domingo, 28 de febrero de 2016

HISTORIAS TABERNARIAS "GONZÁLEZ Y GUZMÁN"


Hay un modesto pero gran libro, que se llama "Historias Tabernarias", que recopila los artículos que publicó Manuel Carreño en el periódico Córdoba en la década de los ochenta y noventa del siglo veinte, y que ha necesitado de la iniciativa de dos cordobeses, enamorados de su ciudad, Joaquín Montoro y Juan Galán, que se han encargado de su recopilación y aclaración de algunos errores y carencias que tenían las crónicas, con notas al margen, que muchas son verdaderas crónicas también, y que ha contado además con los dibujos de Ginés Liébana. Lo edita Ediciones EdiSur, S.L. para el que quiera tenerlo en papel como yo.

La "Justificación" de Juan Galán es un preludio de las pretensiones y que no han sido sino que no se perdieran estas crónicas, como no se perdieron las de Ricardo de Montis, que nos dejan una semblanza de nuestra ciudad desde la óptica de un escritor "tabernario", al que conocí en su etapa ya de declive. Hacen los recopiladores una semblanza de su vida y nos ponen en antecedentes.  

Manuel Carreño

"SEMBLANZA DEL AUTOR

No es pretensión de este libro el biografiar a su autor, algo por otro lado, bastante difícil por su carácter enigmático, sólo nos limitaremos a lo que consta en los registros oficiales y al rasgo mas destacable y público de su vida, su bohemia. Manuel Carreño Fuentes, nació en Córdoba el 9/6/1912, siendo sus padres Manuel Carreño Barrero y Magdalena Fuentes Navajas de 23 y 18 años, con domicilio en la calle Góngora, 46 (1), y falleció en Córdoba el 7/9/1992. Esta enterrado en el cementerio de S. Rafael, cuadro de S. Eloy n° 25.

Estudió químicas en Madrid donde residía en la famosa Residencia de Estudiantes. Allí conoció a Dalí, Picasso, García Lorca, etc. Llevó siempre una vida bohemia y enigmática. Fue químico y bueno, durante algunos años (1955/8) dio clase de bachiller superior en el Colegio La Salle, tal y como él nos cuenta en El Granito de oro, y algunas clases particulares. Pero la verdad es que lo que a él le iba era andurrear por las bibliotecas y sobre todo por las tabernas y a partir de esos años se dedica a la bohemia y solo vivía de los pequeños prestamos que pedía a sus muchos conocidos.

Gracias a él tenemos noticias del paso de García Lorca por Córdoba, ya que era su amigo y contacto en la ciudad y por supuesto de su amigo José María Alvariño. Deliberadamente hemos dejado fuera de este libro y de esta semblanza la multitud de "historias" que sobre el personaje se cuentan.
(1) Partida de Nacimiento"

Y una de sus historias



"GONZÁLEZ Y GUZMAN

La taberna de González, más tarde R. Guzmán, está situada en la calle José Zorrilla, detrás del Gran Teatro, González era platero y frente al mostrador tenía su saloncillo, donde tenía las botas de vino y su banco de trabajo. El tabernero-platero atendía al servicio y a su trabajo en las horas más tranquilas. Dada su proximidad al Teatro, y por la fama de sus buenos vinos, todos los artistas, cómicos, de ópera, de zarzuela, de varietés, acudían a este maravilloso recinto a degustar ambrosías.

Este señor tenía enmarcados en sus patios y reservados fotos dedicadas a los mejores artistas que pasaron en aquella época por el Gran Teatro. Allí acudían personas relevantes por su proximidad a la Audiencia Provincial: magistrados, abogados, procuradores y ordenanzas. Por cierto, que el portero de la Audiencia, se llamaba Obispo de apellido. Buen enófilo hacía visitas constantes. Y uno de los abogados que frecuentaba la taberna -entonces los vasos de vino o medios se llamaban de a 24, que el 24 no era la graduación alcohólica, sino el precio de 24 reales el cuartillo- hizo unos versos marcados en la entrada del Palacio de Justicia, que decía:

"A la entrada un cancerbero nombre de prelado antiguo caballero 24."

Más tarde esta taberna fue traspasada a Rafael Guzmán. Y allí seguía acudiendo lo más selecto de Córdoba. Había una peña intitulada Los Aviones, integrada por magníficos componentes, muchos universitarios, médicos, abogados, licenciados en las distintas ramas de ciencias y letras, empleados de banca y comercio y tipos de gracia e ingenio natural como era Miguel del Río y su comodín Ricardo Obrero, hijo de buena y acomodada familia, que no había hecho ni trabajado nada en su vida. Y le decía Miguel del Río: Ricardo, cuando te mueras te voy a poner el siguiente epitafio:

"Aquí siguen descansando los huesos de Ricardo Obrero."

Pero no hubo lugar, Miguel murió antes que Ricardo. Dios los habrá acogido, porque nunca hicieron mal a nadie."

Fotografías de Internet
Bibliografía de Historias Tabernarias, de Manuel Carreño, recopiladas por J. Montoro y J. Galán