viernes, 22 de junio de 2012

LA CHOZA DEL COJO

La Choza del Cojo a la entrada de Córdoba. El anuncio en la pared es de Motocicletas MV

La Choza del Cojo está grabada en mi memoria de niño por las veces que me llevó mi padre a ella. Evidentemente no a la propia venta, si a sus alrededores, a unos llanos que tenía cerca, y un par de arroyos. El de Pedroches, muy importante, y el de la Huerta de los Lirios, afluente del primero. He puntualizado lo de “no a la propia venta”, porque por aquella época era “cabaret” o lo que ahora se llama “night club”, o cortijo de las “luces colorás”. Era el lugar de finalización de las juergas nocturnas, evidentemente de la incipiente burguesía o los llamados "señoritos".

Lugar donde estaba la Choza del Cojo, una amalgama de publicidad

Como la que se corrió un día el maestro Carreras con sus amigos, los que por habérsele caído una señora que llevaban en el coche de caballos, acabaron en la “higuerilla” por la denuncia de ésta. La caída fue de posaderas en una zona de gravilla -se estaba arreglando la carretera de Madrid en la zona de la Choza del Cojo-, quedándosele los glúteos bastante marcados con los guijarros. Hubo que emplear después la influencia del “ejército” para sacarlos de la misma. Mi tío Pepe que era militar, adornado con sus medallas -eso daba en aquel tiempo un cierto caché-, actuó e influenció en los municipales para que dejaran en libertad a su suegro y amigotes. 

La Choza del Cojo entrando a Córdoba, a la derecha la futura Avenida de Carlos III, a la izquierda la oficina de Turismo y la actual avenida de Libia

Platerito, aspirante a torero, hijo de Manuel Zurita, el tabernero del aguaducho del Pretorio, aburrido por el fracaso de abrirse paso en el difícil mundo de los toros, decidió dedicarse al negocio de la vida nocturna y alquiló la venta. De ahí dio el salto a la Primera de Cercadilla cuando comprobó lo lucrativo que es y ha sido siempre el negocio de la noche. La Choza del Cojo, la había regentado antes Paquita, un bailarín delicado, homosexual, que de acuerdo con el Pipo, apoderado de Manuel Benítez “El Cordobés”, pretendían sacar al torero de la plaza a hombros vestidos de frailes.

 Vista aérea del vuelo de 1956 con expresión de los lugares actuales

El Pipo, que era el Goebbels de los toros en aquel tiempo, había pensado en esa historieta, que no se llevó a cabo por un chivatazo que permitió a la policía abortarlo. Paquita, paradójicamente, acabó sus días en un convento de frailes donde murió. Muchos personajes de la vida nocturna frecuentaron la venta y su lista sería interminable. Citar a, Emilio Castro "Arango" o el "Negro", que a veces acababa allí alegrándole la vida a los señoritos con su guitarra. Futbolistas, cantaores, artistas, mujeres de las llamada de vida alegre, que de alegre no tenía su vida nada de nada. 

El puente visto desde el cauce del arroyo

Mención obligada en materia de nocturnidad y vida alegre, es citar la obra de Alfonso Gómez López “La Córdoba Golfa (1950/2000)”, dónde menciona a la Choza del Cojo en el siguiente párrafo.

“LA CHOZA DEL COJO. En la carretera de Madrid, tangencial al viejo camino de Rabanales, en la confluencia de las avenidas de Carlos III y la de Libia. Su estructura en ruinas aún se conserva ~eso que en 1862 ya se sabe de su existencia con ese nombre. Cuentan las crónicas que en ese año, con ocasión de la primera visita a Córdoba de la Reina Isabel 11, el domingo 14 de septiembre. Las autoridades locales recibieron en una lujosa tienda instalada para la ocasión a tan egregio personaje junto a la Choza del Cojo. 


El puente sobre el arroyo Pedroches, recién hecho.

También, e indistintamente con los nombres de Choza o Cueva del Cojo, es mencionada por Pío Baroja en su Feria de los Discretos. Hasta mediados los años setenta, la Choza del Cojo fue simultáneamente venta de carretera, taberna y mancebía. Un lugar muy pintoresco y entrañable para muchos cordobeses que entre sus paredes pasaron ratos de agradable evasión con los amigos o junto a una buena moza, saboreando unas botellitas de Montilla o Moriles y degustando un buen pollo de campo con sus patatitas fritas.”


Al fondo lo que fue la Choza del Cojo, a la derecha lo que fue la oficina de Turismo

Unos de los días que mi padre me llevó en la bicicleta a la venta, reitero a los llanos, presencié la habilidad de dos jóvenes manipulando con banderas de señales. Separados uno del otro en el llano estaban practicando el código. Nos acercamos a ellos y mi padre les preguntó sobre lo que hacían, amablemente nos indicaron con un papel lo que significaban las banderas. Era como un Morse visual. Según la postura de las mismas significaba una letra.

El puente sobre el arroyo Pedroches enterrado, vista desde el sur

A mi solo se me quedó la letra “ere”, que era con los brazos extendidos en cruz y las banderas -que eran cuadradas, mitad blanca y mitad roja en diagonal-, por aquello de la gravedad hacia abajo. Claro entonces no podías consultar Internet, si por el contrario se podía echar mano de la enciclopedia para comprobar lo que habíamos visto, cosa que hicimos al llegar a casa, con la Sopena. Allí en esos llanos se jugaba también al fútbol.
Código de banderas

En aquellos tiempos ir a la Choza del Cojo en bicicleta era una odisea personal. Era salir de la ciudad, cuyo término estaba prácticamente en Cañero, a partir de ahí, una carretera sombreada, con arboles blanqueados a ambos lados hasta la venta. A la pregunta de que para que era el blanqueo de los árboles, me decían que para que no se subieran las hormigas, y la realidad era para poderlos visualizar de noche. Y qué decir, si querías llegar al merendero de Rabanales, o a la recién construida Universidad Laboral, con su infranqueable cuesta, que obligaba a veces los ciclistas a engancharse a algún camión para que les ayudara a subirla. Eso ahora sería impensable, pero hay que comparar la velocidad de los camiones de antes.

Fotografía del derribo en 2006

En el año 2006, después de haber sido venta de arrieros, parada real, como nos cita Alfonso Gómez, haber perdido el esplendor nocturno, de haberse quedado como una isla entre carreteras, de ser sido oasis de publicidad -hasta se instaló en sus terrenos una enorme torre de publicidad, sin permiso que fue expedientada por el municipio, que aún está-, de  haber sido refugio de emigrantes, fue derribada por la Gerencia de Urbanismo.

Recién hecho el desvío para Carlos III

Para el mismo hubo que desalojar antes el campamento rumano, y derribado lo que quedaba de la venta que, como puede verse en las fotografías del Archivo Municipal, era considerable en cuanto a tamaño. Ahora es una amalgama de anuncios el espacio que ocupó la Choza del Cojo. Y a propósito, no he podido averiguar quién fue el Cojo, por más voluntad que le he puesto.

El desvío ya asfaltado

En las fotografías puede verse el edificio de la venta, y en el vértice de la NIV, dirección Córdoba y el recién construido acceso a la ciudad desde Madrid, ahora Avenida de Carlos III, un pequeño edificio de una planta, que fue después almacén de Flex, y que era una oficina de información turística. Era lo primero que veías si venias de Madrid en automóvil al entrar en Córdoba, a la derecha la Choza del Cojo y frente la oficina de información turística. Eran los años de mimo al turismo.

Casi en el puente del arroyo de Pedroches

En ese lugar comenzaba la actual Avenida de Carlos III, para la que se tuvo que construir un puente de tres ojos sobre el arroyo Pedroches, que ahora está enterrado y del que solo queda una barandal que atestigua donde estaba. La fotografía aérea de 1956, nos da una imagen de lo que era el lugar, rodeado de huertas por todos los puntos cardinales, y en la soledad de la salida de la ciudad.

A la izquierda la NIV (actual avenida de Libia), en el centro la Oficina de Turismo, 
a la derecha la avenida de Carlos III

Aclaración:

He recibido una petición de aclaración de un amigo para situar el lugar de la venta. Para el que no sea de esta ciudad, la Venta de la Choza del Cojo estaba a la entrada de la ciudad por la antigua NIV que ahora es la NIVa, en el cruce con la N432 Badajoz Granada, frente al centro comercial Carrefour Zahira, en la parte este de Córdoba, como puede verse en la fotografía de Google. Como dato a tener en cuenta en el mapa del Catastro figura una parcela de terreno de 202 m2, dentro de la propiedad del estado de los sistemas generales de carreteras (NIV, NIVa y N432) y Parque de Levante, que da la idea que el recinto de la venta tiene un propietario y continua registrada como tal en el registro catastral.

Vista aérea actual. Avd. de Libia (antigua NIV), Avd. de Carlos III,  
Centro comercial Carrefour Zahira, N432, y NIVa (Córdoba los Cansinos)

Detalle de la parcela de 202 m2, en el plano del Catastro

Fotografías del AMC y autor
Bibliografía citada y de la memoria.

13 comentarios :

Lucas Jurado Marín dijo...

Muy interesante Paco, estos aspectos de la evolución urbanística y cambios sociales son los más interesantes.

Paco Muñoz dijo...

Lucas, el problema personal sobre esos aspectos es haberlos vivido. Es señal de que el tiempo no pasa en balde.
Hay una cosa que me llama la atención, con menos población, una peor distribución, había más terreno cultivado, huertas, etc. Es verdad que no se forzaba la maquinaría de la producción, con transgénicos, y métodos de cultivo intensivos, pero es un contraste a tener en cuenta, eso sin irnos para el lado oeste de la ciudad dónde ha desaparecido el casi cien por cien del terreno cultivable, desde cientos de años, además de estrujado los acuíferos y contaminado.
Un saludo.

Lucas Jurado Marín dijo...

Totalmente de acuerdo contigo Paco. Ahora prima "el cemento" frente a "lo natural". A la vista está, la manía que hay últimamente en pavimentar todos los jardines, no saben el calor que despiden las losas de granito... en fin.

Paco Muñoz dijo...

Claro y lo "natural" daba de comer a la gente. El "cemento" no se come, aunque ha generado especulación a lo bestia.
Un abrazo

fus dijo...

Pero debemos entender una cosa Paco, la poblaciòn ha crecido y ahora se necesita muchos màs productos para el consumo. El progreso nos lleva a la superproducciòn, aunque de esta forma estamos martilleando los recursos naturales.

un abrazo

fus

Paco Muñoz dijo...

Es verdad Fus, es verdad, pero no a costa de un crecimiento caótico (yo no empleo la palabra anárquico porque la anarquía es algo serio y respetable) como le parece a cada uno sin planificación. En Córdoba han cuadrados de tierra de labor muy fértil de la vega del Guadalquivir, simplemente para satisfacer, en algunos su capricho de tener un "chalet" en el campo.
Saludos

Antonio José Castro dijo...

Muy buen aporte, muchas gracias Paco

Paco Muñoz dijo...

Muchas gracias Antonio José, es posible que esté algo desfasada ya que de la entrada hacen cuatro años, pero en líneas generales sigue vigente.
Un saludo

Juan Miranda dijo...

Buenas tardes Paco. Hombre la choza el cojo, para nosotros los mozalbetes de Cañero, era aquel lugar que olia a prohibición, a vicio, lugar de peregrinaje prohibido. Casi vecino mio habia un Policia Armado que decian las mala lenguas que negociaba con "mujeres de la vida". Tambien parecia ser que allí hacian negocio "los Bartolos" que eran una especie de capos en el hampa de la prostitución cordobesa, segun decian. En fin, me ha traido recuerdos próximos a nuestro barrio y ya lejanos en el tiempo.

Gracias Paco por tu aporte.

Salud y Republica.

Anónimo dijo...

Paco, como siempre te lo has currao. Yo también recuerdo haber ido de pequeño por la zona con mi tío Antonio. Sobre un cojín, encima del porta-canastos de su bicicleta recorríamos la zona en plan aventura. También les servía de carabina al susodicho y a mi tía en sus meriendas a la vera del arroyo de Pedroches, hilvanando con lo anterior se reía de mi liándome una piedra en un papel de platilla y me decía era chocolate. En fin eran los años cincuenta y la carencia de golosinas era palmaria. Lo siento, pero con los recuerdos pasa como con las cerezas que coges una y no puedes evitar que se enganchen otras.
Muchas gracias Paco

Carlos Marín dijo...

Paco, hace unos minutos publiqué un comentario y se me olvidó poner el nombre.

Paco Muñoz dijo...

Juan muchas gracias.

Para mí que vivía en la Judería, era lejísimos. Lo primero que me acuerdo era cuando me llevó mi padre en la bicicleta, que tenía un silloncito en la barra. Mi padre me ha llevado en bicicleta a Almodóvar, Cerro Muriano y Torres Cabrera, que se las trae. Ese día estuvimos en el llano que había delante de la carretera, yo no tenía conciencia de que era una casa de "trato" como decía mi madre. Había dos personas haciendo prácticas con banderas, de esas que usan de barco a barco, que luego busque en casa en un diccionario para ver su significado. Antes se pasaba por otra gran casa de lo mismo, otra venta, la de Rosales, iba a decir frente a los autobuses, pero aún no estaban allí las cocheras. Y si esa familia eran una institución en ese negocio, muchos años después de la historia, quise pretender a una chica muy guapa, pero me dijeron que era familia del calna y era peligroso acercarse a ellos, como uno no es un héroe y la atracción no era irresistible, desistí, pero era guapísima.
Salud y República Juan

Paco Muñoz dijo...

Carlos muchas gracias, en aquel entonces la bicicleta de la generación de nuestros mayores la suplió el seiscientos nuestro (yo tuve uno). Luego lo que cuentas de la carabina era muy habitual, yo no tenía hermanas mayores y nunca he ejercido, si lo hemos llevado de novios alguna vez, pero la realidad es que no tuvimos muchos impedimentos de novios. Muy graciosa la "tunantá" de la piedro liada en platilla. Me alegro haber colaborado en que le des una vuelta a tus recuerdos.
Un fuerte abrazo y las gracias a ti.