domingo, 17 de julio de 2011

CALLE FERNÁNDEZ RUANO


Calle Fernández Ruano tramo medio, dirección Juan de Torres

En la plaza de Juan de Torres o del Indiano comienza la calle Fernández Ruano, y acaba en la Puerta de Almodóvar, en el cruce con Almanzor y Madera (Tejón y Marín). Teodomiro Ramírez de Arellano dice de esta calle y su calleja sin salida de la misma, en sus Paseos.

"En este lugar empieza la calle de Pescadores, que termina en la de la Puerta de Almodóvar, afluyendo a ella la de las Campanas, de que también nos ocuparemos, y casi frente una calleja sin salida que le decían de Arriaza y debe el título a haber vivido en una de sus casas un maestro albañil llamado Pedro de Arriaza, variando entonces su nombre, que era el de Pescadores, por unos individuos de este oficio, vecinos de ella, de la que lo tomó toda la calle que antes se llamó de la Puerta de Almodóvar, como la que le sigue y a donde en este momento llegamos. "

En esa calle fue donde trabajé por primera vez, de cincelador, con unos de los mejores artistas que ha tenido la orfebrería cordobesa, Francisco Díaz Roncero, para nosotros Paco “de Luisa”, lamentablemente ya desaparecido, profesor de Metalistería Artística de la Escuela de Artes y Oficios, puesto similar que creo ocupa su hijo mayor. Luisa era su madre, fuimos vecinos durante un tiempo en la casa número 4 de la calle Medina y Corella (el Sr. Medina fue fundador del Monte de Piedad, luego Cajasur y después BBK), la puerta de al lado de la Filmoteca Andaluza o de la anterior Maternidad, del Hospital de San Jacinto.

Guardería de esquina a Juan de Torres

Paco Díaz Roncero era un verdadero artista, especializado en la orfebrería religiosa. Muchos pasos de Semana Santa son obra suya. Con el martillo y el cincel dibujaba maravillas en la chapa. El taller estaba en la callejita sin salida de la calle, en la casa frontal, llamada “del Huerto”. Otros artistas formaban parte de la plantilla del taller; uno de los mejores, por no decir el mejor, que competía en calidad con Paco, Pepe Luque, su cuñado; Pepín y Paquito el de los Huevos configuraban esa terna, también Antoñito. Luego el taller se trasladó a la calle Almanzor. En la casa de la callejita (llamada de Arriaza) de la calle vivía un amigo del colegio, que aún conservo, y que estuvo trabajando después con Paco Díaz hasta que cerró el taller, Juani Martínez.  También tuvo por ese tiempo el taller en otra casa de la calle Fernández Ruano, a efectos de fundido y faenas mayores. Una casa antigua con patio y arcos frente a la calleja, que después fue adquirida y edificada por mis amigos Leopoldo y Pepe.

Comienzo dirección Puerta de Almodóvar

La calle Fernández Ruano es una calle de solera dentro del barrio de la Puerta Almodóvar. Si la comenzamos por el cruce con Almanzor y Madera (Tejón y Marín), la primera casa de la derecha era la de Carmela López la jeringera de la Puerta de Almodóvar, una verdadera institución. En la acera de la izquierda estaba Antoñito Luque “el dorador”, bien conocido del mundo de la platería y joyería cordobesa, hoy su hijo Rafalín Luque, que cogió el relevo, es uno de los pioneros de la comercialización de las perlas japonesas en esta ciudad. Después la barbería de “Quinito”, educado personaje, pero como una cabra, que nunca cortó a nadie con la navaja de afeitar, bien es verdad que su parroquia no era muy selecta. Trabajaba de empleado en la barbería pero su personalidad eclipsaba la del propietario. Cuando se cruzaba con mi madre siempre le decía: 

Surcos en las paredes para evitar el roce de los ejes de los carros

-Doña Lola como está usted... y su marido... y su familia, hágale llegar mis respetos. 

Daba un saltito al bordillo de la acera, bajaba y seguía su camino braceando muy flamenco, con las mangas remangadas de la gabardina porque le estaba grande y, como a caballo regalo ... Mi madre lo saludaba y después nos reíamos de su "exquisita" educación.  En la acera de la derecha la tienda de ropa de Mario, que se casó con la hija de Moreno “el de los muertos”, como se llamaba al titular de la Funeraria Moreno de la calle Pompeyos, su suegro. Juani el carnicero, otra institución del barrio, de toda la vida. Frente el estanco.  En la callejita citada del taller de Paco Díaz. Lo que ahora es una pensión fue otra casa de vecinos que, curiosamente he visto publicada la subasta de esa finca en la hemeroteca de ABC. Allí vivía otro compañero de colegio, Martínez Pérez, y sus padres. Luego muchos años después, un hijo de una hermana suya que se mudó a la calle Adarve, fue titular de un suceso del que se habló mucho en la ciudad, el pequeño de muy pocos años, se perdió en la sierra y afortunadamente fue encontrado al día siguiente sin daño. 

Vista hacia Juan de Torres, al fondo.

Si seguimos en dirección a la Plaza del Indiano o de las Gaseosas (Juan de Torres), llamada así por la fábrica que existía en la famosa casa, había un taller de costura y se veían a las costureras trabajando por la ventana, bastante guapas por cierto, creo recordar que había una que se llamaba o llamaban Maravillas. Era significativo el nombre. Un taller de platería y algunas casas a ambos lados sin más importancia. Salvo que, dada la estrechez de la calle tenía, y aún tiene, unas hendiduras en el cerramiento exterior para que los carros pasaran sin problemas de rozar con sus ejes la pared, o los coches los espejos retrovisores. Y al final la guardería San José que aún está, sin cambios exteriores aparentes.

A la derecha casa de mis amigos Pepe y Leopoldo y antes taller 

Volvemos atrás porque mención especial merece la de la casa llamada del Huerto, que era donde arriba hemos dicho estaba el taller de Paco Díaz. El taller estaba entrando a la derecha, aún existe una puerta y una ventana acristaladas, que no han cambiado. Luego entrabas a un patio que fue testigo de una serie de veladas festivas y bailes. El patio estaba empedrado cuando ganó varios premios en el concurso de Patios Rejas y Balcones y luego se enloso. A la izquierda vivía Carmeli de Alijo, a la derecha Pepito Luque, fundidor, con la fundición en un patio trasero de la casa, su esposa una agradable mujer de pelo blanco, bajita y sus hijos Encarnita y Pepe. Luego Frasco, agricultor de la Vega. Otra vivienda en ese ala era la ocupada por un pariente de Luque que trabajó con Paco Díaz, Antonio “el dientes”. En el otro lado del patio, Luisa y Paco Díaz Roncero. La casa hacía un recodo a la derecha donde estaba el pozo. Ahí había una vivienda donde vivía la familia de Páez que trabajó en Obras Públicas. Luego otro recodo a la derecha y la vivienda de Juan Martínez, fundidor de la Cordobesa, su esposa guapísima, como su hija Maruja -cordobesas morenas de Julio Romero-, Pili y Juani. Al final un pequeño patinillo donde trabajaba Faustina pulidora del Campo de la Verdad y la fundición con moldes de tierra de Pepito Luque.

Antigua calleja de Arriaza, al fondo "casa del Huerto"

Cuando la calle dejó de llamarse Pescadores le puso el consistorio Fernández Ruano, en honor de unos de los poetas más importantes que dio el siglo XIX a esta ciudad, que había nacido en ella en (1883/1888), y que tuvo la desgracia añadida a su apocado carácter, de haber coincidido en el tiempo con Fernández Grilo, el de “hay de mi alegre sierra sobre las lomas, unas casitas blancas como palomas…”, y el segundo poeta cordobés de ese tiempo. Quien mejor lo describió fue Ricardo de Montis, y lástima no haber podido encontrar una fotografía suya, aunque existe un óleo sobre lienzo de 85 x 64 del poeta, de F. Marchesi, 1907, que representa al poeta escribiendo, de perfil y que forma parte de la colección de la Real Academia  de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba,que parece tomado de una fotografía suya desconocida. 

Tramo de desembocadura a la Puerta de Almodóvar, a la derecha 
estaba el dorador Antoñito Luque y la barbería de "Quinito"

Decía D. Ricardo, de D. Manuel Fernández Ruano:

“Don Manuel Fernández Ruano era hombre de carácter apocado, excesivamente corto de genio, modesto en grado sumo, enemigo de la adulación y de la falsedad, una persona, en fin, chapada á la antigua, que llevaba siempre el corazón en la mano para podérselo mostrar á todo el mundo. Fernández Ruano jamás gozó los favores de la fortuna ni encontró un Mecenas dispuesto á protegerle.

Fue en sus primeros tiempos un humilde empleado de las oficias del Cabildo Catedral, que en los ratos de ocio escribía composiciones religiosas hermosísimas. Con ellas logró llamar la atención de los buenos literatos y obtener honrosos premios en aquellos primitivos Juegos florales de Córdoba cuyas recompensas podían ostentarse con legítimo orgullo. Esta última, según la opinión del Duque de Rivas, hubiera firmado el gran Quintana sin inconveniente alguno. Alentado por varios amigos y realizando un verdadero sacrificio, don Manuel Fernández Ruano marchó a la Corte, recomendado al Conde de San Luís.

Este invitóle á comer en una ocasión; el pobre poeta que jamás había pisado los salones aristocráticos cuya atmósfera le asfixiaba, sentóse ante la mesa aturdido y confuso y pocos momentos después se volcaba una sopera encima. Al día siguiente cayó enfermo; falto de recursos una población extraña, tuvo que refugiarse en un hospital, y apenas hallóse en disposición de emprender el viaje, regresó á Córdoba, jurando y perjurando no volver más á Madrid.

Y aquí pasó el resto de su pobre existencia, alternando empleos humildes, á destinos bien ajenos á sus gustos y aficiones, hasta que, al crearse el periódico conservador La Lealtad obtuvo una plaza en su redacción, la cual ocupaba cuando le sorprendió la muerte. En este periódico, alternando con los trabajos informativos, publicaba hermosas poesías y artículos literarios, verdaderamente notables, con los que popularizó el seudónimo de Martín Garabato.

Y á la vez tomaba parte en cuantos actos y veladas, entonces muy numerosos por cierto, celebrábanse en Córdoba para rendir tributo á las letras y en todos ellos objeto de admiración las inspiradas creaciones de Fernández Ruano, a pesar de que él, al leerlas, les quitaba gran parte de su mérito. También quiso probar fortuna en el teatro y le fue adversa. Su drama El espectro juez corno obra literaria es irreprochable pero le falta interés y esta circunstancia, unida á una avería que ocurrió en la maquinaria, la noche del estreno, precisamente en la escena más culminante, fue causa del fracaso de la citada obra y de todas las esperanzas que hubiera hecho concebir á su autor.

Fernández Ruano no tenía, no podía tener enemigos; todo el mundo le quería y le respetaba. ¿Cómo está usted, don Manuel? decíale á cada paso un amigo ó un admirador y él invariablemente contestaba: bien; es decir, mal; es decir, regular, con lo cual nadie podía enterarse de su estado. Hombre de constitución raquítica, tenía un miedo cerval al frío; así no era extraño verle á principios de Primavera ó de Otoño enfundado en un enorme gabán, de amplios bolsillos, el cual, á su vez, envolvía en una vieja capa. Aparte de que la capa le sirviera hasta en verano, como á otros cordobeses antiguos, para ocultar el cesto con que iba por las viandas al mercado; pues nuestro gran poeta, siguiendo una costumbre tradicional de muchos paisanos suyos, que ya también ha empezado a perderse, se hacía la despensa, como aquí se dice, para comprar á su gusto y evitar sisas y engaños. El inolvidable cantor de Carlos V, su mejor poema, ni aún en los meses de más elevada temperatura abandonaba su prehistórico gabán.

Con él iba en todos tiempos á la oficina, á la redacción embutido en él escribía y sólo en esos días de Julio y Agosto en que el calor abrasa despojábase para trabajar de su prenda favorita y la colocaba cuidadosamente sobre una silla próxima á su asiento. En cierta ocasión un gato se le introdujo en uno los grandes bolsillos y, sin duda agradóle el albergue porque se quedó en él á dormir. Fernández Ruano, cuando hubo terminado su tarea púsose el abrigo sin advertir la presencia del huésped dirigióse muy tranquilo á la imprenta en que se editaba el periódico. Allí fue á sacar unos originales y... sacó el gato, provocando la hilaridad general de los cajistas.

El eximio poeta cordobés murió en la miseria y necesario abrir una suscripción entre sus compañeros para enterrarle decorosamente. Después se acordó nuestra ciudad de que había perdido á un hijo ilustre y el Ayuntamiento costeó la impresión de las obras de aquel y puso su nombre á la calle Pescadores donde naciera. Varios aficionados al arte escénico, deseosos de honrar la memoria del poeta, crearon una sociedad dramática y también le pusieron el nombre de Fernández Ruano, haciendo así, aunque de buena fé, un epigrama sangriento, pues el infortunado vate sólo dio á la escena una obra y esa se la silbaron.”

Portada de la casa del Indiano y antigua Fábrica de gaseosas.

Una calle, unas gentes, un barrio, un poeta que nació en ella y le dio sus apellidos,

Fotos del autor.
Bibliografía de R. de Montis y T. Ramírez de Arellano.

6 comentarios :

Juan Guijarro Moreno dijo...

Buen relato de tus vivencias infantiles de las calles donde te criaste y jugaste, en torno de la Catedral.
Ahora estoy leyendo un libro -¡Santo Dios, por fin leo uno!- de Luis Enrique Sánchez que se llama "El tesorero de la catedral" y desarrolla su acción en la Córdoba del siglo XV y salen las plazas, casas, calles de toda esa zona de tu Córdoba que tan bien conoces.
No sé si ell libro es bueno o malo, esperaré a terminarlo para ver qué saborcillo me deja.
Por si no lo has leido y te interesa te transcribo la sinopsis de la editorial, que copio y pego de internet:
"Córdoba, 1473. El bachiller Diego Rivera regresa a la ciudad después de estudiar en Salamanca y la encuentra sumida en la miseria y el sufrimiento de la gente del pueblo. Las correrías de nobles, caballeros y clérigos, llenan las calles de muerte y desolación, aflorando en este río revuelto todas las pasiones y miserias del alma humana. A esto se suma que la presión sobre moros y judíos de España no ayuda a apaciguar los ánimos y un recelo cada vez más insostenible acorrala a aquellos que se convierten (a los más tempranos conversos).

En este friso convulso y violento, dominado por una Iglesia infectada por la depravación, sobresale la figura del Tesorero de la Catedral, don Pedro Fernández de Alcaudete, —personaje histórico del siglo XV, del que únicamente se conoce su truculento final— y que domina toda esta vorágine, llevado por su ilimitada ambición".

Un abrazo fuerte

Paco Muñoz dijo...

Gracias Juan, no lo he leído pero lo conozco. Desde los nueve años de orfebre hasta los actuales, ya van años trabajando.

Y la iglesia como siempre, en todas las épocas, para no cambiar.

Un fuerte abrazo Juan.

Aura dijo...

Tu paseo por las calles de Cordoba, me ha encantado, y tu relato me ha transportado a otros tiempos pasados ..yo no los viví, pero si parte de mi familia a la que he ido preguntado..
En respuesta sobre el blog de cuentos español e ingles...los cuentos no son mios ...talvez comience a escribir ..pero como no he encontrado quien los traduzca, esa era mi primera idea, pues habré de cambiarle el nombre...
En el de poesia, llevo tiempo sin escribir....el porque, nunca se sabe...no es que haya dejado por completo de escribir, dejé de hacerlo allí, seguramente lo retomaré, lo que si hice...y te lo cuento por ser cordobes, es escribir en el Premio Literario ..."Cordoba Patrimonio de la Humanidad " me ilusionó que me incluyesen en el libro que posteriormente se editó...
Aun me planteo, si este año volveré a mandar algo...talvez lo haga..tengo aun tiempo....
Cuidate ...bess

Paco Muñoz dijo...

Por lo que deduzco que tu familia ha vivido en Córdoba. Aura pues a escribir porque en tu otro blog el de las Flores de… si lo hacías y eran muy buenos los trabajos, y no es una opinión solo mía, mi amigo Eduardo también opina así, y lo dejaste aparcado que nos preguntábamos que pasaba. Así que a retomar ambas cosas. Y este año a volver a escribir en el Premio Literario y a ver si me dices el título de tu trabajo publicado. Muchas gracias saludos.

Aura dijo...

Las poesias ke mande a Córdoba Patrimonio de la Humanidad, llevaban por titulo " Hilvanando " este año lo que he mandado es un cuento ...Desprendiendo Aromas " lleva por titulo. Si al final me decidí... me sentiré satisfecha, con que de nuevo me publiquen ...Si además cae alguna mención ...pues ..Se me olvidaba, el seudónimo con el que presenté los trabajos es Ela ...
En cuanto a mi familia, aun siguen viviendo en Cordoba, voy bastante amenudo por allí....Estoy solo a dos pasos, Sevilla y Cordoba, practicamente se dan la mano ...
Gracias Paco, por tus palabras sobre mis escritos y dale las gracias tambien a tu amigo ..
Un saludo ..

Paco Muñoz dijo...

Aura pues estaremos pendientes, nosotros colaboramos con ellos, yo estuve cinco años trabajando en Patrimonio de la Humanidad, ya llevo cinco fuera, pero todos los años aportamos algo. Me imagino que se habrá fallado ya lo de este año. Un reproche llevas un año sin poner nada en tu blog, en el de las Flores, en el otro mucho más, y eso no puede ser. Muchas gracias y un beso.