martes, 31 de agosto de 2010

EL MUSEO INTERACTIVO DEL CHICLE USADO


 Chicles usados
Chicles usados.

Esto no es una ampliación a la entrada de la calle de la Feria, primero porque es una curiosidad, también se puede interpretar como una tontería, e incluso hay quien pueda pensar que es una guarrería. Pero no se puede ocultar que es llamativo.

Todos hemos usado el chicle, desde que nos lo introdujeron, como tantas cosas los americanos del norte, los llamados yanquis: pantalones vaqueros; hamburguesas; películas del oeste, en las que siempre puteaban a los buenos, que para mí eran los indios pieles rojas, cosa que me generaba un intenso sentimiento de solidaridad con ellos, y que hacía que me sonara fatal la corneta del Séptimo de Caballería, a la vez que se llenaba de aplausos y zapatazos pro yanquis, en los escalones de madera del gallinero del Gran Teatro.

 Museo Interactivo del Chicle Usado, sala A
Museo Interactivo del Chicle Usado, sala A.

También con el rollo de El Álamo, en el que mi favorito era el General Santa Ana, que defendía al humillado pueblo mejicano, cuya frontera llegó hasta lo alto de California, incluyendo lo que ellos llamaron después el estado de la estrella solitaria, Texas, una vez robado el territorio. Esto me sonaba siempre muy parecido a los episodios de la Virgen de la Cabeza en la incivil guerra española, o lo del Alcázar. Era la utilización de la historia a voluntad, como hacen siempre los ganadores. Con su pan se lo coman. Era la glorificación de eso que llamaban héroes y que sólo era la muerte de inocentes.

El chicle era, como me decía mi madre, un elemento para “estragar” el estomago, para utilizar excesivamente los músculos de la mandíbula y que se nos pusiera la cara como el del anuncio del Netol. Luego estaba el “pegado de tripas” si tenías la desgracia de que en un momento de distracción pasase al conducto digestivo. ¿Qué pasaría? ¿Se pegarían las tripas como se pegaban los dedos al manipularlo y secarse? Era un sufrimiento adicional. Luego no pasaba nada y volvía al puestecillo a comprar otra porción el consabido Bazooka, “siempre en su boca” sabor a fresa. Muchas veces masticado en doble porción con el riesgo de que, al hacer un globo este se te pegara en la nariz, labio superior o la cara simplemente. O Cheiw, o cualquiera de las marcas que existían.

 Museo Interactivo del Chicle Usado, salas A y B
Museo Interactivo del Chicle Usado, salas A y B.

Bazooka era un artilugio de matar al personal de una guerra, un arma antitanque y en ese tiempo estaba en andanza la de Corea. No sé si el nombre venía de lo mismo. Pero otras cosas podían estar más lejos. Lo cierto es que, sin estar lamentablemente el mundo tan globalizado para nuestro pesar proletario como ahora, ya empezaba la colonización encubierta.

Bien, no voy a desvariar más. Lo cierto es que, dando un paseo para ampliar fotográficamente y de actualidad, los alrededores de la calle de la Feria; Ermita de la Aurora, calleja de Junio Galión, Portillo, Fuente, portada del Compás de San Francisco y demás, a la vuelta, a la altura del número siete, una vez pasada la calle Maese Luis, me encontré con el Museo del Chicle, dos postes de recogida de las distintas instalaciones telefónicas para una obra, soportaban toda una enorme gama de colores se chicles pagados en ellos, y a su vez, supongo, una muestra microbiana excelente, además de nuevas marcas publicitarias desconocidas para mí.

 Museo Interactivo del Chicle Usado, sala B
Museo Interactivo del Chicle Usado, sala B.

Por lo tanto si consume chicle –para los que tenemos algún tipo de prótesis dental es un verdadero drama usarlo-, si lo va a tirar, por favor no lo haga en el suelo -esto es un beneficio directo del Museo-, péguelo en cualquiera de los dos postes, y si no tiene espacio, o es bajito/a, con una pequeña escalera que se traiga de casa, o si le sube su novia o novio, puede utilizar el espacio superior de ambos postes. Ánimo, por la limpieza de las aceras, por una ciudad mejor, por el “dormidiecisei”, utilicen los postes del Museo Interactivo del Chicle Usado.

Fotos del autor.

domingo, 29 de agosto de 2010

LA CALLE DE LA FERIA


La calle de la Feria
La calle de la Feria a mediados del siglo XX

La calle de la Feria fue en su tiempo la calle más larga de Córdoba, y una de las más importantes, aunque no por la calidad de sus edificios. Antes de prolongarse la ciudad hacia la Axerquía, corría a lo largo del talud que conformaba la primitiva muralla romana. Ramírez de Arellano dice que existía un egido, o porción de tierra de uso público, que dejaba al campo libre la ciudad alta o Medina, y a sus pies se veían foso llenos de agua que luego surtieron fuentes de la ciudad baja. Esta configuración la hizo acreedora de celebraciones de festejos y otras actividades, por esa razón, se llamó desde siempre de la Feria, y se la sigue llamando. Cuando el pueblo no quiere no se le pueden imponer nombres. Se la llamó después San Fernando, dedicada a Fernando III, pero nadie le dice así.

 Comienzo de la calle de la Feria
Comienzo de la calle de la Feria

Ejemplos los tenemos, en el conocido Barrio de la Guita (Sector Sur), que el ayuntamiento quería se le llamase de la Concepción, es verdad que lo de la Guita dejaba que desear, y fue como consecuencia de que la gente, con guitas con nudos tomaban las medidas de los nuevos pisos para saber si le cogía o no, este o aquel mueble, en las minúsculas viviendas, pero palacios comparados con la habitación en la casa de vecinos, o chozo donde vivían. Creo no se lo llamó nunca nadie, aunque después encajó el de Sector Sur y así se quedó.

 Calle de la Feria y su fuente de noche
Calle de la Feria y su fuente de noche

Cuando se unió la Medina con la Axerquía a esta zona de la calle de la Feria, Maese Luis y otras del entorno se la llamó Barrionuevo. Cuando se creó el Santuario de la Virgen Linares, el Cabildo encargo a la Cofradía del Hospital de la Lámpara o del Amparo la organización de la difusión de las fiestas en honor del recién creado Santuario, configurándose una feria que empezaba ocho días antes al dedicado a la Virgen citada y, mercados, cabalgatas y festejos, organizados por el gremio de calceteros, anunciaban la misma, y por eso vino en llamarla de la Feria.

 El Coloso de la calle de la Feria
El Coloso de la calle de la Feria

Existen textos que citan que se corrieron toros, y se celebraron ejecuciones y ello dio lugar a que se alquilaran sus ventanas para poder ver cómodamente esos actos, e inclusive, ante la demanda hacían agujeros en las fachadas para ampliar el alquiler de la visión. Era tal el negocio que contratos de alquiler recogían el derecho del propietario a usar las vistas. Parece ser que ésta calle tuvo balcones corridos y soportales y en acuerdo de 1551, se ordenó se quitasen los balcones corridos desde el Rastro a la plaza de San Salvador.

 El Arco de la calle de la Feria
El Arco de la calle de la Feria

Antes de llegar a Maese Luis recuerdo estuvo un tiempo la sede del Córdoba Club de Fútbol. Nada más pasada la calle citada, en la misma acera, está la fuente de la calle de la Feria. Tiene dos caños y el agua proviene de la Compañía. En 1796 el corregidor Eguiluz rehízo esta fuente, de la que se comenta fue muy alto su presupuesto para esa fecha. Del orden de cinco mil reales.

En la acera de los pares La Ermita de la Aurora, que merece una dedicación especial, adosada a la muralla de la ciudad, se usa por la Asociación de Vecinos para determinadas actividades durante todo el año.

 El Portillo
El Portillo

Algo más abajo, se abrió un arco con escaleras, y que después estuvo mucho tiempo cerrado, que se llama Junio Galión, por el que se accede a la calle de San Eulogio. Es una imitación en pequeño, por lo menos a mi me lo parece, del Arco de Cuchilleros de la Plaza Mayor de Madrid.

En esa misma acera el Portillo. La corporación municipal en 1496 le compró una casa, al propietario Sánchez Torquemada, cordonero, para abrir esa comunicación de la Medina con la Axerquía. En 1703 se ensanchó para permitir la salida de carruajes. Es lugar de variadas y curiosas historias, desde la zapatería y lo que le ocurrió al zapatero, luego o antes la piconería e incluso una casa de prostitutas, como muchas, de tres habitaciones vertical, tan estrecha de fachada como las holandesas, que hacen que uno piense que las camas las tenían que poner de pie amarradas a las paredes. Nuestro "Lorca" local, José María Alvariño, ya lo canta en un poema: ¡Pilarilla la Gitana, / en tu casa de El Portillo, / tiembla de amor la mañana / y en la acera los chulillos, / pendientes de tu ventana!

 El Portillo desde el interior
El Portillo desde el interior

Frente, la puerta del compás del Convento de San Pedro el Real, que conocemos por San Francisco, que se reformó en 2003, y por la que se accede a la placita de la Iglesia.

En la acera de los pares, la casa palacio de los Marqueses del Carpio, su llamativa torre fortaleza adosada a la muralla interior de la ciudad, con un arco que se asemeja algo al de la Puerta de Almodóvar. El palacio contiene en sus sótanos una casa romana excelentemente conservada. El origen de esta casa solariega tipo siglo XV, se debe a la donación de Fernando III a los Méndez de Sotomayor, es modelo de como en la conquista se repartió el patrimonio de la ciudad entre las familias cercanas a los conquistadores, en otras palabras, como la inmensa mayoría de las fortunas proceden del botín de guerra.

 El Portillo en ruinas
El Portillo en ruinas

En una de las casitas abajo del Palacio citado, sucedió en junio de 1985, el asesinato de Doña Clementina Coputo, la “Galápaga” apodo por el que se conocía una señora que vivió en las Cinco Calles, y que su compañero o marido vendía estos animales además de otros productos herbaceos. M.B.T. de 18 años, hijo único de D. Manuel, viudo, un practicante que tuvo su consulta en el barrio de Levante, tenía la clásica personalidad débil por los mimos de su padre, una vez fallecido éste, vivía en las cercanías de Doña Clementina y por el capricho de que le prestara su televisor, y no querer hacerlo la “Galápaga”, la golpeó causándola la muerte. Ese caso fue muy comentado. Lo que ignoro es qué ha sido de aquél niño. Hoy, si vive, tendría 42 años, y habrá cumplido su condena, salvo si en la universidad de la cárcel, no se tituló en otra carrera.

 Dibujo de Wyngaerde
Dibujo de Wyngaerde

Frente, las calles San Francisco y Romero Barros. A partir de aquí, toda esta zona y hasta la Puerta de la Pescadería, en época árabe llamada Bab al-Hadid, luego Arquillo de Calceteros, y actual Cardenal González, fue la prolongación en el tiempo de la mancebía medieval. Hoy, las casas de prostitución antaño existentes no existen. La calle de la Feria se cierra con la calle Lucano, también de la antigua mancebía y la Cruz de Rastro, testigo de los acontecimientos del siglo XV contra la población judía.

 La Cruz de Rastro 1950
La Cruz de Rastro 1950

En la Cruz de Rastro se levantó en la dictadura un arco de triunfo dedicado al general Franco, como puede verse en una fotografía. Pero también en otra ocasión, con motivo de una de las muchas celebraciones que soportó, se construyó una enorme escultura a modo de Coloso de Rodas de lado a lado de la calle, que vemos en el grabado.

En el grabado de Wyngaerde de 1657 se divisa la confluencia de este lugar con el río, y el trazado de la calle invariable con la actualidad, se ven en el talud de la orilla unas estacas que se supone eran para amarrar las barcas, siendo de suponer también, que fuese la entrada de pescado la ciudad.

Creo, sin lugar a dudas, que es una de las calles más importantes de la ciudad. Las fotografías son todas de épocas pasadas. Para terminar existe un texto de 1914 de Ricardo de Montis que se llama la calle de la Feria, que publico en su totalidad:



"LA CALLE DE LA FERIA (Ricardo de Montis, 1914)

Fue en tiempos antiguos la vía principal de Córdoba y hoy es una de la más típicas de nuestra población, aunque la mayor parte de sus primitivas casas, llenas de balcones y ventanas como las de la plaza de la Corredera ha sido sustituida por edificaciones modernas, especial en la parte superior, próxima á la calle de la Librería.

Una feria que la cofradía del Hospital del Amparo celebraba en este lugar le dio su nombre primitivo, sustituido por el de San Fernando en el año 1862.

Como estas notas son de historia contemporánea, nada hemos de decir de los actos y fiestas de que fue teatro la calle de la Feria en tiempos remotos, tales como proclamaciones de reyes, justas y torneos y corridas de toros y cañas; ni de las ejecuciones de reos verificadas en ella; ni del maravilloso decorado que ostentó en el año de 1636 con motivo de las funciones de desagravio al Santísimo Sacramento; ni aún siquiera de la figura colosal semejando un gigante de veinte varas de altura colocado cerca del templo de San Francisco para que por debajo de ella pasara la mascarada que recorrió esta ciudad en año 1789, al efectuarse la proclamación de Carlos IV.

Ya en la época presente en esta calle estaba gran parte de la industria y del comercio de Córdoba.

En sus amplios portales hallábanse las tonelerías, cuyos dueños se dedicaban, á la vez que á la fabricación de barriles, cubos y demás objetos análogos, á adobar las aceitunas, en lo cual no tuvieron competidores.

Casi todos los cordoneros de la población habitaban aquí, y en las anchas aceras de la calle instalaban tornos carretes para poder realizar con holgura las principales tareas del oficio.
Renombrados plateros tenían sus talleres en la citada vía y en ella, aunque en lugar distinto del que antes e para, figura aun uno de los establecimientos de tejidos más antiguos de esta ciudad; el conocido por la tienda los Catalanes.

Otros industriales mucho más modestos que los citados vivían también en la calle de la Feria; los paragüeros y abaniqueros que se dedicaban, no á fabricar, sino a componer abanicos, paraguas y sombrillas. Entre ellos sobresalía, por su historia y por su tipo, el famoso Goiceda, ya citado en esta obra, que se titulaba jefe de los ejércitos de don Carlos de Borbón.

En un humilde portal, próximo á la Cruz del Rastro tenía su morada un pobre hombre que se ocupaba en pintar las tablillas con los exvotos que cubren las paredes algunas iglesias. Este individuo, en cierta ocasión en que por la falta de trabajo se encontraba en la miseria más espantosa, acudió para que lo socorriera al Obispo de la Diócesis, enterado de su inagotable caridad.

Contóle sus cuitas; el Prelado le preguntó á qué se dedicaba, y como el pordiosero contestara con la mayor ingenuidad: señor a hacer milagros, el Obispo no pudo contener esta exclamación de sorpresa: ¡con que usted hace milagros y sin embargo, no tiene que comer!

La calle de la Feria en ciertos días y en determinadas épocas era lo que vulgarmente se denomina un coche parado.

¡Cuánta animación había en ella en la mañana y en la tarde del Viernes Santo con motivo de las procesiones! En sus balcones y ventanas, llenos de lujosas colgaduras, y en sus portales y en sus aceras, agolpábase medio Córdoba, hombres y mujeres luciendo los trapitos de cristianar, las galas reservadas para las fiestas solemnes.

Y cuando se registraba una gran avenida del Guadalquivir, y en las noches de paseo en la Ribera, y en las veladas de San Juan y San Pedro todo el pueblo desfilaba por esa calle, que constituía el centro de la animación de Córdoba.

Y en las calurosas noches del estío los vecinos formaban tertulias en las aceras de sus casas, mientras las mozas paseaban desde la Cruz del Rastro hasta la fuente, en animados grupos acompañadas de sus novios, que las agasajaban con el ramo de jazmines, los modestos dulces y el agua fresca de las porosas jarras en las clásicas mesillas de las arropieras.

A las altas horas de la madrugada organizábase en la ermita de la Aurora la procesión del Rosario, volviendo a animar dicha calle y sus inmediaciones.

Las noches de los sábados tenían que renunciar sueño los moradores de aquellas casas, pequeñitas pero muy alegres, llenas de balcones y ventanas convertidas en jardines. ¡Cómo dormir oyendo las continuas serenatas conque músicos de profesión y aficionados obsequiaban a nuestras mujeres!

¡Cuántas veces sorprendió el día á aquel popular y malogrado artista fundador del primitivo Centro filarmónico, sentado frente á su casa en unión de varios amigos y compañeros, tocando uno de esos originales pasodobles que encierran en sus notas el alma cordobesa!

Hoy la calle de la Feria o de San Fernando no es ni una sombra de lo que fue; se ha quedado en un extremo de la población; el comercio ha huido de ella buscando el centro; tonelerías, cordonerías y demás industrias han desaparecido casi totalmente y ya no se verifican allí fiestas ni veladas tradicionales.

El último acto memorable celebrado en dicho lugar fue el solemne descubrimiento de la lápida conmemorativa que aparece en la fachada de la casa donde murió el inspirado músico Eduardo Lucena.

Ni aún siquiera durante el piso de las procesiones del Corpus Christi y del Santo Entierro se aglomera allí actualmente el gentío que antes, porque la mayoría del público se sitúa en los lugares más céntricos de la carrera.

Solo un día de la semana, el domingo, acuden a la calle de la Feria personas de los puntos más distantes de la población; los fieles enemigos de madrugar que van a oir la misa de doce y media en la iglesia de San Francisco.

Y para que la transformación de este bello paraje de Córdoba resulte más completa y más sensible, muchas de sus humildes viviendas, que fueron templos de la honradez y del trabajo, hánse convertidos en tugurios del vicio donde se alberga toda la hez de la sociedad.

¡Tristes mudanzas de los tiempos!"

Bibliografía: T. Ramírez de Arellano y R. de Montis
Footografías: AMC, Wikipedia, Cartografía y fotografía de un siglo de urbanismo en Córdoba de P. García.

miércoles, 25 de agosto de 2010

LA PÉRGOLA DE LOS JARDINES DEL DUQUE DE RIVAS.


Una vista de como estaba la Pérgola cuando su inauguración
Una vista de como estaba la Pérgola cuando su inauguración.

Mis recuerdos de la Pérgola se circunscriben a finales de los años cincuenta. Allí nos íbamos a fumar cigarrillos de matalahúva, para que no nos viera nadie fumarlos, y después era necesario el clásico caramelo Pictolín, de un sabor a menta fuerte que, evitara el que tu madre te oliese. Recuerdo un día que estábamos tres amigos y pasó un tío abuelo mío, Antonio el cojo, que afortunadamente no nos vio. Es como si hubiéramos cometido algo gravísimo. Pero leche, con el trabajo que le costaba andar y lo lejos que estaba de su casa, que era en San Felipe, hay que ver la casualidad.

Módulo Central
Módulo Central.

La matalahúva no es tabaco, pero usábamos ese “desodorante” bucal del caramelo. Luego, cuando pasamos a los cigarrillos mentolados, que ya eran tabaco en toda regla, y nosotros “más hombres”, era mucho más necesario el caramelo. En el contacto familiar se evitaba el cuerpo a cuerpo hasta que pasara un buen rato, que se estimaba necesario para eliminar el olor.

 Uno de los dos detalles decorativos del módulo Central
Uno de los dos detalles decorativos del módulo Central.

Los cigarrillos de matalahúva se apagaban con notable frecuencia, y chisporroteaban. Unas veces parecía que se encendían completos, e incluso se abrían a darles lumbre. La iniciación en el arte de fumar, que significaba subir el escalón dentro del niño para “hacerse hombre”, la marcaba el listo del grupo que te obligaba a dar una fuerte “calada” -como se decía-, al cigarrillo, que se traducía en un fuerte mareo, que las primeras veces desembocaba en vómito, o un ataque de tos que te llevaba a las cercanías de la desesperación, que no te calmaba ni las pastillas "Tosiletas".

 Vista del Módulo Central desde el jardin
Vista del Módulo Central desde el jardin.

Antes ya me llevaba mi madre a jugar a los jardines del Duque de Rivas, lo que pasa es que allí iban niños con criada, e incluso uno me pidio mi teléfono, cosa que le pregunte a mi madre y como es lógico no se lo pudimos dar. Ahi ya empezé a comprender las diferencias entre nacer con estrella y estrellado. Ya en la adolescencia fue la Pérgola también, testigo de amores y de algún que otro beso furtivo, y digo furtivo porque te podían aplicar las normas por atentar a la moral pública, si te pillaba aquel señor de sombrero con rosetón de colores, carabina al hombro, gris en su conjunto y cara de pocos amigos.

 Extremo sur
Extremo sur.

En las ferias, destacaba la Pérgola en la calle de los cacharros -porque lo de calle infierno viene de Guadalquivir abajo-, entre música de los Cinco Latinos, o el “Maruzella” de Renato Carosone. La canción del verano no existía, no porque no existiera Georgie Dam -que creo ha existido siempre, desde Atapuerca, como Luis Aguilé o Torrebruno-, sino porque la canción de moda era la que se escuchaba en la feria hasta la saciedad. Era el andar entre empujones por la estrechez del sector donde estaban lo cacharros. Rara era la vez que no se perdía alguien de la "charpa" entre tanta "bulla".

 Lateral occidental República Argentina
Lateral occidental República Argentina.

La neoclásica Pérgola, fue obra de Carlos Sáenz de Santamaría, terminándose la obra en 1930. Se pretendía que los jardines del Duque de Rivas tuvieran un cierre por la Republica Argentina y que no fuera el telón de estos, los feos pabellones militares de antes. En 1931 gracias al empuje cultural de la II República, albergó la Biblioteca Popular Duque de Rivas, complementando la Biblioteca Séneca que ya existía en los Jardines de la Agricultura.

 Una vista del interior
Una vista del interior.

Durante mucho tiempo, la Pérgola de los jardines del Duque de Rivas, fue eso una Pérgola con algo de enredaderas y unos largos bancos interiores, totalmente diáfana, con un cuerpo central que se asemejaba a un templo clásico y unas fuentes a los lados. Luego en las ferias de mayo, cuando se utilizaban los jardines para las casetas, siempre estuvo ocupada por ellas, y tuvo como no, alguna que otra actividad cultural. Luego como siempre la desidia, y el abandono.

 Otra vista del interior
Otra vista del interior.

La Pérgola, después de estar mucho tiempo abandonada hasta rozar la casi ruina absoluta, se reacondicionó en 2002, creo que con un presupuesto de 800.000 euros. Se convirtió en el Café “Le Musiqué” y se habilitó como sala de exposiciones. Siempre el característico bar que, a pesar de los pesares, generó una oferta cultural variada; exposiciones y otras actividades. Y por lo menos en el campo de la música, celebró conciertos interesantes y unas veladas veraniegas de notable influencia jazzística.

 Una de las dos fuentes
Una de las dos fuentes.

Tuvo un ambiente artístico intelectual agradable. La gestión que estaba en poder de la empresa La Pérgola XXI S.L., acabó a finales de 2008, parece que por no renovación de la licencia de la actividad a la citada empresa. Estamos casi a finales de 2010, y sigue sin resolverse el problema, desconociendo las motivaciones concretas.

 Destrozo de unas de las entradas
Destrozo de unas de las entradas.

En blogs amigos, concretamente en la Calleja de las Flores y Otra Cordoba es posible, han denunciado desde hace tiempo ampliamente el tema sin llegar a tener resultados óptimos, posiblemente por el ocultismo y la sinrazón de muchas actuaciones institucionales, en la ciudad de la transparencia y la participación, y dentro de seis años de la cultura (¿?). Ahora parece que se está otra vez moviendo el asunto. La Pérgola es ya mismo un muladar que, si no se toman medidas adecuadas, que significará haber tirado a la basura todo el dinero que ha costado su rehabilitación, que dicho sea de paso es público.

 Cada vez quedan menos placas metálicas
Cada vez quedan menos placas metálicas.

Sea de quien sea la culpa, el pecado de omisión es también sinónimo de culpa sin duda. Ya estarán apareciendo materiales de la misma en chatarrerías. Lo más lamentable es que se nos llena la boca de cultura, de capitalidad cultural, y de muchas cortinas de humo, sin que por otro lado se preocupe la Institución por cubrir esas lagunas endémicas de abandono de las cosas que tiene nuestra ciudad, que si no se remedia, se traducirán en una nefasta gestión de lo público.



Fotos y vídeos del autor.
De la foto de blanco y negro de la web patrimoniohistoricocultural.blogspot.com.

martes, 24 de agosto de 2010

MONUMENTOS EN LOS JARDINES DE LA AGRICULTURA


 Vista aérea de los Jardines de la Agricultura.
Vista aérea de los Jardines de la Agricultura.

Cuando era alcalde de la ciudad el Duque de Hornachuelos se aprueba la construcción de los Jardines de la Agricultura, o Jardines Bajos, o Jardines de los Patos, como los hemos conocido muchos. El proyecto fue de Rafael de Luque Lubián y se inició por 1863.

 Antigua Rosaleda.
Antigua Rosaleda.


 Pasillo del amor comercial en su tiempo.
Pasillo del amor comercial en su tiempo.

Ha tenido una remodelación hace pocos años, que los ha dejado más funcionales posiblemente mejor que estaban. Tiene algunos ejemplares raros y otros de bastante edad. Un rincón muy importante, hoy lamentablemente desaparecido, para la construcción de una Biblioteca, era la rosaleda. Ahora está rodeada por una valla y no sabemos cuánto tiempo estará así. La rosaleda ha sido testigo del comercial amor de las prostitutas cordobesas, que tenían en ella un mercadillo a diario.

 Estanque de los patos.
Estanque de los patos .

El estanque que da el nombre popular a los Jardines de los Patos fue obra de José M. de Montis y se construyó en 1868. Siempre ha tenido patos, aunque me parece que en una época no. En sus alrededores se instalaba el famoso Teatro de Marionetas, cuyo actor principal era Chacolí, y era el héroe de cientos de niños que disfrutaban ayudándolo contra la bruja.

 Antigua bascula municipal.
Antigua bascula municipal.

En su esquina norte estaba la báscula municipal, cuyo edificio aún continua, y detrás existen unas instalaciones que tenía a su cargo la empresa Sadeco.

 Ubicación antigua biblioteca Séneca.
Ubicación antigua biblioteca Séneca.

La Biblioteca Séneca fue inaugurada en 1919, aprovechando la caseta hexagonal existente desde 1882. Era un modelo de biblioteca sin vigilantes, el lector cogía un libro y se sentaba en los bancos del alrededor decorados con azulejos y con pensamientos de Séneca. Luego devolvía el libro a la biblioteca una vez leído. Tuvo hasta 2000 volúmenes, además de una sección para niños. Estuvo funcionando hasta los años sesenta del siglo XX. Hoy sólo quedan los pensamientos del filósofo cordobés, muchos de ellos deteriorados, aunque la mayoría en buen estado. Pero no hay que dar muchas pistas.

 Monumento a Julio Romero de Torres.
Monumento a Julio Romero de Torres.

Su monumento más importante, por su tamaño, es el dedicado a Julio Romero de Torres, en su lado sur. Este monumento fue creado por Juan Cristóbal González, de Almería, e inaugurado en 1940. Está formado por una estatua de Julio Romero envuelto en su capa y su fiel galgo Pacheco, además de unas alegorías. Cuántas veces nos hemos deslizado por sus rampas, que están marcadas de los zapatos gorila, y no gorila, de miles de niños cordobeses.

 Rampa deslizante en el Monumento a Julio Romero de Torres.
Rampa deslizante en el Monumento a Julio Romero de Torres.

Cercano a éste monumento, estuvo instalado muy poco tiempo el dedicado al Ministro Barroso, que en 1918 fue destruido por el pueblo de Córdoba después de una manifestación. Fue un poco como el asalto al palacio de invierno y símbolo del tratar de acabar con el caciquismo. Era obra de Mateo Inurria. De los restos no se sabe oficialmente nada, sólo un trozo de una alegoría de las que estaba compuesto, está en los jardines del Alcázar reparado.

 Monumento al Agricultor, a la Agricultura y al Progreso..
Monumento al Agricultor, a la Agricultura y al Progreso..

En uno de los estanques está un grupo que representa al Agricultor, a la Agricultura y al Progreso, que se instaló en 1964. También está la escultura dedicada al compositor cordobés Martinéz Rücker, que fundó el Conservatorio de Música, obra de Enrique Moreno "El Fenómeno", fusilado en 1936 simplemente por ser republicano, y leal con el gobierno establecido legalmente.


 Monumento a Martínez Rücker
Monumento a Martínez Rücker.

En otra placita, cercana a la Avenida de Cervantes, está el monumento dedicado a Mateo Inurria, obra del escultor Adolfo Aznar -no tiene nada que ver con el otro-. Notable escultor cordobés autor de muchas de las obras importantes de la escultura contemporánea.

 Monumento a Mateo Inurria
Monumento a Mateo Inurria.

Otros dos monumentos recuerdan sendos hechos lamentables ocurridos en los jardines. Uno dedicado al jardinero Aniceto García Roldán, asesinado en 1986 por proteger a una ciudadana. Y otro dedicado a los Abuelos de los Patos. Recordando el asesinato de Doña Juan Victoria Domínguez de 87 años, para robarle la recaudación del quiosco de golosinas y comida para las palomas que regentaba, desde hacia cuarenta años, y estaba ubicado a la salida del jardin al cruce de la Avenida de los Tejares con la de la Victoria.

 Monumento a Aniceto García
Monumento a Aniceto García.

Tenía también un palomar de obra y unos servicios junto a la Avenida de Mozárabes, que ahora no se usan. En esa ala de los jardines, ahora existe un sector de juegos infantiles. Para terminar el quiosco conocido siempre como Bar Playa, ahora también restaurante, que está en su lado sur.

 Monumento a los Abuelos de los Patos
Monumento a los Abuelos de los Patos.

Aparte de los monumentos, hubo en el jardín un avestruz que murió envenenada, cuyo "crimen" recogieron las coplillas de carnaval. También se habló de una serpiente de verano, que todo el mundo había visto pero que nadie vio, otra cosa es que se viera una camisa de serpiente de gran tamaño, que depositó un bromista al que conozco y del que me reservo el nombre.

 Palomar.
Palomar.

¿A qué viene toda la descripción monumental de unos hermosos jardines, paso obligado de los ciudadanos que venían, cuando no había otra manera de venir, desde las barriadas de las Margaritas, María Luisa y Colonia de la Paz, y cruzaban el paso a nivel en dirección al centro de la ciudad? pues es muy simple; ayer cuando los visitaba vi una columna con una basa y un medallón en la que se veía una efigie y un texto circular que decía “El príncipe de la poesía castellana”, y nada más, escondida entre la vegetación detrás de donde se ubicaba la Biblioteca Séneca. No supe quién era, reconozco mi incultura, pero es que además no lo pone.

 Monumento a Rubén Darío.
Monumento a Rubén Darío.

Esto me obligó, por desconocimiento, a mirar fotografías de poetas y literatos, de los siglos XIX y XX, hasta encontrar uno parecido con el rostro del medallón. Es posible que tenga que lamentar mi desconocimiento, e incluso que tenga que ponerme de cara a la pared un rato para disculpar mi ignorancia y lavar mi culpa, o escribir quinientas veces el nombre del poeta, pero es que, palabra de honor que no pone a quien está dedicado el monumento, o por lo menos yo no lo he visto, por más vueltas que le he dado a la columna, con el riesgo de que me hubiesen llamado la atención por pisar el césped, o de caerme que es peor.

 Dependencias de Sadeco.
Dependencias de Sadeco.

En fin, lavadas mis culpas de ignorancia supina, me llevo una enorme satisfacción al comprobar que está dedicada al poeta nicaragüense Rubén Darío. Rubén Darío fue el llamado “Príncipe de la poesía castellana” y su muerte le llegó con 49 años, después de una azarosa vida, de tres grandes amores.

 Bar Playa.
Bar Restaurante Playa.

Por lo tanto si alguien pasea por esos maravillosos jardines, y sufre como es natural con la destrucción de la rosaleda -podían haberla proyectado en otro lugar, que los hay y cercanos-, y ve la columna citada -bueno la columna sí, otra cosa es el medallón con el rostro del poeta centroamericano "Príncipe de la poesía castellana", por que está semioculto entre la vegetación-, sepa que está dedicada a Rubén Darío, simplemente eso.

Fotos del autor y la aérea de Google.

lunes, 23 de agosto de 2010

EL PUENTE DE ABBÁS IBN FIRNÁS (II)


 Una vista completa desde el talud del meandro del Guadalquivir.
Una vista completa desde el talud del meandro del Guadalquivir.

Hoy lunes tocó darle una vuelta al Puente de “Abbas ibn Firnás”. Dice mi amigo Juan Lozano, “arquitecto y visitador de obras jubilado”, que no se pueden dejar solas las grandes obras porque entonces hacen lo que quieren las empresas. Ni que decir tiene, que es una fina ironía y humor inglés el que emplea siempre. El Ícaro, cordobés adoptivo, aún está esperando la terminación de su monumento. Creemos que le queda poco. Desde la anterior visita, diciembre de 2009, no se ve mucho avance, pero hay que considerar que es una gran obra de ingeniería, y los avances no son muy visibles dada la magnitud de la misma, movimiento de tierras, infraestructuras, etc..

 Cobertura de “aguas”.
Cobertura de “aguas”.

En la visita de hoy hemos observado la bandera, no la del hincha de nuestra selección nacional de fútbol, si no la de alcanzada la máxima altura, lo que me parece que se llama “cubrir aguas”. La expresión “cubrir aguas o también puesta o izado de bandera” se refiere al final de la fase de obra en estructura, es decir, cuando se termina un edificio en estructura, los pilares, forjados, la cubierta, en espera de la terminación. Algo así como el esqueleto sin la musculatura y demás. Pues bien, el puente ha cubierto aguas.

 El puente casi completo desde el río.
El puente casi completo desde el río .

Su estructura metálica está en espera de la capa protectora, la instalación de los cableados que sostendrán el tablero y, sobre todo, la instalación del icono alado de nuestro paisano Abbás, que suponemos será el último y definitivo escalón previo a la inauguración. Posiblemente coincida, casualmente, con un periodo electoral. Toda la infraestructura adicional, nudos de comunicaciones, desde la carretera del Aeropuerto, hasta la bajada de Los Visos, está muy adelantada.

 Edificio de la antigua Central Eléctrica de Casillas.
Edificio de la antigua Central Eléctrica de Casillas.

Esperemos que no pase como con el anterior puente, el de Andalucía, que se inauguró, pero que aún no está enlazado con la N4. Aunque, ¡Aleluya!, hemos visto movimiento de tierras en la campiña, en la zona donde suponemos irá el enlace, por lo que, en este caso que no se necesita tanto, se vaticina un pronto final feliz al enlazado.

 Otra vista completa desde la orilla
Otra vista completa desde la orilla.

Una serie de fotografías nos permiten ver el avance de la obra, y muda testigo de la misma, la Central Eléctrica de Casillas, importante en su momento, cuando la demanda de energía no era la actual. Cuando determinadas guarniciones militares, iban a hacer los habituales ejercicios de tiro a las torronteras del río en ese lugar. Cuando la gente iba a bañarse al Puente de Hierro del Alcaide, o a coger almezas a la Huerta de los Ríos. Ya ha llovido, y la ciudad ha dejado de ser provinciana en cuanto a su perímetro, aunque lo siga siendo en otras cuestiones.

 La hermosa lámina de agua del Guadalquivir. Al fondo la zona sanitaria e universitaria de la ciudad.
La hermosa lámina de agua del Guadalquivir. Al fondo la zona sanitaria e universitaria de la ciudad.

Otra cosa desaprovechada es esa inmensa lámina de agua que configura el azud, hasta el “Puente Nuevo”, o de San Rafael, que podría utilizarse para deporte o simplemente para gozar de un paseo, y de camino visitar la “Isla de las Estatuas”, abandonada a su suerte. Otra cuestión inacabada que sumar.

 Panorámica del puente y el azud de Casillas.
Panorámica del puente y el azud de Casillas.

Afortunadamente, esa zona llamada antes de “las doce piedras”, ya no está delimitada como antes, por el color chocolate que vertía el colector general de la ciudad. El agua es como toda la del cauce, teóricamente limpia, evidentemente no apta para el baño, pero teóricamente limpia.

 El segundo arco, el azud y la antigua Central Eléctrica.
El segundo arco, el azud y la antigua Central Eléctrica.

No conviene caer en la desesperanza, pues está no es amiga de la felicidad. Deberemos pensar en positivo, como casi siempre hacemos, a pesar de multitud de pruebas que te inclinan a hacerlo en contrario. Luego la inauguración, que es el bálsamo de Mirabrás que cura todas las pequeñas decepciones. Una vez suceda, se olvida uno de todo y se muestra orgulloso de una nueva obra de ingeniería de las que estamos tan necesitados.

 Panorámica del puente azud y antigua central.
Panorámica del puente azud y antigua central.

Cuando nuestro paisano de adopción, “Abbas ibn Firnás”, pues “era de un pueblo de las cercanías de Ronda, por tanto malagueño, pero su vida la desarrolló en la ciudad de los Califas, en la corte de Abderramán II. Humanista, científico, químico, astrólogo, poeta, en el mundo árabe es una figura conocida. En un museo en Dubái está representada una imitación de su artefacto volador, y camino de Bagdad también.

Y esta ciudad de los Califas fue la que, hace la friolera de mil ciento veintidós años lo vio morir con setenta y siete años, había nacido en el 810. Se adelantó más de quinientos años al gran Leonardo, e hizo realidad el mito de Ícaro, al que no se le derritió la cera de las alas, pero que sufrió en su experimento una lesión de espalda. “

 Edificio de la antigua Central Eléctrica de Casillas y azud.
Edificio de la antigua Central Eléctrica de Casillas y azud.

Este año 2010, se cumplen por tanto, 1200 años de su nacimiento. Esperamos que se puedan conmemorar con la inauguración de su monumento más representativo en la ciudad, que lo ha ignorado tantos años, mientras que en el mundo árabe es una importante personalidad, así como sus inventos.

Esperamos y deseamos que, cuando volvamos a hablar aquí de Abbás, sea porque ha levantado nuevamente el vuelo 1200 años después de su nacimiento.

Fotos y texto del autor.