viernes, 8 de julio de 2011

LOS TRUENOS

Tiras de truenos

Ayer cayó en mi poder una imagen que me trajo muchos recuerdos de la infancia, los truenos. Esas tiras de papel con unas gotas de una sustancia roja que al friccionarlas con cualquier superficie áspera hacían que se encendieran hasta consumirse, generando chispas y un ruido de “truenos”. Otras veces se hacía una cavidad con las manos y dentro de ella se movía el trueno como si movieras una coctelera o estuvieses tocando unas maracas. Las más cortabas la tira lo encendáis y movías con la mano, extendido el brazo, para evitar que las chispas te llegaran.

Trozo de azufre

En la oscuridad, sin encenderlos si te frotabas con ellos alguna parte del cuerpo -algunos inconscientes se frotaban hasta los dientes- dejaban la parte rozada con el ”trueno” fosforescente, por el fósforo que desprendían. Si bien el fósforo rojo no era tan venenoso como el blanco, que lo era y muchísimo, no se debía jugar con él. Era el juego de las noches, con muchos nenes con marcas de rayas de fósforo en las mejillas, que en la oscuridad iluminaban incluso.

Pastillas de clorato potásico (foto de www.todocoleccion.net)

El portal de la taberna de Rafalito Moyano, era muchas veces el lugar donde se hacían los experimentos fosforescentes, sin ser desde luego el único. El trueno también se le echaba encima al amigo buena persona, que aguantaba todo, y que en muchas ocasiones podía quedársele en el pelo y causarle un pequeño desaguisado, o al suelo y saltaban a la vez que tronaban y soltaban chispas.

Otras pastillas de clorato potásico (foto de www.todocoleccion.net)


Algunos que nos metíamos en más profundidades, conseguíamos un liquido fosforescente con gaseosa, bicarbonato de sodio y peróxido de hidrógeno -agua oxigenada-, un cuarto de litro de la gaseosa, una cucharada de bicarbonato y dos de agua oxigenada y el líquido resultante fosforescente, claro eso ya no se podía beber por ser tóxico.

Cerillas de cera

Y luego estaba el equivalente a la pólvora negra –salvando las distancias- que los aprendices de dinamiteros, hacíamos con clorato potásico, las pequeñas pastillas para las vejigas de la lengua, y azufre que se compraba en la droguería. Ambos productos se mezclaban y se depositaban en un canto rodado más o menos plano -una chifleta se llamaba, de las que iban muy bien para tirarlas al agua y dar unos pocos de saltos en ella-, y se tapaba con otra piedra similar, luego pisando la superior se provocaba la explosión por compresión, que sonaba bastante.

Cohete de cerillas preparado para el lanzamiento

Con los cerillos de papel encerado, forrándole la cabeza con “platilla” –ahora le diríamos papel de aluminio o simplemente albal- y poniéndolo vertical, incluso uniendo tres, configurando cada uno de ellos una pata del cohete, se encendía al papel encerado y cuando el calor le llegaba a la cabeza que estaba hermética con la “platilla” salía como una exhalación, ya que en realidad era un cohete, pues habíamos construido un pequeño motor a reacción. La platilla salía la mayoría de las veces de una jícara de chocolate,  o de un paquete de cigarrillos rubios. En las cocinas de las casas no había elementos tan sofisticados como el papel de aluminio. Para finalizar decir que todos los experimentos hay que hacerlo con sumo cuidado.

Fotos del autor, de www.todocoleccion.net y wikipedia

9 comentarios :

Diego Luis Urbano Mármol dijo...

Yo que soy viejo; aunque tenga poca edad, me acuerdo de esas tiras que en mi pueblo se llamaban "mistos traquios", recuerdo perfectamente los cohetes de cerillas y otros que se hacían con detergente y vinagre.

Paco Muñoz dijo...

Si Diego efectivamente, la gente le decía mistos, porque también le decía mistos a los cerillos, claro lo de traquíos sería el equivalente de truenos. Y con los cohetes eramos los precursores de los vuelos espaciales.
Un abrazo Diego.

Eladio Osuna dijo...

Pues supongo que estamos vivos de milagro: yo recuerdo por heberlo practicado, aquel mojar los triquitraques con saliva, usando la lengua directamente, y dibujarnos esas rayas fluorescentes por la cara como sioux surrealistas. Y por supuestos los explosivos con las pastillitas de clorato potásico molido mezclados con azufre y el pisiton de la mezcla bajo unap piedra. Y aquí estamos. O quizás por eso. Buenos recuerdos, Paco.

Juan Guijarro Moreno dijo...

Hola Paco, décadas hace que no me acordaba de "los pitones" que le llamábamos aquí en Doña Mencía a esa sustancia que rascabas en las piedras o adoquines y explotaba. También los cohetes con las pastillas mezcladas con azufre. Era lo que había, menos control sanitario y de seguridad, menos conocimiento de los productos, en fin unas vivencias de unos juegos que a nosotros nos parece buena, al menos a mí.
Buena entrada ésta amigo Paco, me ha gustado, un abrazo fuerte

Vértice dijo...

Recuerdo lo del clorato potásico con el azufre, izo furor en mi barrio (Valdeolleros)
y mi madre llamaba
a las cerillas "Mistos",
al Jarsey "Saquito"
a la basura "Mugre"
a la manta "Cobertor" y asi muchas cosas mas.
Pero lo de los truenos yo los recuerdo de forma de triangulo invertido.
Un saludo

ben dijo...

Alguna vez,de tanto apurar en el
rascado,el trueno se quedaba pega
do al dedo,con la consiguiente lla
ga,que tardaba en curar,porque eso
tiene el fósforo,menos mal que la
cantidad era pequeña.
En cuanto al potente oxidante,clora
to de potasio,reacionaba de forma
violenta con el azufre haciendo que
las dos pidras llegaran incluso a
saltar por el aire,menos mal que
la cantidades que se ponían eran
también pequeñas.
Nada que ver,con las potentes "bom
bas" que hoy día los niños se fabri
can uniendo las mechas de varios
petardos gordos y metiéndolos en
una lata de refresco.Éramos más
inocentes y sobretodo con menos
dinero en el bolsillo.
Bueno,tengo que decir,que me encan
ta tirar petardos de los gordos y
cohetes en las fiestas,ahora que
me lo puedo permitir.
Saludos.

Paco Muñoz dijo...

Más me han gustado a mi tus fotografías Juan, les he puesto un enlace a Facebook y están gustando mucho.
Un abrazo

Paco Muñoz dijo...

Emilio lo mismo me acuerdo yo de esas palabras y de emplearlas, en cuento a los mistos era otro modelo de echarles la gota.

Paco Muñoz dijo...

Ben eso que dices se me había olvidado, se quedaba pegado al dedo y quemadura al canto. Eso comparado con lo que hacían los USA en Vietnan, la famosa fotografía del niño en la carretera llorando, achicharrado con las bombas de fósforo pero blanco. Menos mal que eran los "buenos".