de la vida de Ambrosio de Morales y una de sus anécdotas más renombradas. Sabemos muchos lo del arca y pocos hemos leído (yo tampoco) sus obras, pero la vida es así de cruel, aunque hay que reconocer que para crueldad la que él tuvo con sus nobles atributos.


Vídeo del Claustro



Fotos: del autor.
(1) Editorial: Francisco Baena Altolaguirre, Nov 2003

sábado, 19 de junio de 2010

TOUR FOTOGRÁFICO SERRANO


"Como te ves, yo me vi...."

Mañana del día de la “tomatina” flamenca, amanece fresca, nublada, presagiando tragedia climatológica. Pero no, a medida que el día va avanzando el frescor de la mañana y las nubes desaparecen y llegamos a los treinta grados centígrados. Aunque hizo un tiempo agradable porque corría un airecillo suave que contrarrestaba el sol que de vez en cuando ocultaba alguna retrasada nube.

Paco en el ejercicio artístico de su misión.

Me llama mi amigo Paco Madrigal, un excepcional profesional de la fotografía, preocupado por mis salidas en solitario, y el peligro que entrañan, cuestión que me enorgullece. Decidimos hacer un recorrido para que él haga unas tomas en HDR, imágenes de alto rango dinámico, en inglés (High dynamic range) que en líneas generales es como conseguir que las zonas más oscuras y más claras de una fotografía, se puedan representar unidas en el mismo trabajo fotográfico, este rango puede ser desde la luz solar hasta la débil luz de una estrella, método del que es un experto.

Fuente de la ladera del Cerro del Cobre.

El recorrido empieza en la Torre de las Siete Esquinas, luego en el Torreón del Beato, y acabamos en las Ermitas. Por ser sábado el camino está con bastante tráfico de ciclistas, afición que envidio sanamente, por considerar el esfuerzo que significa subir con una bicicleta por esos lugares. O bajar pues se “tiró” el grupo desde la torre hasta la carretera, de una forma suicida, ya que en uno de los tramos el bestial desnivel hace una curva cerrada que, si no la tomas bien acabas directamente en la carretera. Lástima que ya estábamos en retirada nosotros, pues hubiera sido espectacular filmar la bajada de los ciclistas.

¿Peña Mellaria?

Luego la Torre del Beato, dónde buscó Paco emplazamientos para fotografiar la misma con ese método de calidad, disparando una ráfaga de fotografías a diferentes tiempos de exposición para luego después unirlos en una obra de arte. Siempre procurando cumplir todos los preceptos reglamentarios –no escritos- de respeto a la naturaleza y los escritos de las normas de tráfico –no dejar el vehículo en cualquier sitio, por ejemplo-. De allí a las “casitas blancas como palomas…” de Fernández Grilo, Las Ermitas, no sin antes cruzarnos con un conductor algo torpe con vehículo reluciente, es decir nuevo, nada más pasado Piquín, que nos obligó a pegarnos a la bionda y a plegar el retrovisor, pues la carretera no era lo suficiente ancha para él. “Desde aquí a Piquín/ hay mucho jaral,/ si no viene el guardia habrá buen jornal…”

El sillón del Obispo roto

Como había pasado el tiempo de entrada libre al Desierto de Belén, hubo que “contribuir económicamente al mantenimiento del lugar”, con derecho a beber agua fresca en los botijos de la entrada, aunque lo cierto es que la bebida se puede efectuar gratis. Justo es decir que la obra de misericordia corporal de, “dar de beber al sediento” allí se cumple. E inclusive la espiritual de “enseñar al que no sabe”, pues a mi pregunta sobre si en alguno de los textos internos se mencionaba el emplazamiento del desaparecido Monasterio de Peña Melaria, no dudó el preguntado, en señalar con el dedo su opinión geográfica.

Los cantos rodados distraen la contemplación de la espiritualidad vertical del ciprés señalando al cielo

Estaba ya acabada la exposición “Desiertos o las profundas cavernas del sentido”, compuesta de varias instalaciones, pinturas y esculturas e inspirada en el místico San Juan de la Cruz, del artista José Márquez, que pudimos contemplar ya con las obras en retirada. La que más nos llamó la atención es la que, en el monolito que contiene el “cómo te ves yo me vi..” lo llena de espejos, que son los artilugios que permiten vernos tal cual somos físicamente, porque otros recónditos rincones del ser humano, como pueden ser los del “alma”, son más difíciles de visualizar. Pero original lo es.

“La cruz muy alta, para llegar al cielo, cuan poco falta”

Un sillón del Obispo roto en su respaldar, con parte del símbolo del franquismo, del Vítor, pues no es completamente el mismo. Un consejo fotográfico de Paco para la toma, “alta está la cumbre/ la cruz muy alta,/ para llegar al cielo/ cuan poco falta”. Y peligrosa curiosidad del grafiti vegetal de una chumbera en el precipicio, en la que están: Julia, Opahk, Yhbyha, Poma lo que sea, Tahr, Javi y Pette. No tengo en mi juego los caracteres rusos del equivalente a la X, a la F, o la R inversa que es un sonido como la "ya", españolas, por eso no los puedo poner.

Grafitis vegetales de altura

Hay que tener valor para perpetuarse en un hoja de chumbera al filo de un barranco. Pero el amor no tiene fronteras y es ciego. De allí salimos a puerta cerrada. Aconsejamos no llamar a la puerta a unos tardíos visitantes y decidimos bajar por el Lagar de la Cruz, llegando al valle del Guadalquivir a las dos de la tarde aproximadamente.

Fotos del autor, copiada la ubicación de estas de Paco Madrigal.

ÁLBUM FOTOGRÁFICO DE PACO MADRIGAL

Paco Madrigal ha tenido la gentileza de remitirme una serie de fotografías que realizó durante el paseo. Como para muestra basta un botón, ponemos estas del extenso reportaje que hizo. Interesante y artísticas panorámicas.


Las Ermitas.


Hacia el sur.


La Torre de las Siete Esquinas.


La Torre del Beato.


Desde la Torre de las Siete Esquinas.