miércoles, 14 de septiembre de 2011

MANUELA RAMOS GUERRERO, "LA MANOLA", HINCHA NÚMERO UNO DEL CÓRDOBA C.F.

Doña Manuel Ramos Guerrero, "La Manola"

Los veranos en los barrios, a falta de aire acondicionado, requerían de silla de enea, botijo, y puerta de la vivienda en la acera, o lo que es lo mismo tertulia hasta altas horas de la noche, ya que al no tener televisión o tenerla solo los pudientes, que no era nuestro caso, quedaba la charla ciudadana. Corrían los años cincuenta hacía el final de la década, mi casa estaba en la Mezquita, éste entonces era un barrio sin la aglomeración turística actual, de casas de vecinos, curas ensotanados, mucha chiquillería, que jugaba a un partido de carabineros, a la “una mi mula” –piola, o pídola que es más “fisno”-, sin coches en la calle, con olor a azahar en su tiempo, a dama de noche y jazmín en verano, y por todo ello podía considerarse un lugar feliz, desde la nostalgia de lo que no puede volver, dentro de las carencias que, como no había incitación al consumo, se podían sobrellevar. 

Comienzo de Cardenal Herrero actualmente

Los adultos sentados en las sillas de enea, alguna con olor a Zotal todavía después de haber pasado la revisión de chinches, y los chavales en la losa fría del escalón del puesto de pan, del horno de Enrique Fernández, de la Puerta de Almodóvar, de la calla Madera baja, que regentaba la Juana Benegas, que era la suegra-suegra de mi tío Fernando. Cada noche veíamos desfilar una serie de personajes “ilustres”, entrañables me parecen a mí ahora en la distancia, sobre todo cuando tiene capacidad de valoración. Primero pasaba el ciego, que se paraba poco, era un hombre malhumorado, había visto hasta los treinta años y quedado ciego por un accidente. Mi padre lo cabreaba diciendo bajito, casi en susurro, pero que la compensación de los sentidos que tenía el ciego le permitía oírlo, teniendo en cuenta que lo decía a sabiendas de que lo oía: 

La calle Judería actualmente

—Niño, este ciego ve. 

—¡Qué yo veo, hijo de puta!, a ti te daba yo esto que me ha tocado a mí de no ver. 

Gritaba, e insultaba, a la vez que describía un círculo de casi 360 grados con el bastón que, como estábamos avisados procurábamos estar todos fuera de él, incluso cogiendo cada uno su silla. Y se marchaba relatando en dirección a la Virgen de los Faroles.

Luego los parroquianos de la taberna la Mezquita, iban desapareciendo poco a poco, salvo que estuviera en ella el López, chatarrero del sótano de la calle Cardenal González, con dos copas que alteraba el horario. Al final de la jornada, las señoras prostitutas del Charco de la Pava, se paraban a dar las buenas noches, e incluso tomaban un trago de agua del botijo, después de manifestar sus quejas por su trabajo, camino de su recogida, que normalmente era en los portales de la Corredera. Antes de la prostitutas, pasaba con parada prolongada, el personaje central de este artículo, Doña Manuela Ramos Guerrero, “La Manola”, la hincha número uno del Córdoba C.F.. Manola era de San Lorenzo, de la calle Montero, allí nació, allí vivió, y allí murió.

Mi casa con las reformas actuales

Conocía, por conversaciones con mi madre, a mi tío abuelo Manuel Roldán Carreras, que a pesar de haberse ido a la Lagunilla con su hermana, cuando se casó volvió a la calle del Agua. Trabajaba para el ayuntamiento en la limpieza de plazas del mercado. Cuando volvía de la limpieza posiblemente de la de Fleming, se sentaba un rato en la tertulia con mis padres, y como conocía a mi padre, ya que eran de la misma edad, y ambos tenían la misma afición por el fútbol, discutían jugadas de los futbolistas de su Córdoba, que a mí me sonaban a chino. Ya parecía una mujer mayor, aunque joven de edad, pero tenía un nervio especial, yo le calculo que tenía en aquel tiempo unos cuarenta y pocos años. Era ocurrente con un lenguaje de barrio, por lo que mi madre le preguntaba una vez y otra que había querido decir, porque su argot lo desconocía. 

Miguel Reina y Mingorance

Diez o doce años después, cuando yo trabajaba en la empresa de autobuses de cobrador, se subió en el autobús conmigo para ir a su trabajo, en aquel preciso momento yo tenía un altercado con un individuo que me parecía iba bebido, ella se quitó un zapato y le pegó al provocador en la cabeza con él, diciendo que a los trabajadores no se les podía meter broncas. El individuo ante tal ardor guerrero, como su segundo apellido, se bajó inmediatamente. Ella se acordaba de mis padres y de mí, pues luego me preguntó por ellos, ya no vivíamos en el barrio y ella seguro no pasaba por allí tampoco. La defensa no fue sólo por la amistad con mis padres, y el conocerme, es que ella era así de solidaria con los trabajadores y la gente. E igual nervio y ardor lo demostraba en el campo todos los domingos.

Manola tenía pasión por un futbolista, Mingorance, que le hacía quedar afónica en los partidos gritándole, según decía mi padre. También recuerdo a un tal Onega, argentino y a Benegas, que mencionaba, en realidad animaba y gritaba a todos, cuando lo merecían y en especial al árbitro. Verdadera pasión tenía por Rafael Campanero, el presidente, del que decía:

Rafael Campanero, hace unos "pocos" años.

—¡Leche! Cada vez que hablo de Campanero lloro. Es el que más gloria le ha dado al Córdoba. 

Manola se había quedado viuda, y siempre la acompañaba su hermano al campo, al que cuidaba ella también, por no estar muy normal del todo. Éste creaba unas situaciones trágico-cómicas cuando le colaban un gol al Córdoba, le daba un ataque y se desmayaba, teniendo que intervenir la Cruz Roja. También se cabreaba en demasía, cuando le cantaban, a propósito, con música de pasodoble taurino “Martorell, tu padre es tuerto”, era Rafalito un incondicional del torero cordobés y no consentía nada que lo desmereciera.

Cromo de una baraja de cartas 9 de oros Mingorance

Manola fue una institución en el Córdoba C.F., posiblemente haya sido la hincha número uno. Tenía paso franco en los vestuarios, e incluso iba a los desplazamientos con el equipo, salvo a Barcelona que decía que no iba  por el “reoma”, que había allí mucha humedad. La paga “del 18 de julio”, que así se llamaba la que ahora de verano, decía que la dedicaba a pagar el abono. Su anecdotario es muy amplio. En cierta ocasión le tiró una silla a un árbitro, después de un altercado, y le dio en sus partes más nobles. Fue denunciada y en el juicio el juez le dijo: 

— ¿Vd. Señora en el acto ejecutado lesionó a D. Fulano de Tal en los testículos?

—Sr. Juez, –le contestó— yo no sé qué es eso de los testículos, yo se que le di en ¡“toa” mitad de los huevos! pero es que el antes me dio una patada en la “chochada”.

Aquella salida hizo que rompiera la sala en carcajadas, no pudiendo nadie contenerse. Fue absuelta porque el Juez considero que la agresión fue mutua. En los desplazamientos también existió algún tipo de trifulca con los hinchas contrarios. Era valiente defendiendo los colores de su Córdoba. Luego murió su hermano y ella por los ochenta dejó de acudir al campo. Murió en 1997, mi padre en el 2001. Creo sinceramente que no tiene el reconocimiento que debió tener del Club al que dedicó su vida, pero eso es normal, quien más da, es siempre quien más pierde.

Fotografías del autor y de la red
Bibliografía personal y de la red.

22 comentarios :

Eduardo de Vicente dijo...

Muy entrañable Paco pero me has dejado, así..., con esa última frasecita. Ella lo vivía y a su manera lo disfrutó, pero un homenaje de alguna manera por parte del Córdoba C.F., sería de ley.

Un abrazo.

Lucas dijo...

Estoy totalmente con el comentario de Eduardo de Vicente. Me ha encantado cuando has descrito la escena de los vecinos en la puerta del domicilio, en mi calle aún pasa eso, son señoras octogenarias, "las señoras" como las llamo, las últimas de tan estupenda tradición, se sentarse al fresco, de conversar.

Paco Muñoz dijo...

Eduardo,Amigo Eduardo, yo no soy aficionado al fútbol, mi padre si lo fue, y lo practicó de joven. Creo que uno de los grandes disgustos que le di fue no ser aficionado, luego lo compensaron mis hijos, principalmente el mayor que se iba con él al campo. Yo cuando me llevaba desde edad muy temprana, leía, pintaba o me entretenía con las musarañas. Eso no quiere decir que no me acuerdo de cosas en los partidos. Sobre todo la colección de insultos la tenía al día, sabía muchos más que un nene de mi edad. Esta señora era una forofa de marca mayor, como decimos por aquí, y sobre todo buena persona. Y yo pienso que se merecía por parte de la institución de algún recuerdo especial, que seguro se lo tienen las personas a título individual, pero no colectivo.

Conchi Carnago dijo...

Me encanta este tipo de historias reales de nuestra época, que tantos recuerdos nos traen, las tertulias entre vecinos tenían su encanto, los pisos y la televisión acabaron con ellas. En todos los barrios existían unos personajes muy curiosos. Quizás no fueron tiempos mejores pero eran los nuestros.

Un beso.

Paco Muñoz dijo...

Lucas muchas gracias. En Andalucía es muy normal sentarse en la puerta de las casas a tomar el fresco, pero creo haberme pasado, en cualquier sitio es igual, porque ahora recuerdo haberlo visto en Madrid, en Barajas concretamente. Y en los pueblos es habitual. Lo que pasa es que la televisión ha metido la gente en la casa, les ha quitado la comunicación entre personas y ni siquiera se habla dentro de las casas tampoco a la hora de comer. Para mí son recuerdos muy cariñosos, por ejemplo: las señoras prostitutas se paraban y charlaban, cuando la situación lo requería, y yo nunca observé discriminación hacia ellas. Eso era importante. Claro mí no me decían el oficio de ellas, pero uno que no era tonto conocía el paño. Luego había otros personajes e historias que llenarían páginas, pero lo cierto es que es entrañable, por lo menos para mí, y me alegro Lucas haber estimulado tu recuerdo y te agradezco que lo hayas expresado.

Paco Muñoz dijo...

Gracias Conchi. En tu caso tu tendrás el recuerdo y lo has escrito por tu blog, de las tertulias en tu casa que se adaptaba a ello por tener unos buenos patios. Eduardo Conchi es el poder ejecutivo de mi casa, para tu conocimiento.

La Cocinera Políglota dijo...

¡Simpática historia!
Enhorabuena por su magnífico blog.

Paco Muñoz dijo...

Gracias Cocinera Poliglota -que nombre más original- Un saludo.

Lucas dijo...

Paco, a mi personalmente me encanta ver a las señoras sentadas al fresco conversando, dan vida, alegría. Es raro que un joven se pare con ellas a comentar cualquier cosa, les alegra el rato.

Lorenzo "el Retronauta" dijo...

Me ha hecho recordar cuando era niño en los '60. Tambien en Palma sacaban las sillas a la calle, y los más pudientes, enfocaban la tele en blanco y negro hacía fuera y la veían a traves de la ventana o la puerta.
Y nosotros a jugar y a correr. Que tiempos...
¡Y como me he reido con la Manola y su "chochada"! jejejejejejee
Saludos!!

ben dijo...

Me ha hecho gracia,lo de las seño
ras prostitutas,del Charco de la Pava,en realidad no eran tantas y
prestaron un gran servicio a la causa del alivio,en la gran solda
desca y juventud cordobesa,a veces
era una sola la que se prestaba para cepillarse tamaña cantidad,in
cluidos los catetos de los pueblos de pocos recursos.Una medalla o un monumento se les debe,sobretodo había una tal"la Chata",que con su pañuelo blanco como bandera higiénica y a pelo,sin precauciones,cumplió con
su deber hasta el final de sus días,sin una mísera paga.
Saludos.

Paco Muñoz dijo...

Pues entonces Lucas no dejes de hacerlo, tu también aprenderás cosas.

Paco Muñoz dijo...

Lorenzo, ya tenías tele en ese tiempo o en ese barrio, en el nuestro no llegó tan pronto, la radio sí. Luego la costumbre es nacional como la siesta. Los tiempos se han cargado muchas cosas auténticas y recluido a la gente en sus casas, muchas –y es lástima- a ver esos programas vacios, de gente que se transforma en modelo para jóvenes, que muchas solo han hecho el esfuerzo de separar, o apretar, según el caso las piernas.

Paco Muñoz dijo...

Carlos, en tu barrio en el camino hacía el Brillante, en la pared de la fábrica había otra sucursal pero la que comento era la de la Huerta del Rey al lado de lo que hoy es Fleming. Y el trapo era la amenaza para los nenes mirones:
-¡Os vais “o” os doy con el trapo “higiénico” .
Y llevas razón había colas esperando. Según modalidad, echadas en la boca de la alcantarilla –en los llanos de Vistaalegre que era relleno las alcantarillas estaban todavía en alto-, o en una manta que era de todo menos Paduana. Y los precios, en pesetas, masturbación –para ser más fino- dos cincuenta pesetas, a veces la señora trabajaba a pares, como esquiando, “coito erectus alcantarillum” –de pie, un duro, o “coito protentus” –creo que es así como se dice tendido en el suelo en latín- seis pesetas. Si era invierno el chulo “protector”, en la candela esperando y si verano retirado del escenario en el que ella dominaba todo el terreno. Luego a correr, cuando un gracioso decía:
-¡Qué vienen los guardias!
Todos saltando por montones de escombros, hasta llegar a la civilización. Eso significaba una reducción de los ingresos, y ellas trataban de evitar la desbandada, sobre todo en los días de la paga de los militares sin graduación. Y luego para eso para no tener paga, pero tal y como van las cosas, nos vamos a quedar algunos como las señoras prostitutas del Charco de la Paga, jodidos y sin retiro.

ben dijo...

Paco,cada vez que escribes,mi cere
bro comienza a ponerse en movimien
to,ahora me viene a la cabeza el
balón que había colgado en la pared
del bar Azul,de la plaza Almagra cruce con Almona,que era el balón
del último partido en segunda del Córdoba,cuando pasó a primera.¿Tú
te acuerdas de algo de eso?

Paco Muñoz dijo...

Carlos te he dicho que yo no era muy aficionado al Fútbol. Recuerdo de haber visto ese balón en entradas a ese bar pero de nada más. El partido fue con el Huelva, y ganó el Córdoba por 0 a 4 (Miralles 3, Homar1)aquello fue sonado en la ciudad, sobre todo la llegada en autocar. 1 de abril de 1962

Lucas dijo...

Paco, buenísimo tu última intervención sobre las prostitutas. Ya me gustaría a mi investigar sobre ellas, conocer a fondo todo el entramado social del que fueron partícipes. Aclarar pues, mi interés por la historia social del franquismo.

Eduardo de Vicente dijo...

Hola Paco, ya conocía que Conchi es tu esposa, alguna vez he entrado en su interesante blog pues miro los que sigues y de vez en cuando, como ya sabes, entro en alguno, me la saludas.
Ya que mencionas el futbol, yo tampoco soy excesivamente fútbolero pero mis hijas lo son y mucho, la mayor con 14 años hasta juega en un equipo femenino en Alcobendas, cerca de Madrid, con lo que me toca llevarla a entrenamientos y partidos.
Mencionas Barajas, que me pilla cerca, en un comentario, antes eso de sentarse al fresco se llevaba mucho por toda España, claro en el norte la temporada era más corta, yo lo he vivido aunque menos en los sesenta era un crío.

Un abrazo.

Un saludo.

Lorenzo "el Retronauta" dijo...

Bueno Paco, eran dos -televisores- en toda la calle, y hablo de finales de los '60 ya que yo soy del '59.
Pero si, los niños de hoy en día ya no saben jugar; o al menos, los juegos de hoy día ya no son los que eran antes...

Paco Muñoz dijo...

Amigo Lucas mira aquí:
Prostitutas de Córdoba
En los años el 2007 es el índice de entradas.

Un saludo

Paco Muñoz dijo...

Eduardo

De tu parte. A ver si te quitan de trabajar tus hijas.

Paco Muñoz dijo...

Lorenzo mejor era sin tantos televisores.