viernes, 6 de junio de 2014

LA CASILLA DE PEONES CAMINEROS DE VICTORIANO PORRAS, DE LA CUESTA DE LAS ERMITAS.

Fotograma de una película de la casilla de peones camineros

Representación de la casilla en ruinas

Los peones camineros eran el escalón inferior del mantenimiento de las carreteras. En algunos Reglamentos se denominaban "trozos" al número de metros de su responsabilidad, que normalmente eran de una legua, o en su defecto el que le marcaran. Él era el responsable de muchas cosas en y alrededor del trozo que le correspondía. Era la autoridad inmediata y en el Reglamento para la Organización y Servicio de Peones Camineros y Guardas de Paseo, del Ayuntamiento de Córdoba de 1864, podemos ver una serie de curiosidades relativas a estos empleos. Por ejemplo: era responsable de que no construyera nadie ilegalmente en un ámbito cercano al camino que mantenía.

Catastral de 1950 donde podemos ver la casilla y la fuente cercana al arroyo

En el camino de la Cuesta de las Ermitas o del Reventón, casi en la mitad del mismo, había una casilla de Peones Camineros. Yo recuerdo haberla visto habitada como en un sueño, derruida durante mucho tiempo, y ahora prácticamente desaparecida. Sólo quedan restos de los muros a ras del suelo, el pavimento de una de sus salas interiores, y los restos de un enorme algarrobo que tenía la casilla. A un nivel particular yo la llamaba la Casilla del Aire, confundiéndola con la verdadera finca de la zona de la Albaida, y le coloqué el nombre por el lugar donde estaba, luego descubrí mi equivocación.

Lo que queda de la casilla el pavimento de una de las habitaciones

Luego pasados muchos años cuando se derribó en ese mismo lugar erigieron el monumento a Antonio López. Es uno de los miradores más bonitos del camino.  He tenido que hacer una composición fotográfica, para que podemos hacernos una idea de la ubicación de la casilla, en ruinas. Estas casillas eran estándar, como puede verse en un plano adjunto. Todas tenían la misma estructura, son como las de los guarda agujas de la Renfe. 

Otra perspectiva

Un amigo, Antonio Lucena, ha tenido bien, primero en recordarme la existencia de la casilla que había olvidado, y segundo hablarme de los habitantes de la misma, que al final se relacionaron políticamente con su familia, y sobre todo tener la gentileza de autorizarme a dejar constancia de ello en el blog. Su abuelo y tío abuelo Paco eran los caseros de la Finca Melero Alto. 

Monolito de Antonio López

Los propietarios de la Finca Melero eran los mismos del castillo de Espejo y el bisabuelo de Antonio su mujer y cuatro hijos vinieron Espejo, de donde eran oriundos a hacerse cargo de la finca de guardeses. En el libro Castillos de España de Mercedes Valverde, figuran como últimos propietarios del castillo de Espejo, Ángela María Téllez-Girón y duque de Estrada Fernández de Córdoba, XVI Duquesa de Osuna, unos nombres en cinemascope.

Desde dentro de la derruida casilla

En una palabra y como me decía Antonio, Amador, Paco y sus hermanas heredaron el cargo y la servidumbre. Amador Lucena, abuelo de Antonio, era un hombre muy enamorado del entorno y gran conocedor del mismo, todos los alrededores y el cerro de la Ermitas, lo conocía al dedillo. Quedó en el lugar de su padre junto con su hermano Paco. Toda la familia trabajaba en la finca Melero Alto, Amador, Paco y sus dos hermanas. La finca tenía la casa de los propietarios y las de los guardeses o caseros, en este caso de la familia Lucena.

Plano estándar de las Casillas de Peones Camineros

Por otra, parte un par de kilómetros arriba, camino de las Ermitas, estaba la casilla de Victoriano Porras, que fue el cuidador de la Cuesta del Reventón como Peón Caminero. Paco Lucena, el hermano de Amador y tío abuelo de mi amigo Antonio, se enamoró de la hija de Valeriano, una chica pelirroja de buen ver y se casó con ella. Ambos se fueron a vivir también a Melero Alto. 

Catastral de Melero Alto

Pepa, la mujer de Amador, y abuela de Antonio enfermó, y la mujer de Paco, su cuñada, estimaba que la enfermedad de Pepa era contagiosa. Eso generó en la familia problemas, que al final para evitar mayores, obligaron a Amador a dejar la finca, con todo el dolor de su corazón y bajarse a Córdoba, con sus hermanas e hijos, quedando Paco y su mujer, la hija de Valeriano, al frente de la finca. Amador nunca más fue a ella, y murió en Córdoba. 

Vista aérea de Google de Melero Alto

Se da la circunstancia, que justifica su añoranza del lugar, que ya muy anciano lo sentaban sus hijos en un lugar desde el que pudiera ver los lugares que conocía; el cerro del pañuelo, el kilómetro tres, el albercón de la finca de los Dolores, aledaña de Melero Alto, la de Quitapesares, etc. lugares muchos de ellos posiblemente bautizados por los habitantes, y otros que eran los topónimos habituales, que encerraban muchas historias que lamentablemente no conoceremos.

Un algarrobo cargado de vainas

La vida de Victoriano Porras y su familia, en la casilla de los peones camineros era durísima, el agua la tenían que coger del arroyo cercano, donde había una fuente de poca agua, Victoriano construyó una pileta y aljibe para los tiempos de escasez, que eran muchos, ese arroyo se nutre de la fuente de los Pobres, y salvo en invierno tiene poco caudal. La casa -según recuerda Antonio- era a dos aguas con un salón y chimenea, dos o tres habitaciones patio y un corral detrás donde habían cerdos, conejos y gallinas. El algarrobo que queda es heredero del enorme que daba sombra a la casilla. 

La algarroba y el quilate (0,2 grs. peso de piedras preciosas)

Cuando Victoriano se jubiló, dejó de haber Peón Caminero en el "trozo" de su responsabilidad. Las herramientas; pala, azadón, pico y pisón (apisonadora de mano) quedaron colgadas y lo que no sabemos es qué fue de la mula, compañera de trabajo, que era propiedad del Ayuntamiento, seguramente pasaría a mejor vida. Al ser camino no había alquitrán como los peones de las carreteras. Su hijo Juan que era albañil, se quedó con la casilla, desde la que bajaba a trabajar diariamente y subía después, con lo necesario para la casa, todos los días en la clásica bicicleta de un solo piñón.

Y una higuera cargada

Los hijos recibían clases escolares de los religiosos de las Ermitas. Luego, el Ayuntamiento, decretó el derribo definitivo y ahí se acabó la historia de la casilla de Peones Camineros del "trozo" de la Cuesta de las Ermitas, y de la familia de Amador, uno de los caseros que fue de la finca Melero Alto. Otra curiosidad más de nuestra ciudad, en este caso del Camino de las Ermitas o del Reventón, que sabemos gracias a la colaboración generosa de Antonio Lucena.

La chapa representativa de los peones camineros




 

Un lector, José, ha tenido a bien comentar que en esa casilla vivieron durante 40 años, sus bisabuelos Justo Espinosa (Peón Caminero), y su esposa Casilda Aguilera, y que posiblemente fueron los anteriores habitantes de la misma a Victoriano Porras. 

Quede constancia de ello y nuestro homenaje también a esas personas que mantuvieron transitable el camino de las Ermitas.

Fotografías del autor 
Bibliografía de Antonio Lucena y Reglamentos.

6 comentarios :

PATXI GUERRIKABEITIA dijo...

Buenas noche, amigos. Paco, magnifico como siempre. Fue durante el Reinado de Carlos III cuando se decidió poner peones camineros. Las viviendas eran de 79.67 m2 con un jardín o huerto de 27,90 m2. Hay una ley de 1867 en las que se les prohíbe tajantemente a los peones camineros cobrar a los transeúntes por su ayuda; tampoco podían venderles comestibles o cualquier tipo de bebida. Muchas gracias, amigo.
P/S: En el trabajo has hecho reseña de algunos apellidos que llevo. Porras y Lucena. No sé si te sonará el nombre de Antonio Porras Lucena “El Porras” el torero de Espejo, pariente mío por partida doblé.

Paco Muñoz dijo...

Muchas gracias Patxi, En uno de los links al final está creo la ley a que te refieres, en la que vienen algunas curiosidades más. Era en ese tiempo la forma de mantener un sector de la vía. Yo recuerdo cuando iban (en las carreteras asfaltadas) con el alquitrán y reparaban el bache. Eso sería impensable ahora con las autovías. Claro este camino era terrizo, que en la temporada de lluvias quedaría para el arrastre. Si me suena el torero Patxi. Un abrazo.

vértice dijo...

Paco muy buena esta entrada, desconocía que en la cuesta del reventón hubiera existido una casilla de peones camineros.
Un saludo.

Paco Muñoz dijo...

Emilio y en la del Reventón no había casilla pero tenía un mantenedor, bueno habría que investigarlo que a lo mejor la había, en la de la Traición había unas ruinas en alto, que no se si eran de eso. Pero lo miraré. Un abrazo y muchas gracias.

Jóse dijo...

Hola, primero de todo darte la enhorabuena por la magnifica pagina y labor que haces....no he podido contenerme a la hora de hacerte un comentario al ver esta publicacion sobre la casilla de la cuesta de las ermitas, pues parte de mi familia tambien estuvo vinculada a ella, y por la que desde pequeño y aun suelo pasar....pues bien, según mi padre en ella vivieron cerca de 40 años, mi bisabuelo Justo Espinosa, que era peon caminero, y mi bisabuela Casilda Aguilera....supongo que debio ser el peon caminero que habia antes que el Sr.Valeriano....en fin son muchos los recuerdos de esa cuesta que me contaron mi padre y mi abuelo...un saludo..

Paco Muñoz dijo...

Muchas gracias José. Es muy importante la aportación que haces y la mención a tu bisabuelo Justo Espinosa y su esposa Casilda Aguilera. Ambos parece estuvieron viviendo en esa casilla antes que Valeriano. Mi respeto para esas personas y lo que sería una vida difícil, teniendo en cuenta que su labor era de mantenimiento del camino que ha quedado como patrimonio de los cordobeses.
Me he tomado la libertad de incluir al final tu testimonio, muchas gracias
Un abrazo