viernes, 15 de julio de 2011

LA PLAZA DE LAS DOBLAS


En la entrada pasada sobre el Templo Romano de Claudio Marcelo, hacíamos una referencia a la serie de piezas arqueológicas que estaban distribuidas por la ciudad. Hablábamos que una serie de columnas del templo estaban en la Plaza de las Doblas y en los jardines de los Patos. Pues bien, en los jardines de los Patos (Agricultura o Bajos) no hay nada, sí, en la Plaza de las Doblas, en la que hay dos trozos de fuste y dos basas como se puede ver en las fotografías. 

Fuste, basa y placa informativa

Como siempre, y para no perder la costumbre, echamos mano de nuestro manual de cabecera, Paseos por Córdoba, de nuestro local Julio Verne, Ramírez de Arellano, no en lo futurista sino en lo viajero local, con sus defectos y sus virtudes, por lo que transcribimos textualmente lo que dice de la plaza:

Los dos fustes y las dos basas

“La plazuela de las Doblas

Al terminar la calle del Silencio toma este barrio la casa de baños del señor Sánchez Peña, en la de Capuchinos, y tomando a la izquierda salimos a la plazuela de las Doblas. Muchas conjeturas se hacen acerca de este título; unos lo toman como oriundo de las monedas así denominadas, y otros por un apellido ilustre, cuyos representantes debían tener allí sus casas. Los primeros se equivocan por completo; los segundos se acercan a la verdad, mas no en lo de ilustres. En efecto, registrados por nosotros los padrones antiguos vemos que allí vivieron los Doblas durante siglos; pero éstos eran unos aladreros muy acreditados que a fuerza de años perpetuaron allí su nombre.

Placa informativa de la procedencia de las columnas y basas

En esta plazuela -creemos que en la esquina de la calle del mismo título que la da salida a la puerta del Osario- estuvo el beaterio de Nuestra Señora de la Piedad, fundado por doña Beatriz de Córdoba, por su testamento otorgado en 15 de julio de 1564 ante Juan de Eslava, sin que hayamos podido averiguar cuándo lo suprimieron, si bien colegimos su agregación al hospital de Antón Cabrera.

Tiene una barrera o calleja sin salida, y cerca de ella tuvo otra que en 1697, por acuerdo de la Ciudad, se incorporó a la hoy casa del señor conde de Torres Cabrera.

El pavimento de esta plazuela estaba mucho más bajo, y para que no se alagunase le pusieron en el centro una losa con agujeros por donde iba el agua a un gran sumidero o pozo que aún existe en el Campo de la Merced, delante de las casas construidas contra la muralla. No era bastante esta alcantarilla, porque la broza la obstruía, formándose tal lago que era imposible pasar de un extremo a otro, viéndose los vecinos aislados sin poder salir a sus quehaceres. Con este motivo se hicieron varios estudios, y por último, en 1865 se subió el piso, y bajando el de la calle de Capuchinos se le dio corriente hacia la Cuesta del Bailío.”

Frontal del Palacio

Trata de definir el nombre de la plaza, y cita lo que en un testamento figuraba sobre el  beaterio de Nuestra Señora de la Piedad, habla de una calleja que hoy cierra una verja, pero que años atrás era la espalda del Palacio de los Marqueses de Valdeflores. El palacio después fue de una constructora y finalmente, fruto de las relaciones constructora y la eclesial Cajasur, es la Fundación Miguel Castillejo.

Palacio desde lejos

Uno de mis mejores amigos, Juan Lozano, cuya edad está entre la séptima y octava década, ha casi nacido allí (nació en Cataluña, por casualidad, pues su madre con él en su seno, buscaba a su padre que estaba en el ejército republicano de Ebro, el cual murió allí, y después de un periplo desde Córdoba a Cataluña, pasando por un campo de concentración francés, volvieron aquí) en la casa de al lado de la calleja, y vivió en la plaza hasta el sesenta y dos, año en el que se llevó a Pepi, la dependienta más guapa que tenía la confitería de la Purísima, la de las famosas tortas, y se fueron a vivir al Sector Sur, al Barrio de la Guita.

Un fuste y una basa

Pues bien, el me ha hablado de la plaza, que no tenía jardín, la fuente la hizo Escribano Urcelay en el 1944, con mármol de Sierra Elvira, al lado de Pinos Puente, “Graná”, el pueblo de mi padre. La fuente es muy simple, una artesa de piedra, pequeña de una altura de 35 cm., un surtidor en el centro y una atarjea que la circunda donde va el agua que rebosa. 

La fuente de Víctor Escribano de piedra de Sierra Elvira.

Antes decía Juan, todo se semejaba al último párrafo de D. Teodomiro en su descripción, un pavimento simple algo en alto y poco más. Hay que tener en cuenta que en el siglo pasado, y ya lo mencionamos en otra entrada, se abrió la salida al Campo de la Merced, para que un Borbón, pudiera salir cómodamente a él. Antes la salida era a través de la actual Burell, que se llamó también Doblas como se puede ver en el plano de 1811, a la Puerta Osario. En el número 10 de las Doblas existió el establecimiento de Baños de Sánchez Peña con salida al Campo de la Merced, como podemos ver en la publicidad del mismo. 

Publicidad de los baños de Sánchez Peña

Hace un tiempo se pretendió poner allí un monumento a Juan de Mesa, al que los vecinos se negaron, por la poca fortuna que tuvo el artista, que parece más bien un monumento para un mausoleo de un cementerio, como dijo un turista en el periódico local   


Plano de 1811, aún está cerrada la salida a la Merced


Polémicas a la mar, como los pelillos, la única verdad es que están las columnas y las basas, que era lo que nos interesaba reseñar, como curiosidad. Aunque en esta ocasión se ha tenido la delicadeza de, en una placa, citar la procedencia de las columnas, no vaya a ser que algún cochero de la ruta de Capuchinos, les dé a los turistas su visión particular. Recuerdo uno, hace tiempo, al pasar por la puerta de Almodóvar le decía a unos turistas, explicándoles la antigüedad de la puerta:

 –Miren ustedes si es antigua esta Puerta, que los albañiles que la hicieron ya han muerto todos. 

Plano de Casañal. Ya está abierta la salida al Campo de la Merced

Esta es otra cuestión que se debía cuidar. Hay dos tendencias perfectamente definidas, la de que Córdoba es romana, y la de que Córdoba es árabe, según el que explique, el turista se va arabizado o romanizado, pero eso es otro cantar.

Fotografías del autor.
Bibliografía de Ramírez de Arellano Paseos por Córdoba

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