sábado, 26 de julio de 2014

LA CASA DEL JUDIO

La Casa del Judío

La plaza de Jerónimo Páez, es un rincón de la ciudad que lo llevo muy dentro de mi memoria. Mi colegio estaba en Alta de Santa Ana, San Antonio de Padua, que regía D. Enrique Rodríguez Castro, mi maestro, a pesar de que lo fue sólo desde los seis a los nueve años, edad en la que dejé el colegio por el trabajo. Pero, todavía, algunas veces hago el número dos como él lo hacía muy particularmente, lo que significa que me acuerdo de mi maestro de vez en cuando. Eso sí, al final cuando me pegó con la correa -fue desde luego la primera vez-, por error, me marché del colegio diciéndole que era injusto el castigo. Después mantuve con la familia una relación buena de amistad. Corría el año 56 del siglo pasado.

Antigua de la Plaza de los Paraisos (Foto AMC)

Jugar entre los trozos de columnas que aún yacen tiradas en el jardín, procedentes, eso nos dijeron, del templo romano de Claudio Marcelo, y que a un arquitecto municipal le sedujo la idea de repartirlas por algunos jardines de la ciudad. O jugar en la Plaza de los Paraísos que, como puede verse en las fotografías del Archivo municipal, no tenía nada que ver con la actual, las casas que la componían eran normales de vecinos, una tienda de ultramarinos, una imprenta. Todo ello sin olvidar mi experiencia visual-sexual en la casa de Ceferino, la única de la escalera de Peramato, cuando su madrastra salió desnuda del baño al salón dónde estábamos.

Aérea de Google con expresion del teatro y el palacio

O la academia de la Casa de los Páez, el colegio nacional de niñas de la calle Julio Romero de Torres, el primero al que fue mi hermana Loli, y en el que estaba también un amor infantil de nueve años, y al que por causa de los celos le creé un disgusto escolar, por culpa de una lenguaraz compañera. Todo ello, hace que el entorno forme parte de mi almacén de la memoria que, cada vez y por la leyes de la genética, está más vacio de neuronas. El conjunto escolar hacía que el la Plaza de Jerónimo Páez, estuviera siempre llena de niños, niñas y menos niños, como los procedentes de la Academia.

Catastral

Pero me centraré en lo que todo el mundo conoce como La Casa del Judío. Una de las más fotografiadas por oriundos y foráneos, pero que en realidad es una imagen equivocada de la arquitectura y de la historia de la Plaza de los Paraísos, que lo es, hoy, de Elie J. Nahmias, cuyo mérito para tener una calle espero no fuera su dinero, sino la recuperación de un espacio que la piqueta podía, como otros haber dado cuenta de él. No he leído la exposición de los motivos desde luego. Otro decorado más de nuestra ciudad, un trampantojo histórico

Torre a cuatro aguas con celosías

Su graciosa torre a cuatro aguas, discreta como todo lo judío o musulmán, con sus celosías de la otra rama cristiana, del convento de clausura. Su enorme ciprés que no estaba, o por lo menos no lo recuerdo. Una fuente adosada que era puerta de carros. Un austero busto de autor de La Falsaria, nuestro paisano Lucano, al que los niños conocíamos más por el cine de verano de la calle de su mismo nombre, que por su obra. Los parquímetros de caballerías en las paredes, en un rombo y la obra más importante, una construcción neomudéjar, con una puerta tallada (procedente de un palacio toledano que no corrió la misma suerte que esta casa), donde están representados Fernando III (me niego a hacerlo Santo) y Pedro I el que si fue Cruel. Una vistosa reja encima de la puerta, y un no menos original postigo. 

Casa cochera adosada

Luego las puertas con dintel de viga vista, mucha cal, y bastante buganvillas, que le dan el toque floral. Todo ello completa la postal que se llevan en sus cámaras o "celulares", los extranjeros y oriundos, sin saber que la historia de la Córdoba misteriosa y hermosa, está fechada en los setenta del siglo XX. Sin olvidar eso si que estas casas formaban parte de las "casas altas" que regaló Fernando III, quitándoselo al musulmán que las disfrutaba, y que éste las había quitado al visigodo o edificado en el muladar que eran los restos del graderío suroeste del teatro romano, que ocupó el espacio desde el siglo I al III, hasta que posiblemente el terremoto de éste último siglo, y el abandono, lo convirtieron en calerín. Construido por el evergeta principal de la familia de los Marii, como dice el miliario de la calle Rey Heredia esquina Encarnación.

Ventana

Luego el Ducado de Medina Sidonia por la calle del Duque, actual Rey Heredia, o la casa del hijo bastardo fruto de los amores furtivos de Enrique II, en el 13 de esa calle. El entorno es muy rico en palacios, pero estos requieren un detallado y tranquilo relato por su importancia. Sí citaremos la casa que se adosa a la motivo de la entrada, por el Horno del Cristo,2. La historia de la Casa del Judío, con los aditamentos románticos y semileyenda son bastantes llamativos y dan para mucho más desde luego. 

Talla de Fernando III
Los propietarios actuales

En una visita de la rica familia Nahmías a Córdoba, formada por la esposa, Inna, rusa blanca, el judío sefardí, Elie, y la hija de ambos entonces (después fueron tres), que tuvo lugar en diciembre del año 1964 -sin mantener la fecha inamovible por aquello de la carencia neuronal-, parece ser que un cordobés estudiante, enamorado de su Córdoba, por amor a ella no por dinero, aquí lo de leyenda, les sirve de "ciceronne" -estamos en los sesenta- y los lleva por la judería y la Mezquita.  Una cosa similar me ocurrió a mí con unas parejas de colegas de radioafición israelitas, a los que le serví de guía, y con los que me entendía en mi macarrónico y técnico inglés, y sobre todo en el español sefardí de Rosa una de las chicas. Como es normal -me ha pasado casi siempre- estos visitantes ya nunca más se acuerdan de sus amigos o colegas cordobeses, sólo cuando los visitan. 

Pedro I el Cruel

Bueno el recorrido de la familia Nahmías les fascinó, como no podía ser de otra manera en nuestra ciudad, y decidieron tener casa en Córdoba. Más o menos lo mismo que nosotros cuando visitamos París en un viaje organizado en el 1995. Se marcharon a Madrid, donde seguro tenían también algún pisito, y una vez allí hablaron con el Director General de Bellas Artes que era amigo de Elie, D. Gratiniano Nieto, al que manifestaron su deseo de comprar una casa en nuestra ciudad. El Sr. Nieto se puso en contacto con D. Félix Hernández, arquitecto y conservador histórico, y Doña Ana María Vicent, directora por entonces del Museo Arqueológico. Estos buscaron y un par de semanas después le comunicaron que habían encontrado alguna que le podía interesar.

Llamador

Vuelta a Córdoba, ahora le enseñaron en primer lugar la que después ha sido el Hotel NH de las Plaza de las Bulas, pero está no gustó a Inna, su esposa. Entonces se dirigieron al Palacio del Duque de Medina Sidonia, o de los Armentas, o del hijo de Enrique II, Elie le dijo a D. Félix que le gustaba pero era necesario quitarle algunas cosas y poner otras. Decidió comprar el conjunto, que en el Catastro está  señalado con una superficie de 3826 m2, y fechado el año de su reconstrucción en 1970. La casa se reconstruyó entre D. Félix Hernández, un lujo que el mantenedor de la Mezquita y Medina Azahara actuara en ella, y otro arquitecto Rafael Manzano. El constructor fue Lara Troyano. Colaboraron en la obra importantes herreros, ceramistas, marmolistas, jardineros y carpinteros, como Moreno Anguita, sin olvidar el amigo de correrías de mi abuelo Rafael, el escayolista Mora.

Postigo

Se adosó a la propiedad la casa colindante de Horno del Cristo, 2, con portada renacentista y puerta de cocherón a la misma calle. Esta puerta del cocherón fue tapiada después de sufrir un robo en la casa, porque entraron los amantes de lo ajeno por ella. Se llevaron una tontería para el propietario pero se sintió muy  mal con su amada Córdoba, por culpa de unos cacos que mancillaron su casa. Y así está, tapiada, por lo que ya sabemos el motivo de una falsa puerta en esa fachada.  

Horno del Cristo esquina y puerta tapiada

El caso es que un judío sefardí, que se considera "español verdadero", como los moriscos o cualquier habitante o nacido en este solar, cuyos antepasados fueron expulsados por la monarquía reinante, vuelve a sus ancestros, rico y poderoso como los indianos que triunfan, salva un palacio de la posible piqueta destructiva, y crea un mito arquitectónico como es la Casa del Judío. Se da la paradoja que esto, he leido, le dijo, al propio monarca cuando recibió del Príncipe de Asturias el premio de la Concordia a las Comunidades Sefardíes: 

-Un antepasado me echa y un contemporáneo suyo me da un premio. Más o menos, sin literalidad.

Fuente y Plaza

Como estaba antes esta pared, una puerta y una fuente enmedio de la plaza(FotoAMC)

Luego suceden otras anécdotas curiosas, ellos habitan la casa esporádicamente, por temporadas. Tengo constancia del ofrecimiento a las instituciones para posibles recepciones ilustres, en alguna ocasión. Después, y como es natural, el Sr. Nahmías fallece en noviembre de 1994, esa es la única igualdad de los seres humanos, a pesar de las desigualdades, cada vez mayores, el nacimiento y el adiós, que no hasta luego, seguro. 

Rótulo de la Plaza

Se tienen conversaciones con su viuda la Sra. Inna, para crear un Centro de Estudios Hispano-Hebreos en la casa, cuestión que ve ella con bastante agrado. Pero a la hora de la verdad, uno de los hijos, haciendo gala del tópico espíritu negociador judío innato, que en el Mercader de Venecia lo dibuja perfectamente Shakespeare, rompe el principio de acuerdo y propone un alquiler de diez millones anuales, por un período verbal de cinco años sin opción de continuar. Los negociadores Sres. Mellado y Domínguez, se fueron con la pena de haber perdido para la ciudad un hermoso palacio.

Casa Horno del Cristo, 2

Cocherón tapiado

Fotografías del autor, dos de AMC.
Bibliografía de la Red.

8 comentarios :

ben dijo...

He leído,tu escrito sobre D.Tabique,a mí no me dejó
mucha huella,pero si que he recordado cosas y hechos de
esos momentos y me ha entristecido su final,como trabajador
y como persona.De la Casa del Judío muy buen trabajo.
Saludos.

RECOMENZAR dijo...

Tanto tiempo sin leerte desapareciste de la esfera bloguera
Muy interesante tu texto.
Cuanto uno mas viejo se vuelve mas lejos esta de su tierra
ese es mi caso
abrazos

Paco Muñoz dijo...

Ben, me alegro de leerte, era un maestro al uso, de la época, complicada para un maestro, después de los problemas sufridos por este colectivo. A mí si me dejó huella. Me enseñó lo esencial mi padre, leer y algo de aritmética, luego una "amiga" en la calle Badanillas, que solo ocupábamos el tiempo, no aprendí nada y un poco tiempo en San Eulogio, en el que solo te enseñaban a rezar, y a hacer flores de papel para la fachada de la Virgen de los faroles, y la verbena, pero el par de años que estuve con D. Enrique fue para mí importante, no compartía el método del castigo corporal, y cuando se equivocó conmigo me marché, no atendió a razones: ¡Cállese Carreras, cállese! Pero Carreras no se calló y se fue del colegio. Luego estaba su familia que me caía muy bien, y eran amigos de mi madre. Muchas gracias.

Paco Muñoz dijo...

Mucha, un placer leerte, no sé qué significa desaparecer de la esfera bloguera, no he parado de escribir, es verdad que con menos ímpetu, un poco diente de sierra la producción. Siento tu lamento de lejanía, y considero debe ser mala esa nostalgia. Como siempre son poesía profunda tus textos.

Un abrazo y muchas gracias.

PATXI GUERRIKABEITIA dijo...

Buenos días, amigos. Magnifico recorrido por la historia de nuestro pueblo. Muchos ineptos “maestros” pagan sus carencias culturales y educativas con los alumnos. No sé si será correcto, si no lo es lo quitas. Muchos de ellos eran unos auténticos fascistas hijos de puta. Bueno, a lo que iba. Me ha costado centrarme un poco, porque la mente me había llevado al palacio de los Villalones – por eso de la casa del Judío Avaro- pero ya estoy. Me ha gustado mucho la fotografía del cocherón tapiado. ¿Por qué me ha gustado? Porque tiene unas magnificas cantoneras. Un abrazo, y ahora, a por la lección de hoy.
¡Ah! Paco, no se dice menudo llamador tiene el tío. Se dice: ¡¡¡Menuda aldaba tiene el tío!!! Jajá

ben dijo...

Paco,mi mujer ha reconocido la fotografía,de la puerta
y la fuente antigua Y me dice que ella entraba mucho
porque estaba la carpintería de Valverde,de eso hace
muchooooos años.
Saludos

Paco Muñoz dijo...

Ben

Muchas gracias. Es muy interesante lo que dices, como sabes que estuve en San Antonio de Padua, algunos días me iba por ahí a mi casa para después bajar por encarnación. Otros días nos quedábamos jugando en la plaza al salir del colegio, recuerdo la imprenta y creo una tienda de ultramarinos, todo ello en la pared del nuevo arqueológico. Luego las casas de vecinos. Entonces la puerta donde está ahora la fuente adosada -antes estaba la fuente en el centro de la plaza- era la carpintería de Valverde, esa puerta daba a un patio, si nos pudiera decir tu mujer más cosas relativas a esa casa y al entorno sería estupendo para dejarlo escrito.

Muchas gracias.

Paco Muñoz dijo...

Gracias Patxi.

No, en esta ocasión era un buen maestro pero con una pedagogía de la época, sin embargo el colegio se mantenía como una isla en materia política, no se cumplían las directrices de la dictadura, sólo la religiosa con un rosario de trámite, los jueves por la tarde, pero me parece que lo aprovechaba en honor a su hermano fallecido joven al que invocaba al principio, y en la que los nenes decían un "artomovil" en lugar del clásico "ora pro nobis", mientras el maestro dormitaba el cocido en la sobremesa del verano.

La de los Villalones es la leyenda: ¡Qué se apaga la vela!

El tapiado de la cochera lo fue porque Córdoba (los cacos) habían mancillado su casa, esa fue la decepción no por lo robado, claro no sé si fue leyenda también, eso por lo menos es lo que dicen.

Y la aldaba y el aldabón, palabras árabes, lo que pasa es que como en todo le damos la connotación de atributos sexuales, y también estaba detrás de la puerta la "tranca", en masculino o femenino.

Un abrazo.