jueves, 5 de julio de 2012

VARIAS VIOLENCIAS Y DESAFUEROS DEL TRIBUNAL DE LA INQUISICIÓN.



Carcel de la Inquisición (Grabado de Guesdon)

Existen en el libro “Casos raros de Córdoba, 2ª Parte, Formada por los apéndices al primitivo manuscrito escritos por varias personas en diversos tiempos. Reunidos aquí por el cordobés Ángel María de Barcia y Pavón, Madrid 1906” muchas curiosidades de la vida en la ciudad en los siglos XVI y XVII. Este manuscrito se empezó a escribir en 1618, y el Obispo de Córdoba D. Pedro de Salazar y Góngora tenía el manuscrito original o cuando menos uno de los originales.

Este asunto que se trata aquí está numerado con el 44 de los muchos casos que contiene, y trata de los desmanes del Santo Oficio en nuestra ciudad y la competencia de este con el Cabildo.

Vista de lo que fue la fachada principal de la Cárcel de la Inquisición

“Aunque el Tribunal de la Inquisición ejercía una autoridad mista (SIC) de eclesiástica y real, espiritual y temporal, ambicioso siempre cometió en Córdoba muchos escándalos y desafueros de toda clase, y lo mismo debió suceder en las demás ciudades donde el Santo Oficio tenía Tribunal.

Después del violento y atentatorio suceso de la prisión del Provisor Pedro Fernández de Mansilla, promovió y cometió aquel Tribunal los escándalos siguientes:

En 1642 llega a tal grado de animosidad la competencia que suscitó el Tribunal  contra el Alcalde Mayor del Corregidor D. Jerónimo de Pueyo y Araciel, que por parte de éste y del Santo Oficio se previno gente armada, y se estuvo a punto darse una batalla campal, lo que se evitó por mediación del Obispo D. Fr. Domingo Pimentel, cuyos buenos oficios le pagaron los inquisidores promoviendo competencias con la jurisdicción eclesiástica, en causas de público amancebamientos. 

En casa de D. Luis de Bañuelos, Caballero Principal y Veinticuatro de Córdoba, usó el Tribunal de un procedimiento violento y tiránico, sacándole, no se con que motivo las colgaduras del coche y las mulas de tal modo que solo su mucha cordura y cristiandad pudo tolerar tamaño atrevimiento.

A.N. de Santacruz, Caballero Hijodalgo, Jurado del Ayuntamiento  muy bien emparentado, sin tener en consideración que tenía algo perturbada la cabeza, por haber tenido cierta contienda con un Secretario del Tribunal, le dieron cuatrocientos azotes con indignación de toda la ciudad y sin oírle sus defensas, ni tener consideración a sus honrados parientes y deudos.

Escudo de la Inquisición

Son los años de 1643 sucedió que yendo dos inquisidores en un coche al encender las luces, lo arrimó el cochero tanto a la pared que oprimió contar ella a D. Alonso Salinas, hijodalgo honrado, el cual viéndose en tal peligro le dio voces para que se detuviese, y no habiéndolo hecho le dijo indignado que era un majadero que lo iba a maltratar, y sin más motivo salieron los inquisidores del coche, y después de haberle dado muchos empellones lo metieron en el y se lo llevaron preso: con que dieron mucho que decir en Córdoba. Otras muchas violencias por este estilo cometió el Tribunal en fruteros, despenseros y otras gentes humildes.

Pero el suceso más escandaloso de estos tiempos fue el que ocurrió en la Catedral el domingo 4º de Cuaresma  de 1643, siendo Inquisidor D. Gaspar de Arredondo y D. Antonio Hurtado. Sucedió que el predicador Fr. Jerónimo de Pancorvo del Orden del Carmen, el primer domingo de Cuaresma de aquel mismo año por ignorancia o inconsideración dio al Tribunal el tratamiento de Señor solo o absolutamente, el cual únicamente se debe al Rey; por cuyo motivo se temía algún desorden. El indicado domingo 4º de Cuaresma que fue a 19 de marzo: y para prevenirlo el sábado llamándose a una Diputación del Cabildo con el Obispo, llamó éste que era el Sr. D. Fr. Domingo Pimentel al predicador P. Juan de Armenta de la Compañía de Jesús que tenía el sermón de aquel día, y le hizo leer las Cédulas de S. M. que tratan de las cortesías o venias y le preguntó si la haría como en ellas se mandaba, a lo que el P. Jesuita respondió con duda. Entonces el Obispo le mandó que si no había de cumplirlas que no predicase, y le suspendió para este día con censura falta; más este padre, aunque consultó letrados, que a el y a su comunidad aconsejaron que obedeciese, conminado por los Inquisidores, prefirió obedecer a estos más bien que al Obispo, y dos veces intentó predicar sin pedir la bendición al Preste, enviando a decir al Cabildo que no podía obedecer. El Presidente del Coro mandó que continuase la misa sin sermón, y la Inquisición intimó censuras a los que decían la misa para que no se levantasen de sus asientos hasta que se hubiese dicho el sermón, pero sin embargo continuó la misa; todo lo cual produjo en la iglesia el escándalo y desorden que se puede imaginar.

Una sesión del Tribunal

No cediendo la Inquisición y tratando todavía de impedir que continuase la misa, entró en el Coro el Secretario a ultimas sus mandatos con la espada; y porque le dijeron que se saliese de aquel sitio, la tuvo casi sacada de vaina. Viendo los Inquisidores que no habían podido impedir la misa, se levantaron de sus asientos, y salieron con sus bonetes  sin adorar al Santísimo, y reprendieron a los que de rodillas lo adoraban, diciéndoles que no estaba allí Jesucristo, por haber incurrido el Preste en las censuras al Tribunal, como sí, aunque esté excomulgado o degradado un sacerdote perdiese la facultad el Orden. Los Inquisidores multaron al Preste y al Presidente del Coro en 900 ducados, y habiendo un ministro del Tribunal procedido a sacarlos, no perdonó los vestidos ni los muebles de la mujer e hijos del Mayordomo del Cabildo, sin dejarles un banco donde sentarse, y habiendo hecho cargo al ministro de tal proceder, cuando estaba pronto a satisfacer la cantidad en pan o en dinero, respondió que no hacía aquello por los 900 ducados, sino por dar disgusto y pesadumbre. Todo esto hizo sin querer dar testimonio de lo que actuaba, ni hacer inventario de los bienes que se llevó.

Sobre este negocio recurrieron al Rey ambas partes, y tratando S. M. de terminarlo, se le puso en la cosa de que no se podía meter  en cosa de la Inquisición, y así lo resolvió que la causa sin limitación ni temperamento se remitiese a una Junta como se hizo. 

Es de presumir que no se procedería en el negocio con mucha imparcialidad por las intrigas y manejos  de los Inquisidores, cuando el Cabildo imprimió una carta que dirigió a todas las Catedrales de España, en que dando cuenta de lo ocurrido decía: que los Inquisidores habían usado la violencia que acostumbraban ambiciosos de estender (sic) su jurisdicción lo que probaba con varios hechos como nos referimos arriba y otros muchos.

Texto de Luis Maria de las Casas "La Inquisición en Córdoba" sobre el auto de la Corredera

El Tribunal vio esta carta, y debió sentir sobremanera verse tratado así de una Corporación tan respetable, lo que le hacía perder mucho entre las gentes, y arbitró la astucia de publicar edictos para recoger los ejemplares de la carta, diciendo que habiendo llegado a noticia del Tribunal que circulaba tal escrito, el cual no es a de creer fuese el Cabildo aunque llevara su nombre, por el respeto que siempre ha tenido al Santo Oficio, lo entregasen al visitante bajo penas muy rigurosas. Hasta este punto llegaba la intriga y la perversidad de los Inquisidores.

Sobre este asunto, dice en un papel D. Juan Bautista de Larrea, que era cosa de admiración que en circunstancias tan calamitosas como la guerra de Portugal y levantamiento de Cataluña, se ocupase la Inquisición de asuntos de tan poca importancia; como precedencias y cortesías, por lo que se le podía responder al Santo Oficio, lo que el Emperador Carlos 5º decretó en un memorial que sobre precedencias le entregaron dos señoras flamencas, que fue esto: “la más loca vaya delante”.

Que cada uno juzgue por su cuenta, pero que no varían en la historia los desmanes de los poderes ni  los choques de competencias entre estos.

Fotografías del autor y la Red
Bibliografía "Casos Raros ocurridos en al ciudad de Córdoba"

4 comentarios :

Eduardo de Vicente dijo...

A pesar de su gran poder demostrada aquí con sus muy duros maltratos físicos afloraba de vez en cuando en los ciudadanos ese carácter rebelde contra las injusticias..."con la iglesia hemos topado amigo Sancho".

Un abrazo.

Paco Muñoz dijo...

La realidad Eduardo que en este caso el problema era entre instituciones, no era el poder del Tribunal al pueblo llano o a los no creyentes, que es para quienes estaba creado. Entonces no era un simple problema de precedencias o un quitame esas pajas, era la vida, la tortura y el expolio lo que estaba entonces en juego.

fus dijo...

Leyendo este escrito, descubrimos que desde siempre las instituciones se han usurpado el poder, dependiendo del momento y de los propios intereses de cada una. Y eso lo tenemos en nuestros dias en nuestras propias polìticas centrales, autonòmicas y locales.

Como siempre cuanta historia se aprende en tus entradas. Enhorabuena.

un fuerte abrazo

fus

Paco Muñoz dijo...

Ese es el mensaje Fus, que no hay nada nuevo bajo el sol, que siempre con mirar a la historia se ve el presente y el futuro.
Un abrazo