domingo, 19 de agosto de 2012

LA PEQUEÑA SALAMANQUESA


El accidente

La pantalla de los cines de verano,  eran en el ídem., como “lo ‘cuadrao’, lo verde” del África de Gila, para las salamanquesas. Es un espectáculo verlas cazar los mosquitos con su carrera certera, que seguro significaba un bocado, un favor a los humanos. Ellas comen lo que a nosotros nos molesta. De vez en cuando por otra parte, estaba el habilidoso gato que desde una cornisa trataba de cazarlas, y   afortunadamente no podía, porque ellas con sus manos aventosadas corrían en vertical por la pantalla, y se paraban en los sitios más inverosímiles, alguna vez en la partes nobles de Jane o de Tarzán, lo que nos causaba una cierta complicidad y risas. Muchas veces sus "safaris" te hacían perder la principal escena. 

Tarentola mauritanica (Salamanquesa común de cine de verano)

Con la pérdida de los cines de verano –en Córdoba cada vez nos quedan menos, y los que quedan son gracias posiblemente al romanticismo de la empresa, o a no poder edificar en ellos- y las sofisticadas luces de las calles, hemos perdido casi totalmente a estos animales de porte prehistórico, más sufridos que las lagartijas, con unas leyendas urbanas graciosísimas. Ponen dos huevos cada seis meses, la incubación dura cuatro meses y pueden durar casi ocho años. Crecen muy lentamente y son inofensivas. Su nombre científico es Tarentola mauritanica. Son como pequeños caimanes, que de seguro serán sus primos de Zumosol. 

Una penetrante mirada y posición de acecho

Nosotros, en nuestra casa, en el balcón que también es bastante verde, un poco jungla, pero bien cuidada, tenemos alguna que otra viviendo. Nunca se las molesta, es más, difícilmente puedes cogerlas, y el riesgo es dejarlas rabonas, aunque tienen un mecanismo de regeneración de la cola perdida. Ojalá los humanos que pierden un miembro –me refiero a brazos o piernas, otros no son regenerables, vamos ni Moyano el Latonero- tuviesen ese mecanismo celular. Aunque la cola que les crece después es distinta de la primera, más lisa, sin rugosidades. En nuestra colonia particular hay, había, alguna adolescente.

Las ventosas

Esta mañana me lleve un pequeño disgusto, cuando fui a regar las macetas del balcón y me la encontré flotando, ahogada, en el cacharro que usamos para recoger el agua del aire acondicionado, y que ésta no caiga a la calle. Era la joven salamanquesa, de esas que luego de adultas decían los listos, y los menos listos, que si te escupían en la cabeza te quedabas calvo. Que yo sepa a mí no me escupió ninguna y tengo cada vez menos pelo. La dosis de mosquitos con la que contribuían diariamente a nuestro bienestar ahora nos atacará a nosotros. 

Al lado del azofaifo.

Se conoce que un descuido y su juventud ha sido la causa de su caída, pero lo que me extraña es que con esas ventosas de sus dedos no haya podido salirse del agua. Cierto es que me ha dado pena, era muy joven y tenía muchos mosquitos aún por comer. Nunca comprendí como algunas personas al verlas escupían. O como otras inmediatamente lo primero era querer matarlas. La puse en la maceta grande, donde está sembrada la semilla del azofaifo a ver qué pasa, también deseándole “que la tierra le sea leve” y su descomposición en elementos orgánicos sirva para algo. 

Fotografías del autor y de la Web
Bibliografía del accidente.