jueves, 25 de noviembre de 2010

ERMITA DE “NUESTRA SEÑORA DE LA SALUD”

 Fachada principal de la Ermita de Nuestra Señora de la Salud.

Creo que esta obra es una gran desconocida para los cordobeses, así como su origen, que parte de la característica leyenda local, y futo posterior de nacimiento o apellido de festividades y establecimientos de la ciudad, Feria de Mayo y Cementerio.

 Imagen de la hornacina.
  
Empezaré con la leyenda, que es sin lugar a dudas el punto de partida, que se dio en un lugar de paso del señalado núcleo primitivo de la Colina de los Quemados, actual Parque Cruz Conde como dice la Web Arqueocórdoba:

 Hoy en día está fuera de dudas que con anterioridad a la implantación de la ciudad romana, al este del solar donde ésta iba a desarrollarse, existía ya un asentamiento estable de primera importancia, que en un momento imposible de precisar empezó a ser conocido como Corduba y cuyos orígenes pueden retrotraerse al III milenio a. C. Desde este momento se observa una continuidad en la ocupación hasta finales del s. II a. C., sin hiatos ni interrupciones, lo que es característico de los asentamientos que ocupan los escalones superiores de la red de poblamiento.”

Luego, el posterior traslado del núcleo primitivo a la Córdoba ya definitivamente romana, dejando la duplicidad de asentamientos,  y en los siglos del periodo árabe, entrada obligada a la ciudad, desde la califal de Medina Azahara.

 Fachada principal y entrada al monasterio.

"Cuentan las viejas crónicas que Simón del Toro, labriego sencillo, y su compadre Bartolomé de la Peña, ambos vecinos del barrio del Alcázar Viejo, cultivaban en aparcería un pequeño predio contiguo a las murallas de la ciudad. Un día del año 1665 observaron con asombro que, al hundirse la reja del rústico arado en la tierra, dejó al descubierto la entrada de un pozo. Se hicieron de una cuerda que Simón ató fuertemente a su cintura y, sujetándola Bartolomé por el otro extremo, comenzó aquel a descender por la caña del pozo. De pronto, en un hueco, Simón halló con estupor una imagen de la Virgen. Asegura la tradición que esta esculturilla de la Virgen había sido escondida por los mozárabes en el lugar en que fue hallada, en momentos azorosos de la persecución mahometana. La piedad del pueblo levantó en su honor una pequeña iglesia en aquel mismo lugar, frente al lienzo de la histórica muralla de la Puerta de Sevilla. La pequeña esculturilla de barro cocido y el agua que emanaba del aljibe obraron sorprendentes prodigios según los relatos populares. A esta imagen de la Virgen que hizo tantos milagros y que hoy tenemos olvidada, se dio la advocación de Nuestra Señora de la Salud, y el mismo nombre se aplicó a la ermita donde se venera, a la necrópolis que junto a la ermita se construyó en el primer tercio del siglo XIX y a la Feria que espontáneamente surgió en sus aledaños."

Bajada al pozo.

Ya tenemos el punto de partida, el descubrimiento de la imagen y el otorgo a la misma de las propiedades curativas de las aguas de su pozo. Por ello en 1673 se construyó la ermita, inaugurándose ésta el día segundo de Pascua de Pentecostés de ese mismo año, con una procesión desde el Convento de  San Pedro el Real -hoy desaparecido, sólo queda el claustro, mejor dicho parte de él, anexo a la Iglesia de San Francisco-. Aparición de la imagen en 1665, y construcción de la ermita en 1673, es decir ocho años después.

 Inscripción en la bajada al pozo.

En la bajada al pozo existe la siguiente inscripción:

“La imagen que se venera en esta Ermita fue hallada en este pozo en el año de 1665, por Simóndeltoro, tercero del habito de San Francisco, y habiéndose notado que se aliviaban de sus dolencias cuantos enfermos bebían de sus aguas, se la llamó Nuestra Señora de la Salud”

 Imagen de la Virgen de la Salud.

Transcurren 132 años y, en 1805, se acomete la construcción actual, por el arquitecto Ignacio Tomás. Se compone de una nave en dos partes, cubierta de bóveda de cañón rectangular con lunetos y crucero con cúpula. Esa es la descripción arquitectónica. Fachada neoclásica, con cuatro enormes columnas dos a cada lado, rematada con un frontal triangular. Dentro de la fachada tiene una hornacina con una virgen y niño y una inscripción en latín que dice: “Salus infirmorum”, lo que en castellano significa, salud de los enfermos.

 Una vista general.

Una riada inundó la ermita y se cerró al culto. En 1999, se descubrió que había sido objeto de robo. La responsable de los Museos Municipales, Mercedes Valverde, se personó en la Ermita y elaboró un detallado informe del estado en que se encontraba, realizando el inventario de los útiles y objetos de valor, tanto artísticos como religiosos. En el citado informe reflejó haber encontrado a la imagen titular de la ermita, envuelta en una bolsa, en uno de los púlpitos, así como unos cuadros que se atribuyen a Antonio del Castillo.

 Altar mayor.

Tuve ocasión, personalmente, de organizar el amplio reportaje fotográfico que acompañaba al informe, con motivo de estar prestando una comisión de servicios en la Unidad de Turismo y Patrimonio municipal, que compartía edificio con la Unidad de Museos, en el edificio de Caballerizas Reales, y era penoso ver el estado de abandono de todo cuanto allí había, no es esto una cosa nueva desde  luego.  La imagen y algunos objetos de valor, estuvieron custodiados hasta el 2006, en la citada unidad de Museos, en el despacho de la Sra. Valverde, dónde se podían ver, claro aquellos que teníamos la posibilidad de pasar por el citado despacho. Doy fe por ello, basándome en las fotografías, que el estado en que se encontraba todo no tiene nada que ver con el actual de la Ermita. Mis fotografías son de primeros de noviembre.

 Miembros de la Institución religiosa.

En el citado año 2006, el Obispado se hizo cargo de la imagen que trasladó a una capilla de la Catedral. El 2 de abril de ese mismo año, el Ayuntamiento devolvió  el control del conjunto, casa y Ermita, al Cabildo quien inició su restauración. Se habló entonces de un presupuesto de aproximadamente 850.000 euros. En mayo del año 2009 se abrió de nuevo la Ermita al público.

Coro.

El Cabildo, como patrono, la había cedido al Ayuntamiento en 1846 junto con la casa, para uso como capilla del cementerio. En 2006, el Cabildo cedió la casa e iglesia al Instituto de religiosos de Esclavos de la Eucaristía y de María Virgen, que son los mantenedores actuales, los cuales se hacen cargo de su culto y apertura periódica de la ermita así como el monasterio anexo, cuya entrada es por la puerta lateral, a la izquierda de la principal.

 Bóveda.

Curiosidades

La ermita dio nombre a la Feria de Mayo de la ciudad, cuyo privilegio había concedido al Concejo de Córdoba, Sancho IV, en 1284. Dos Ferias de ganado, una en la cincuesma (pentecostés) y otra en la cuaresma, de una duración de quince días cada una. En 1422 la Feria de cincuesma empezó a celebrarse en mayo. Luego, los Reyes Católicos refrendaron la celebración de las Ferias y Felipe II en 1556, confirmó también, el privilegio que Sancho IV había dictado siglos atrás. La Feria por tanto, comienza a llamarse de Nuestra Señora de la Salud en 1665, año de la aparición de la imagen y construcción de la primera Ermita.

Espadaña.

Luego, en 1809, el 4 de marzo, José Bonaparte dicta un decreto para la edificación de un cementerio en Córdoba, en función de la situación de insalubridad que generaban los enterramientos en las iglesias y su patios adyacentes, y la problemática de aquello que se venía a llamar las “miasmas”, y que eran los efluvios de los cuerpos en descomposición, que salían a través de la corta capa de tierra que los cubría. El terreno elegido fue el pago de la Salud, donde estaba la Ermita, como se puede ver en los planos de 1811 cuando aún no estaba construido el cementerio.
 Vista fachada sur de la Ermita

Las obras del cementerio comienzan en 1811 y finalizan el 8 de junio de 1812. Importó su construcción la suma de 51.233 reales, y se anexó a la Ermita, que se había reedificado unos años antes como hemos dicho anteriormente, y de la que toma su nombre. Formando de esta manera, parte de los tres nombres o situaciones contradictorias y jocosas de la ciudad: el edificio de la Organización Nacional de Ciegos, en la Plaza de Vistaalegre; la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados en la barriada de los Olivos Borrachos; y el Cementerio de la Salud, ese “estado completo de bienestar físico” es inexistente en sus eternos inquilinos, como es lógico.

 Fachada actual del monasterio.

Misma fachada anterior en los cincuenta del siglo XX.

Fotografías: del autor y una del AMC
Bibliografía: Hemeroteca Diario Córdoba,
Cordobapedia, y Red.

martes, 23 de noviembre de 2010

GRÁFICA Y PAISAJE (Exposición de tecnopinturas)

Cartel anunciador

Tenía gana de ver la exposición Gráfica y Paisaje, de Luís Calvo, y al fin pude hacerlo el lunes, camino de un concierto en honor de Santa Cecilia, que no se celebró donde pensaba. Tengo que decir que la exposición me gustó mucho, bastante, está diseñada con mucho mimo, miraras por donde miraras y a la obra que lo hicieras, siempre encontrabas algo en común, conocido.


El atractivo de las Tendillas desde la puerta del desaparecido Palacio del Cine; las palmeras de la estación, esas delicadas e incomprensibles palmeras, largas, larguísimas; la duna de la playa de Bolonia, con inclusive el rastro de algún escarabajo o similar insecto, con una textura que parece tocas la arena; un fresco modular de una parra, con un verde muy atrayente; un modular de la subbética, olivos y más olivos en suaves lomas; un enramado de árboles muy atrayente y espectacular, según como lo mires puede ser hasta tenebroso, que no lo es; el camino al eremitorio del Padre Cristóbal, otoñal, que te invita a pasar a él como el espejo a Alicia; los árboles, sus ramas; luego lo psicodélico, el pop-art –no sé si está bien acoplado el término-, sugerente, agradable a la vista, como creo debe ser primeramente cada obra, sin entrar en disquisiciones de significados parabólicos.

Seguro que se me olvida algo, pues mis neuronas están por los suelos. Se pasa un rato agradable en su contemplación y te queda una imagen decorativa en tu retina, te imaginas que algo quedaría bien en una pared de tu casa. Luego están la técnica y las texturas, increíbles, perfectas, adecuadas. Fotografías que son pinturas. Aún quedan dos días, pues se clausura el jueves 25nov, y tengo que acudir otra vez, algo se me habrá escapado. 

¡Ah!, la sala de IES Góngora, ideal, coqueta, justa. Mis felicidades al autor por el logro, y el deseo de un éxito rotundo por algo que se sale de lo corriente. Enhorabuena.


lunes, 22 de noviembre de 2010

EL PUENTE DE LOS DIABLOS.

Un pequeño desnivel hacia el puente.

Somos muchos los cordobeses los que hemos ido al Molino de Lope García, lugar habitual de baños. En función del barrio en el que se viviese, se iba por un camino u otro, acabando siempre en el Molino. He estado de mayor por allí, pero la última vez al baño fui desde Cañero, desde casa de mi tía Encarna, no pasamos por el puente esa vez, pero si a la sombra de los árboles de las huertas aledañas, que la daban sobre el camino. Ese día fue muy aciago porque poco me ahogo.

Yo no he sido nunca un Johnny Weissmüller, desde luego pero me llevaba la corriente, tragué agua y Pepe Muñoz, que seguro tenía un volumen testicular mayor que la media –como le decía alguna vez Lola, su mujer-, me miraba tan tranquilo y yo aguas abajo. Pude agarrarme a un taraje y salir a duras penas. No me sirvió para aprender, si es eso lo que él pretendía, sino todo lo contrario, le cogí pánico al río.

Iglesia conventual de Madre de Dios

Si ibas desde Santiago o Puerta Nueva, seguro que lo tenías que pasar. Me refiero al puente título de esta entrada, el Puente de los Diablos. Esta tarde antes de comer he estado allí precisamente encima de dónde estaba, y dos señoras mayores que cogían forraje de la vera del Camino de Lope García han sido las notarias, e incluso han discutido coincidiendo simplemente en el lugar exacto.

La leyenda

Es esta una leyenda cordobesa poco conocida, de tiempos antiguos, cercanos a la conquista, relacionada con D. Diego -no se sabe de su apellido-,calavera, sinvergüenza y criminal, que no trabajó en su vida, hijo de un rico hacendado, al que traía de cabeza de sus correrías y que no sabía -su padre-, como sacarlo de los conflictos en los que estaba metido con la Justicia.

Encima del puente. A la izda. Lope García, a la dcha. Carbonell.

Esas espadas de Damocles que pendían de la cabeza de D. Diego, hizo que su padre le aconsejara ingresar en un convento, para que los hábitos lo protegieran de sus desmanes. En ello estaba una vez ingresado en el convento de franciscanos, de San Juan de Dios, que había más allá de la Puerta Nueva, en el camino del Molino de Lope García.

Pero como “quién nace lechón muere cochino”, él continuaba con sus fechorías y amoríos secretos y no tanto, tentando a diario la posibilidad de su expulsión del convento al no cumplir con las reglas. Cierto día de correrías, se citó con una señora en una casilla cercana al molino. Para acudir a la cita había sobornado al hermano portero del convento, que le permitía la salida y vuelta antes del amanecer.

Desde el puente hacia Córdoba.

Una vez cumplida su correría, e iniciado el regreso al convento, empezó a llover de tal manera que cuando llegó a la altura de la pared de la Huerta de la Cruz, cercano al vado del arroyo de Pedroches, que había cruzado con anterioridad, observó que el caudal que traía lo había convertido en torrente siendo imposible cruzarlo. Se refugio de la lluvia torrencial debajo de un árbol que había en la pared de la huerta, cuando entre los relámpagos del temporal, y estando sopesando el problema que se le planteaba, invocó al diablo y se le apareció un "hortelano" cubierto con una capa -vamos no necesariamente era la alegría de la huerta, si no el diablo de la huerta- que se dirigió a él y con una cierta autoridad le dijo:

-Se de tu problema para regresar, si me prometes obediencia eterna te cruzaré  a la otra orilla y podrás cumplir y no caerás en manos de la justicia.

- ¿Y quién sois vos para pedirme eso? –le contestó D. Diego, el fraile-novicio.

-A ti no te debe importar quién sea, sólo el poder llegar a tu hora al convento, y eso sólo ocurrirá si puedes pasar el arroyo antes de amanecer. –le replicó el "hortelano".

El novicio empezó a asustarse de lo que estaba ocurriendo, al pensar como sabía el "diablo hortelano" de su vida y lo que ocurriría si lo expulsaban del convento e intervenía la justicia.

-Señor el tiempo pasa y no tomáis una decisión, y cuando pasa éste no vuelve jamás, pasa para siempre. –le volvió a decir machaconamente el "diablo hortelano".

Con el miedo atenazándole más de la cuenta, calado hasta los huesos, viendo que era media noche, no tuvo más remedio que ceder y aceptar la propuesta.

-Haga vuestra merced lo que quiera, acepto la propuesta, ya que necesito su ayuda para salir de esta.  –le contestó balbuceante el fraile-novicio.

Entonces el hortelano descolgó un cuerno de carnero de su cintura, tocándolo, y aún a pesar del fragor de la tormenta se oyó claramente su sonido turbador. En breves momentos se llenaron ambas orillas del arroyo con obreros y útiles, que se pusieron a trabajar y en un corto periodo de tiempo quedó construido un puente que salvaba el torrente en que se había convertido el arroyo. Entonces el hortelano se acercó a D. Diego invitándole a cruzarlo, no sin antes decirle:

-Yo ya he cumplido lo prometido para que se puede librar de la cárcel, ahora deberá vuestra merced cumplir su parte. Deberá darme unas gotas de su sangre, y estrechar mi mano para sellar el pacto. El puente así quedará aquí para toda la vida como símbolo de lo pactado.

Así lo hizo D. Diego acuciado por su prisa y se perdió camino del convento, alegrándose de cómo había salido del trance felizmente. Llegó a tiempo al convento antes de amanecer.

Maleza del antiguo arroyo ahora entubado.

Desde aquel día los vecinos llamaron al puente que apareció en el arroyo de Pedroches, “El Puente de los Diablos”, por su enigmática construcción en una noche de tormenta. D. Diego a pesar de haberse salvado, parece que enfermó, posiblemente por la enorme mojada que sufrió y al cabo del tiempo murió. De ello se corrió la voz y se cantó una coplilla:

“Del susto el fraile enfermó
muriendo a los pocos años.
Y dicen que al expirar
estaba el demonio al lado” 

Lo cierto es que el puente motivo de la leyenda, o la leyenda del puente, estuvo muchos años en pie, pero la frase “así quedará aquí para toda la vida”, no se cumplió porque el “progreso” se ha encargado de hacerlo desaparecer para siempre, aunque a lo mejor, el “para toda la vida”, signifique que estará enterrado, aunque no cumpla su función.

Vista aérea del lugar de Google.

Dice D. Teodomiro Ramírez de Arellano, en su paseo sexto, Barrio de Santiago, sobre el Convento de Madre de Dios

“Cuentan algunos ancianos de un lego que, dado a una vida sumamente libertina y teniendo una noche una cita, se encontró con que le era imposible venir a Córdoba por no poder vadear el arroyo Pedroche o de la Palma que una horrible tormenta había aumentado su corriente. Entonces pidió a voces al diablo que lo sacase de aquel compromiso, ya que no le era lícito encomendarse a su padre San Francisco, a quien debiera estar más sumiso, logrando su objeto, puesto que a seguida se le presentó una legión de diablos que fabricaron el puente que le dio paso, y que en nuestro concepto cuenta dos o tres siglos de vida anteriores a la fundación del convento.”

Vista aérea del lugar del vuelo americano.

Aclaraciones necesarias

La leyenda se refiere al convento a la salida de Puerta Nueva a las espaldas del actual matadero, y que era el Hospital de San Juan de Dios y no era de los franciscanos. Su construcción fue allá por el 1290 de orden de Sancho IV, luego fue el Hospital de San Lázaro y en 1570 se lo entregó Felipe II a la orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Después en la era contemporánea fue destruido por un incendio.

Ramírez de Arellano dice el Convento Madre de Dios, y declara que la antigüedad del puente es anterior a la creación del convento, rebatiendo la verosimilitud de la leyenda. El convento de Madre de Dios se llamó de nuestra Señora de los Remedios y San Rafael y sí perteneció a la orden Tercera de San Francisco. Vamos en una palabra, una duda conventual.

Buscando algún dato más, encontré en San Google, una referencia a un blog cordobés amigo Puerta de Osario, que en abril hizo un estupendo trabajo relativo a este puente, con una descripción del lugar, con datos detallados y planimetría, que me permito referenciarlo por su interés.

Eso redunda en el problema de la falta de rigor de las leyendas, sino no lo serían, serían historia. Y también es significativo como siempre, que los nombres de los sitios los apellide una leyenda como ésta del “Puente de los Diablos”.

Bibliografía: PPC de Ramírez de Arellano,
Historias y Leyendas de Córdoba y alguna más.
Fotos de Google y del autor.

jueves, 18 de noviembre de 2010

EL MUSEO ABACIAL (y III)

Fachada del Palacio Abacial y Museo

La trilogía, Fortaleza de la Mota, Iglesia Abacial, y Museo Abacial, finaliza con esta entrada dedicada al Museo. Éste está ubicado en el antiguo Palacio Abacial, reformado en 1781 por el Abad Esteban Lorenzo de Mendoza, en función del ruinoso estado del que se tenía en la ciudadela de la Mota. Tuvo uso por la autoridad eclesiástica hasta el 1851, fecha de supresión de la Abadía. Fue también archivo y residencia del Arcipreste. En la segunda década del siglo XX pasó el edificio a titularidad municipal. En la guerra sufrió desperfectos y la Dirección General de Regiones Devastadas lo restauró. Fue sede del Patronato de Enseñanzas Medias y luego Instituto de Bachillerato. En la década de los noventa del siglo pasado se pensó en él para dotar a la ciudad de un museo. Actuablemente es el Museo Municipal. Fondos de diversas disciplinas nos permiten un espectacular recorrido por la historia.

Patio interior del Museo.
GEOLOGÍA

Contiene la historia geológica de la Tierra y concretamente la de la zona alcalaína. Citar los restos de una erupción volcánica datada hace la friolera de doscientos millones de años, en el sureste del municipio. Parece que eran tierras bañadas por un mar interior y la erupción ocurrió en su fondo cerca de la superficie, que hizo que, el magma, al contactar con el agua se transformara en una especie de almohadilla muy espectacular, “pillow lava”. Minerales como la magnetita, pirita, fluorita, cuarzos… y los fósiles que hacen comprender que formas de vida primitivas estaban presentes también.

Cristales de yeso.
PREHISTORIA

El Neolítico y la Edad de los Metales, también tiene una sala del Museo. La revolución que significó el Neolítico (6000-3000 a. C), que fue el paso de ser depredador el ser humano, a recolector, de la ganadería a la agricultura. Cerámicas, piedras pulimentadas, producción de alimentos y su conservación. Por estos lares está documentado el tránsito hacia los 5000 a.C. Luego los metales, primero el cobre y luego por su ductilidad el añadirle estaño para hacer el bronce. Metal primero usado por los privilegiados y luego de uso cotidiano, herramientas, utensilios, complementos, armas -esto último no debería haber sido cotidiano-. Citan en la Edad del Bronce la “Cultura del Argar”, allá por el segundo milenio a. C., cultura que se implantó en el sureste de la península, parece que por Almería. En la sala está Hannuk y la cista –monumento funerario- en la que fue inhumado hace 2500 años.


Molino de cereal.

IBEROS

Entre los siglos VI y I a. C. habitaron estos campos, su relación con otros pueblos mediterráneos les hizo participes de nuevos conocimientos y técnicas: metalurgia del hierro, torno de alfarería, monedas y una cuestión importante la elaboración textil. Con el uso de fibras de lino y lana, y los telares verticales, deducidos por la multitud de pesas de telar encontradas. Las pesas o “ponderas” eran de piedra o arcilla cocida, rectangular o trapezoidal. Terminaba la elaboración con los teñidos de las piezas con tintes vegetales o minerales.

Enterramiento en cista.
ROMA

Fue un gran paso, para esta tierra y las aledañas, la cultura y organización romanas. En la sala dedicada al mundo romano, hay muchos ejemplos de cerámica de “terra sigillata”, de primeros del siglo I. Cerámicas con sello de fabricación en su fondo, como nota dominante que permite fecharla, esto fue un elemento identificador de notable importancia. Se exhiben algunas piezas valiosas encontradas en el territorio. En el siglo XIX se descubre en una huerta  conventual franciscana, una escultura de mármol representando al héroe, semidiós, hijo de Júpiter, Hércules. También se encuentran exvotos de petición o agradecimiento a los dioses. Otras piezas de importancia aparecieron en la excavación., Hércules con uno de los cancerberos –perros de tres cabezas que eran los guardianes del infierno-, y como símbolo del triunfo de uno de sus trabajos, posiblemente el último, lleva en su parte trasera una hoja de acanto. Otra una cabeza de un Fauno, el diós del pastoreo, de la fertilidad y sexualidad masculina. El deterioro de las piezas, se estima, fue causado en el periodo en el que el cristianismo pasó a ser la religión oficial por Constantino.


Pesas de telar.

TESORO DE ERMITA NUEVA

Un conjunto de monedas y joyas de los siglos X y XI; pendientes, pulseras, anillos de oro y plata, pedrería. Etc. parece que procedentes de un ajuar femenino, aunque este extremo no está bien documentado. Puede que sea lo que se viene a llamar tesoro de ocultamiento, en esas épocas, y en las actuales, siempre han sido motivos de leyendas a lo largo de la historia. Eran los bancos personales para evitar la Hacienda, para guardar para tiempos difíciles, o situaciones extremas, en tiempos en los que las cajas fuertes no existían. En una vasija de barro, una caja de madera, o cualquier otro recipiente, se enterraban los objetos de valor, en un lugar determinado sólo conocido por una persona que, como consecuencia de destierros forzados, muerte, huidas apresuradas, se iba con ellos el conocimiento de la ubicación y, luego, la casualidad de un arado si era en el campo, o un derribo de pared, o el agua de un arroyo que se desviaba, o cualquier otra causa hacían que otras generaciones pudiesen disfrutar de ellos.


Monedas diversas.

SALA DE LA HARINA

Un molino de mediados del siglo XX con una excelente conservación, que estaba situado en la aldea de Fuente Álamo, nos permite conocer como se procedía a la molienda del cereal. Todo construido en madera con maquinaria ya moderna, para dotarlo de movimiento mecánico. Es una recreación de esta actividad harinera. Esta sala está en la planta baja del edificio pendiente de ubicar adecuadamente.


Hercules

CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE LA VIDA EN LA FRONTERA

Es un recorrido por lo que significaba habitar una tierra de frontera, de continuos escarceos de uno y otro ejército, en constante alerta. Nos presenta este centro que se ubica en la Alcazaba de la Mota. Muralla, aljibes, torres defensivas, calles, bodegas, molinos, todo ello para conocer la época que les tocó vivir diariamente, esa gris y larga temporada para la humanidad que fue –para mí lo fue- el Medievo.

Cabeza de fauno.
EPÍLOGO

Un hermoso edificio, bien cuidado, unas interesantes colecciones: geológicas, arqueológicas, e históricas de la comarca. Me llamó la atención un maxilar con un carcinoma y unos huesos fracturados. Un molino de la Edad del Bronce, que me recordó el visto en las Jornadas de Ategua, hace unos días, pero la pena es que es de Ategua por la desidia de la administraciones está en una escombrera tirado. Las esculturas de Hércules y el Fauno –al que muchos en los que el número de primaveras es ya elevado debemos encomendarnos, y el que diga lo contrario decirle que no es ni bueno ni malo, es mentira-. Lo llamativo del primitivismo de muchas joyas, para uno que conoce la materia en profundidad. Luego te proyectan un audiovisual con las carencias de sonido y argumentales de los audiovisuales de muchos lugares, por poner una nota negativa. Aún a pesar de ello -es mucho más lo positivo- para terminar, la recomendación de su visita.

Museo Abacial de Alcalá la Real


Bibliografía: Museo Abacial
Fotografías del autor.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

IGLESIA ABACIAL DE ALCALÁ LA REAL

Vista de la Iglesia Abacial desde la torre de la Cárcel.

Hoy procede, para seguir con la trilogía marcada en la entrada del Castillo de la Mota, Iglesia Abacial y Museo, la iglesia Abacial. Cuando la conquista definitiva de la ciudad por Alfonso XI, el cristianismo, como cualquier religión hace con la anterior, ocupó la ciudadela y que cosa mejor hacer que, construir una enorme iglesia encima de una antigua mezquita, que lo estaría encima de un templo visigodo -como supongo lo pruebas las tumbas visigodas que hay en el suelo de la iglesia-, y éste de uno romano y así sucesivamente.

Fachada occidental y pórtico de entrada.

Pero además no bastaba con eso, había que adosarle una alta torre (42 mts.), que superara en altura la del homenaje del Alcázar árabe, para demostrar la supremacía de la cruz sobre la media luna. Y así se hizo, se buscó el favor real y se edificó la iglesia Abacial en el lugar citado, primero con una cierta modestia para luego darle el boato necesario años, bastante, más tarde.

Fachadas oriental y norte.

Además de subir en altura la torre subió también el orden espiritual. La nueva jurisdicción de la Sede del Patronato Real comprende; Almedinilla, Castillo de Locubín, Priego de Córdoba, Carcabuey, Frailes y Noalejo.

Interior; coro, capilla bautismal, puerta principal y sacristía.

La Iglesia está ubicada al sur de la Alcazaba, en el barrio noble de la ciudadela fortificada, con sus direcciones de planta adecuadas, la puerta principal al oeste y el altar mayor al este, creo que mirando a Jerusalén. Sus medidas, sin edificios que le hagan sombra en su cercanía me parecen descomunales. La soledad de su entorno la destaca más.   

Pilares.

Había otra iglesia anterior, que la actual, más modesta. Se comenzó a construir en 1530 y se terminó en 1627. El chapitel se reformó después -el chapitel es el elemento arquitectónico que culmina la torre, si es de punta aguda se llama de aguja-. Tuvo tres fases importantes en su construcción, la primera de ellas  la inició el Abad Juan de Ávila –no tiene nada que ver con el santo-, que se circunscribió a la base y el proyecto fue de Martín de Bolívar.

Bóveda.

Tiene, como sustentación, cuatro pilares que, ayudados por los contrafuertes de las fachadas sostienen las bóvedas. Estas reminiscencias góticas se acercan o se confunden con lo plateresco de; los escudos, rosetas, hojas de acanto, conchas, etc. Su planta se componen de tres naves de dos tramos, en el primero la torre y el coro. El chapitel se incorpora después y se reconstruye en la tercera fase por la mitad del XVII.

Portada fachada. 

La portada se ubica entre dos contrafuertes, de los cuatro que tiene la fachada occidental. La piedra procede de la Cantera Blanca, en las cercanías de Alcalá la Real. Es un arco carpanel o apainelado, rematado por una cornisa. El arco de medio punto decorado con profusión, con dos columnas en sus lados y el escudo del Patrono Abad. En el friso hay un texto en latino que dice: “Aquí no hay otra cosa que la casa de Dios y la puerta del cielo”. Un gran medallón configura el tímpano y aletones enormes a los lados.

Cubierta.

Una segunda fase en el siglo XVI remodela la parte central, después de treinta años. Un Abad, Maximiliano de Austria comienza y luego, Alonso de Mendoza continúa. La nave de veinte por dieciséis metros, del granadino Ambrosio de Vico, y de los maestros canteros de “los pilares de la tierra”, Ginés Martínez y Miguel de Bolívar. Dos pisos en los muros, primero seis arcos de medio punto, tres capillas hornacinas y tres portadas. El segundo piso, arcos ojivales armoniosos con los primeros. Ginés Martínez fue el constructor de la escalera del Obradoiro de Santiago, y un antecedente de está escalera está en las Casas del Cabildo adosadas a la Iglesia que nos ocupa.

Patio

En el muro norte, el que mira a la Alcazaba árabe, existe tapiada lo que fue la Puerta del Perdón, este sería el lado del evangelio. Ésta se compone de dos cuerpos, un arco flanqueado por dos pares de columnas, uno a cada lado y un ático con un relieve de la Asunción. Un frontón triangular con el escudo del Abad y dos escudos heráldicos desconocidos, borrados. La puerta sur, la de la epístola, comunica con la capilla del Deán. La sacristía y el Cabildo son de puertas adinteladas. La Capilla del Deán es nombrada así por el deán Juan Alonso  Chirino, que también lo fue de la catedral de Córdoba.

Puerta del Perdón, fachada norte.

La capilla bautismal merece una parada, es de doble portada y tiene dos relieves circulares a ambos lados, con dos efigies. Unos dicen que son la de D. Diego de Siloé y su esposa, y otro que lo normal es que representen a Adán y Eva. Está coronada la capilla por una bóveda de rosetones. Parece ser que la pila bautismal está en la iglesia del cercano pueblo de Frailes, donde se trasladó en el año 1778. El Abad Pedro de Moya terminó la obra en 1627. Levanta tres grandes arcos en el muro oriental, con bóvedas elípticas en cada uno de los tres espacios creados.

          
Bóveda capilla bautismal.

Se culpa a la invasión francesa, en 1810, del abandono. La iglesia fue utilizada por ellos como almacén y dependencias militares El 15 de septiembre de 1812 el ejército francés voló el polvorín que, estaba situado en la torre de la Cárcel, una pequeña fortificación en el lienzo sur de la muralla de la ciudadela, además de prenderle fuego a la iglesia. La realidad es que, parece ser que hubo una petición de dinero, por el Jefe de la fuerza militar invasora para aprovisionamiento y víveres que, o fue mucha la cantidad reclamada, o el cabildo no quiso soltarla. El cabildo civil le echó en cara al eclesiástico, después, su desinterés por las alturas y su deseo de bajar al valle.

Portada capilla bautismal.

El incendio significó la caída de la bóveda. Justo es decir que, determinadas reformas liberales del XIX y los acuerdos del 1851 con la Santa Sede, conllevaron la desaparición definitiva de la Abadía. Cuestión que significó su abandono. Luego el ayuntamiento la convirtió en cementerio, todo ello llevó a que en el año 1874 se derrumbaran, las bóvedas y la cúpula de la capilla Mayor.

Tumbas en la nave.

La guerra “incivil” del 36/39 del siglo pasado, no incidió ni para bueno ni para malo en la Iglesia Abacial. Parece ser que con cargo a un organismo creado en la posguerra, que se llamó de “Regiones Devastadas”, a pesar que el deterioro del monumento no lo fue causa de la contienda, se repararon parte de las bóvedas. En 1981 se procedió a consolidar el chapitel de la torre. En los años noventa del siglo XX, se procede a reforzar el perímetro y a cubrir la iglesia, con el objetivo de protección del edificio. 

Gárgolas en la escalera de caracol.

En la misma década citada, por el Taller de Arqueología de la Escuela Taller “2”, se llevó a cabo una excavación detallada. Y estima en sus conclusiones que hay dos tipos de asentamientos civil, militar y funerario. Dos aljibes y enormes sillares se consideran de la época romana.

Tumba excavada en la roca.

Hay, como puede verse en las fotografías, tumbas excavadas en la roca, que bien pudieran deberse a la época visigoda. Después, estos enterramientos parecen ser reutilizados en la época musulmana. Luego están los indicios arquitectónicos góticos y las criptas ya de una época renacentista.

Galería Casa del Deán.

La última reforma, desde luego, es la actual, de hace muy poco tiempo, ya en el siglo XXI, realizada desde mí punto de vista con bastante mimo, que hace que merezca la pena disfrutarla. En la entrada existe una cómoda escalera de caracol que sube al coro y a una dependencia donde está la figura del deán, escribiendo delante de un espejo, y una talla de una imagen. La nave central, está cubierta en el lado de la epístola por un pasillo transparente que, si superas la sensación de vértigo que produce, acomodando tu cerebro a que el material transparente aguantará tu peso, permite pasar por encima de las tumbas y criptas, hasta la casa del Deán.  

Al fondo Sierra Nevada.

Un pasillo de cinco arcos con cristales, permite divisar un paisaje precioso de Sierra Nevada. Una de las fotografías, que es de Conchi –“a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”-, permite contemplar su funcionalidad. Arriba existe una sala de proyecciones. La realidad evidente es que merece la pena visitarla, ya que de una tacada se visita el yacimiento, la Iglesia que nos ocupa, la Alcazaba Árabe, el Museo arqueológico, y muchas cosas más que tiene esta hermosa ciudad.


Bibliografía: Asoc. Alcalá Histórica y otras.
Fotografía: Autor, Conchi y dos de la asociación citada.